Juan Bosch, presidente de SAESA, conversó con Shale24 sobre la desregulación del mercado energético local, el actual impacto del contexto internacional y la volatilidad de los precios del petróleo y el gas.
Para el referente de uno de los principales traders energéticos locales, el rumbo general es muy positivo, pero aún es necesario seguir desmontando la maraña regulatoria heredada que, dictada al amparo de diversas “emergencias”, aún hoy "agregan costos transaccionales elevados y quitan transparencia al mercado del gas".
— ¿Cómo afecta al mercado local que el Estado haya decidido postergar la privatización de las importaciones de GNL? ¿Ves esto como una señal de "ruido" que podría complicar la previsibilidad de precios para el resto del año? ¿Cómo impacta en la confianza de los traders que esperaban una desregulación total del mercado de importación para este 2026?
— Me parece que no tiene un impacto negativo en el mercado, al contrario, creo que tiene un impacto positivo, porque la decisión del gobierno parece seguir igualmente la tendencia a transparentar los costos, que ya se logró bastante. La idea es que el GNL lo pague el que lo usa. Entonces, la cuestión está en cuando no alcanza el gas, cómo se traslada el costo al usuario que realmente esté obligado a tomarlo, y no tanto si lo importa ENARSA o Naturgy, por ejemplo. Al contrario, se percibía cierta preocupación entre industriales por temer que si el proveedor de GNL era, al mismo tiempo, su distribuidora; el incentivo a forzarlos a tomar GNL podría haber afectado la transparencia y competencia. De hecho, por esta misma cuestión es que el Marco Regulatorio del Gas prohibía que un productor o comercializador tuviera una distribuidora y viceversa. Así que la última decisión del gobierno no la veo como una señal negativa, sino como una señal positiva, creo que va a seguir impulsando un precio más transparente y más claro del gas natural. En años anteriores el industrial no tenía una visión tan nítida de cuál era el costo real de comprar gas en invierno.
— Con el actual superávit energético y la menor dependencia de importaciones de GNL, ¿cómo evalúa la resiliencia de Argentina frente a shocks internacionales como la reciente suba del TTF por las tensiones en el Estrecho de Ormuz?
— La resiliencia energética argentina, es clave. Es de agradecer que esta volatilidad de precios nos encuentra con los deberes hechos y una mayor fortaleza energética en general, y gasífera en particular. Para dimensionar la importancia de esto, basta mirar el año 2022. La guerra entre Rusia y Ucrania desatada ese año disparó los precios del GNL a valores máximos —casi u$s 30 MMbtu— y pegó de pleno en una Argentina deficitaria. Con un déficit en volumen de casi 2.000 MMm³ tuvimos un déficit económico gasífero de u$s 1.760 millones. El superávit energético y gasífero logrado en los últimos años nos permite estimar una importación mínima. Apenas el 10% de las importaciones de los años 2012 a 2015, y prácticamente la mitad que en 2023. El costo real dependerá de los precios invernales del TTF. Mirando los futuros publicados estos días, podemos estimar un costo que no pone en absoluto en cuestión el superávit energético.
— En un contexto de precios internacionales volátiles, ¿qué rol creés que debería jugar el Estado y qué rol deberían jugar los privados para maximizar el beneficio de nuestro superávit energético?
— El Estado debe fijar reglas claras, simples y estables en el tiempo que incentiven las inversiones y el desarrollo de mercados competitivos y transparentes. Eso es lo que permitió, en otros países, el desarrollo exponencial de sus reservas hidrocarburíferas. Y eso es lo que permitirá el desarrollo real de Vaca Muerta. El Congreso Nacional sancionó en 2024 la Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos. Esa ley, su reglamentación y diversas normas que se articulan con ella, generaron un ambiente adecuado para el desarrollo de inversiones privadas en un contexto competitivo.
— ¿En qué medida el RIMI puede potenciar la inversión y el desarrollo de proveedores locales en la cadena de valor del gas y la energía? ¿Qué mensaje le darías a las PyMEs y a los inversores del sector energético que hoy están evaluando proyectos en Argentina?
— Por lo que estudiamos, con el asesoramiento de expertos en la materia, el RIMI trae una enorme oportunidad para PyMES que se animen a invertir para lograr ampliar o hacer más eficientes los bienes y servicios que ofrecen, especialmente en el sector de energía, sea petróleo, gas o electricidad, donde hay un enorme atraso en inversiones y muchísimas ineficiencias por desplazar. No me animaría a dar consejos a terceros, pero sí puedo compartir que, desde nuestro lugar, estamos avanzando fuertemente en proyectos de desarrollos importantes para nuestra escala.
— Como fundador de varias empresas y con una mirada de largo plazo sobre el sector, ¿qué le falta todavía al marco regulatorio argentino para que el gas natural argentino se convierta en el verdadero “motor” que impulse el crecimiento sostenido del país?
— El sector energía será muy seguramente uno de los motores del crecimiento argentino. No el único, tampoco sé si el principal. El campo con su resiliente diversidad, la minería, la industria del conocimiento y tantos otros sectores económicos hacen y harán aportes muy importantes. El gas natural, dentro del mundo de la energía, puede hacer su aporte. Los enormes esfuerzos que grandes empresas llevan adelante para industrializarlo como GNL y exportarlo al mundo, en lo que serán probablemente los proyectos de infraestructura más grande que se han visto en la región, son clave. Además de esto, es destacable que el sector ya atrae capitales nacionales e internacionales. Tanto para producir gas —múltiples empresas—, como para distribuirlo —caso Metrogas— transformarlo en energía eléctrica, como para utilizarlo en la producción de fertilizantes —hay dos grandes proyectos presentándose al RIGI—. Es de esperar que surjan más proyectos de transformación del gas en productos de mayor valor agregados. Si algo falta, es seguir desmontando una maraña regulatoria que, dictada al amparo de diversas emergencias, aún hoy agregan costos transaccionales elevados y quitan transparencia al mercado de gas, incluso en algunos supuestos, afectando las normas de defensa de la competencia. En eso se está trabajando y confío en que habrá avances muy relevantes pronto.
— Finalmente, mirando hacia los próximos 5 años: ¿cuál es el escenario más optimista que ves para el sector energético argentino y qué condiciones tendrían que cumplirse para que se materialice?
— Personalmente, soy muy optimista con respecto al futuro del gas y la energía argentina. Pero más que imaginar escenarios, creo importante destacar que, para que nos vaya bien, hay que hacer las cosas bien. No tomar atajos. Ya conocemos el daño gigante que nos causan los atajos: u$s 30.000 millones despilfarrados en déficit energético deberían ser suficientemente dolorosos para apartarnos del facilismo. No alcanza con tener grandes condiciones para ser un gran deportista. Hay que entrenar, sacrificarse, pensar en equipo, postergar la recompensa, apostar al futuro. En una empresa y en el desarrollo de la energía del país, es lo mismo. Sólo tenemos un gran futuro por delante si hacemos las cosas bien. Contar con el recurso es una condición favorable, pero no es suficiente. Hay que respetar las reglas de juego, cumplir los contratos, apostar por el largo plazo y alejarnos de los atajos.