Aranceles a la UE: ultimátum de Trump, enojo por Groenlandia, el futuro del GNL y el petróleo estadounidense

Donald Trump difundió una serie de medidas comerciales dirigidas contra Dinamarca y varios países de la Unión Europea, junto con otros aliados. Qué impacto puede tener en las exportaciones de energía de Estados Unidos a la UE y el rol de la Argentina

por Julián Guarino

En julio de 2025, Trump anunció un acuerdo con la UE tras reunirse con la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen en Escocia

En un anuncio que fusiona elementos de diplomacia agresiva con intereses estratégicos de seguridad nacional, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump difundió una serie de medidas comerciales dirigidas contra Dinamarca y varios países de la Unión Europea, junto con otros aliados. 

Esta decisión, enmarcada en el contexto de la disputa por la adquisición de Groenlandia, representa un giro significativo en la política exterior estadounidense, con repercusiones que trascienden el ámbito bilateral y afectan otras lecturas globales.

El comunicado presidencial, emitido desde la cuenta oficial en la red social Truth, subraya la imposición de aranceles iniciales por parte de EE.UU. del 10% a partir del 1 de febrero de 2026, con un incremento previsto al 25% si no se alcanza un acuerdo para la venta de Groenlandia. 

Los países afectados incluyen a Dinamarca —propietario soberano del territorio—, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, el Reino Unido, Países Bajos y Finlandia. Trump justifica esta acción como una respuesta a décadas de subsidios implícitos por parte de Estados Unidos, argumentando que estas naciones han evitado remuneraciones adecuadas por la protección militar y estratégica proporcionada por Washington. En sus palabras, “es hora de que Dinamarca devuelva algo”, aludiendo a la importancia de Groenlandia para la paz mundial, dada su posición estratégica en el Ártico, codiciada, según Trump, por potencias como China y Rusia.

El posteo de Donald Trump

La guerra comercial y el (des)orden internacional

Desde una perspectiva económica, esta medida evoca los principios del proteccionismo que caracterizaron la primera administración Trump, pero con un matiz más explícitamente geopolítico. Los aranceles propuestos no solo impactarán las exportaciones europeas hacia Estados Unidos —en sectores clave como la manufactura, la tecnología y los bienes de consumo—, sino que también podrían desencadenar una escalada de represalias comerciales. 

Según estimaciones preliminares basadas en datos del Departamento de Comercio de EE.UU., el volumen de intercambio bilateral con estos países supera los 500.000 millones de dólares anuales, lo que implica un riesgo de disrupción en cadenas de suministro globales. Para Dinamarca, por ejemplo, las exportaciones a EE.UU. representan alrededor del 8% de su PIB, con énfasis en productos farmacéuticos y maquinaria; un arancel del 25% podría erosionar su competitividad y generar presiones inflacionarias internas.

Más allá de los números, el anuncio resalta la intersección entre seguridad nacional y economía. Trump menciona la necesidad de adquirir Groenlandia para contrarrestar influencias externas, e invoca -o algo cercano a eso- argumentos de defensa que incluyen el control de rutas marítimas árticas y recursos minerales estratégicos, como tierras raras esenciales para la transición energética. Esta visión está alineada con la doctrina de “América Primero”, pero plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de alianzas históricas como la OTAN.

El impacto en la OTAN y en el flujo de GNL a la UE

La consecuencia en la OTAN es particularmente grave. La alianza transatlántica, fundada en 1949 sobre el principio de defensa colectiva, enfrenta una tensión sin precedentes al ver a su principal miembro —Estados Unidos— imponer sanciones económicas a ocho de sus aliados por una disputa territorial que involucra directamente a Dinamarca, un socio fundador.

Líderes europeos han advertido que cualquier intento de adquisición forzada de Groenlandia podría significar el fin de la OTAN, ya debilitada por debates previos sobre gasto militar y la percepción de un EE.UU. menos comprometido. El despliegue reciente de tropas europeas en Groenlandia para ejercicios de defensa ártica —en respuesta a las presiones estadounidenses— subraya una fractura creciente: lo que debería ser cooperación contra amenazas comunes (como Rusia en el Ártico) se transforma en desconfianza mutua. Esta dinámica podría erosionar la credibilidad de la alianza, incentivar a miembros a buscar alternativas de seguridad y, en el peor escenario, debilitar la disuasión colectiva frente a adversarios globales.

Un elemento adicional de vulnerabilidad radica en el flujo de energía estadounidense hacia la Unión Europea, particularmente petróleo crudo y gas natural licuado (GNL). En 2024, las exportaciones de energía de EE.UU. a la UE alcanzaron una cifra cercana a los u$s80.000 millones, con el GNL representando una porción creciente —Estados Unidos suministró cerca del 45-60% del GNL importado por la UE en diferentes trimestres de 2025, consolidándose como el principal proveedor tras la reducción drástica de suministros rusos—. 

Las exportaciones de petróleo crudo de EE.UU. a Europa promediaron 1,93 millones de barriles diarios en 2024 (con crecimientos notables hacia Países Bajos, Alemania y el Reino Unido, y tendencias similares en 2025), representando valores anuales estimados en torno a 40-50 mil millones de dólares para el crudo (dependiendo de precios promedio de 65-70 USD/barril). 

Esta dependencia energética mutua —la UE como destino clave para el GNL y petróleo estadounidenses (con EE.UU. cubriendo hasta el 14-15% de las importaciones europeas de petróleo en 2025), y EE.UU. como proveedor estratégico post-Ucrania— hace que los aranceles propuestos sean un arma de doble filo. Cualquier escalada tarifaria sobre bienes europeos podría provocar represalias que afecten estas exportaciones energéticas estadounidenses, elevando costos para consumidores europeos (el GNL estadounidense ya es más caro que alternativas) y potencialmente reduciendo volúmenes, lo que agravaría la inseguridad energética en el Viejo Continente y golpearía ingresos de productores estadounidenses en Texas y Luisiana.

En el contexto global, esta iniciativa podría alterar dinámicas en mercados emergentes, incluyendo América Latina. Para Argentina, por instancia, un debilitamiento del euro frente al dólar —como consecuencia de tensiones transatlánticas— podría influir en los precios de commodities exportados a Europa, afectando balanzas comerciales ya vulnerables.

A la vez, la Argentina se presente ante la UE como un proveedor confiable de energía para los próximos tiempos. El alineamiento con los Estados Unidos y las oportunidades del GNL argentino a la UE aparecen como dos puntos que deben analizarse.