El sector energético comenzó el 2026 enfrentándose a una nueva oleada de incertidumbre que muchas veces complica la labor de los analistas, líderes empresariales, inversores y tomadores de decisiones en general.
En este contexto, Fatih Birol, director ejecutivo de la International Energy Agency (IEA), quien por estas horas se encuentra en Davos, publicó un artículo en el que señala cuáles son las 7 "certezas" en el mercado de la energía, actualmente dominado por la incertidumbre y la volatilidad.
“Los vaivenes geopolíticos están poniendo a prueba relaciones históricamente consolidadas y trastocando suposiciones arraigadas. El Índice de Incertidumbre Mundial, elaborado por economistas del FMI y la Universidad de Stanford, alcanzaron niveles sin precedentes en los últimos meses”, advirtió el directivo.
Y agregó: “Sin embargo, en estos tiempos de cambio, aún existen algunas tendencias importantes que podemos identificar con cierta confianza. A continuación, siete que pueden ayudarnos a mantener el rumbo".
- El mundo entró en la era de la electricidad. El petróleo y el gas seguirán utilizándose ampliamente durante muchos años, pero el uso de la electricidad está creciendo al doble de ritmo que la demanda energética general. Es el insumo energético clave para los sectores más dinámicos de la economía global, como la inteligencia artificial, los centros de datos y la fabricación de alta tecnología, y está aumentando su participación en sectores importantes como el transporte por carretera y la calefacción mediante tecnologías como los vehículos eléctricos y las bombas de calor. Ya hoy en día, más de la mitad de la inversión anual en el sector energético mundial se destina a la electricidad.
- Las energías renovables seguirán creciendo. A pesar de algunos obstáculos, en muchos países del mundo, las energías renovables satisfacen gran parte, si no la totalidad, de la creciente demanda de electricidad, a menudo porque son la opción más competitiva. La energía solar lidera el camino, ya que los países que impulsan cada vez más la demanda energética, como India, cuentan con un recurso solar de muy alta calidad, pero también hay otras tecnologías en juego, incluyendo nuevas tecnologías emergentes como la energía geotérmica de última generación.
- La energía nuclear está resurgiendo. Tras una serie de reveses en la década de 2010, la energía nuclear está en auge de nuevo, generando más electricidad que nunca el año pasado. Actualmente, se están construyendo más de 70 gigavatios de nueva capacidad nuclear, uno de los niveles más altos de los últimos 30 años. El aumento vertiginoso de la demanda de electricidad de los centros de datos significa que las empresas tecnológicas también están recurriendo a la energía nuclear, atraídas por su promesa de suministro eléctrico continuo y de bajas emisiones.
- Los riesgos para la seguridad energética se multiplican, especialmente para los minerales críticos. Los riesgos tradicionales que afectan la seguridad del suministro de petróleo y gas se acompañan ahora de vulnerabilidades en otras áreas, como la seguridad eléctrica, como lo demuestran los recientes apagones importantes en Chile y España, y los minerales críticos. Un solo país, China, es el principal refinador de 19 de los 20 minerales estratégicos relacionados con la energía, con una cuota de mercado promedio de alrededor del 70%. Más de la mitad de estos minerales estratégicos están sujetos a algún tipo de control de exportación. El aumento de los riesgos para la seguridad energética derivados del cambio climático también es una certeza, lo que intensifica la necesidad de que los sistemas energéticos sean más resilientes a los fenómenos meteorológicos extremos, así como a los ciberataques y otras actividades maliciosas dirigidas a infraestructuras críticas.
- Los Estados toman las riendas. A medida que la energía se eleva a un nivel de seguridad económica y nacional, los gobiernos intervienen cada vez más para influir en los resultados, en lugar de dejarlos en manos del mercado. Esto es visible en las cadenas de suministro de tecnología energética, especialmente para los minerales críticos, ya que los países buscan contrarrestar los riesgos asociados a la elevada cuota de mercado de China. El comercio de petróleo y gas también está cada vez más sujeto a consideraciones políticas y negociaciones entre gobiernos, o incluso a sanciones.
- Estamos cambiando a un mercado de compradores para combustibles y tecnologías clave. Los precios del petróleo ya se han visto sometidos a presión debido a la oferta relativamente abundante, y pronto ocurrirá lo mismo en los mercados de gas natural, a medida que la ola de nuevos proyectos de exportación de GNL comience a operar. También existe una amplia capacidad de fabricación de baterías, paneles solares y otras tecnologías. Estas tendencias pueden beneficiar a los importadores de combustible y tecnología, pero no deberían acomodarse: este período de abundancia y precios potencialmente más bajos podría llevar a una reducción de las inversiones en energía, con implicaciones para los años posteriores.
- Nuevos actores impulsan cada vez más las tendencias energéticas mundiales. El centro de gravedad de los mercados energéticos mundiales está cambiando a medida que un grupo de economías emergentes, lideradas por India y el Sudeste Asiático, a las que se suman países de Oriente Medio, América Latina y África, configuran cada vez más la dinámica del mercado energético. Están tomando el relevo de China, que representó más de la mitad del crecimiento de la demanda mundial de petróleo, gas y electricidad desde 2010. Dicho esto, ningún otro país por sí solo podrá replicar la extraordinaria trayectoria energética de China en las últimas décadas.
“En medio de la agitación actual, centrarse únicamente en las incertidumbres puede conducir a la indecisión y la parálisis”, señaló Birol.
Y concluyó: “Una actitud expectante en materia energética por parte de gobiernos, empresas e inversores corre el riesgo de acarrear problemas para el futuro, dada la sed mundial de energía y la continua necesidad de inversión. Aún existen algunas certezas en las que los responsables de la toma de decisiones pueden confiar: no las perdamos de vista al planificar el futuro”.