La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero por fuerzas estadounidenses y los interrogantes que se abren sobre la transición política en Venezuela despertaron mucha inquietud en los mercados energéticos globales.
Si bien existe un relativo consenso en que el país sudamericano cuenta con las mayores reservas probadas de crudo del mundo (alrededor de 303 mil millones de barriles), los principales analistas internacionales coinciden en un diagnóstico común: el impacto será limitado a corto plazo, la recuperación tomará años y dependerá de factores institucionales, legales y geopolíticos más que de un simple levantamiento de sanciones.
Javier Blas (Bloomberg)
Javier Blas, columnista jefe de energía en Bloomberg y coautor de “The World for Sale”, centró su análisis en el control geopolítico que Estados Unidos está ejerciendo sobre el crudo venezolano. En una columna en video publicada el 8 de enero, Blas describió la situación como la formación de un “imperio petrolero estadounidense” que se extiende desde Alaska hasta la Patagonia, con Washington actuando como intermediario de facto en las ventas de PDVSA.
Blas destaca que el Departamento de Energía de Estados Unidos comenzó a comercializar directamente parte del crudo venezolano y que la administración Trump busca usar los ingresos para forzar compras de bienes estadounidenses. Su visión es que este control reduce el riesgo de que el petróleo financiara regímenes hostiles (como antes con China e Irán), pero también limita la velocidad de cualquier repunte: las empresas privadas sólo entrarán si Washington garantiza seguridad jurídica. Pronostica precios del WTI estabilizándose por debajo de los u$s60 a medio plazo si Venezuela aporta 300-500 mil barriles por día adicionales en 2026.
Francisco Monaldi (Baker Institute, Rice University)
El venezolano Francisco Monaldi, director del Programa de Energía para América Latina en el Baker Institute, es posiblemente uno de los analistas con mayor conocimiento granular del sector petrolero venezolano. En los últimos días publicó un artículo en Substack titulado “Fixing the Venezuelan oil industry will take time, money, and—most importantly—institutional change”, además de participar en podcasts y comentar artículos del Financial Times y The Wall Street Journal.
Monaldi estima que para volver siquiera a los 2,5 ó 3 millones de barriles diarios (niveles de hace una década) Venezuela necesitaría más de 100 mil millones de dólares de inversión extranjera en la próxima década. Subraya tres barreras críticas:
- la destrucción de la capacidad institucional de PDVSA
- la necesidad de resolver disputas legales pendientes (como los más de 10 mil millones que reclama ConocoPhillips)
- la creación de un marco contractual atractivo y estable
Aunque Chevron está mejor posicionada para beneficiarse rápidamente (produce unos 150-200 mil bpd bajo licencia especial), Monaldi advierte que sin reformas profundas no habrá “victorias rápidas”. Ve oportunidades para refinadores estadounidenses de la Costa del Golfo, compatibles con el crudo pesado venezolano, pero insiste en que el flujo hacia China se reducirá gradualmente, no de golpe.
Artem Abramov (Rystad Energy)
Artem Abramov, Senior Partner y responsable de investigación en Oil & Gas en Rystad Energy, publicó un estudio en el que analiza el impacto de la situación venezolana en el mercado energético. “Es técnicamente posible reactivar la producción petrolera venezolana, pero estamos hablando de un horizonte de 15 años para que el suministro de crudo vuelva a los 3 millones de bpd si el nuevo ciclo de inversión comienza ahora”, advierte.
“Hablamos de una inversión estable de u$s10 mil millones por año hasta 2040 para alcanzar los 2 millones de bpd a principios de la próxima década y los 3 millones de bpd para 2040. Gran parte de esta inversión se destinaría únicamente a reparar los oleoductos y la infraestructura portuaria existentes al inicio del ciclo. Y se debería inyectar más de u$s30 mil millones de capital externo al inicio del ciclo para generar el impulso inicial”, señala.
Y concluye: “Podrían necesitarse precios del petróleo por encima de los u$s70 u u$s80 en la década de 2030 para alcanzar los 3 millones de barriles diarios. Con precios más bajos, un rango entre 2 y 2,5 millones de bpd es un techo más realista. En conclusión, la recuperación es posible, pero requiere paciencia, capital masivo y precios altos sostenidos, no una victoria fácil”.
Otras miradas
- Daniel Yergin, vicepresidente de S&P Global y autor de obras fundamentales como “The Prize” y “The New Map”, ofreció una perspectiva histórica y de largo plazo. En comentarios recientes, Yergin enfatizó que “mucho depende de la política y de quién esté efectivamente a cargo”. Reconoció el enorme potencial de las reservas venezolanas, pero advirtió que la producción cayó más del 75% desde su pico en los años 90 debido a subinversión, sanciones y mala gestión. Yergin comparó la situación actual con otros casos post-sanciones (Irán, Libia) y concluyó que la recuperación será mucho más lenta de lo esperado por infraestructura colapsada, talento técnico emigrado y necesidad de renegociar contratos. No espera un impacto significativo en los precios globales antes de 2028-2030, y advierte que cualquier aumento de producción venezolana sería absorbido por una demanda mundial que sigue creciendo, especialmente en Asia.
- John Kemp, analista senior de mercados en Reuters, adoptó un enfoque más cuantitativo y menos geopolítico. En publicaciones recientes, resaltó que las refinerías de la Costa del Golfo de Estados Unidos son los compradores naturales del crudo pesado venezolano, y que un retorno significativo de esos barriles podría presionar marginalmente los márgenes de refinación y los precios del diésel. Kemp observa que los fondos de cobertura adoptaron posiciones bajistas en el petróleo tras el anuncio de transición en Venezuela, reflejando la expectativa de mayor oferta futura. Sin embargo, coincide con el consenso en que el impacto global será mínimo: Venezuela representa menos del 1% de la producción mundial actual y su recuperación no alterará el actual equilibrio OPEP+shale.
- Helima Croft, jefa global de estrategia de commodities en RBC y exanalista de la CIA, es una de las voces más respetadas cuando se trata de la intersección entre petróleo y geopolítica. Su visión es marcadamente cautelosa. Aunque reconoce que un alivio total de sanciones y una transición ordenada podrían sumar varios cientos de miles de barriles diarios en 12 meses, insiste en que la infraestructura venezolana está tan deteriorada que requeriría inversiones anuales de unos 10 mil millones de dólares sólo para dejarla a punto. Croft destaca la falta de entusiasmo inmediato de las grandes petroleras: “Las majors no están ansiosas por correr riesgos políticos en un país con décadas de expropiaciones y corrupción”. Su conclusión: Venezuela no será un “game changer” en 2026 ni probablemente en 2027; el mercado global seguirá dominado por la OPEP+, el shale estadounidense y la demanda asiática.
- John Arnold, legendario trader energético y filántropo, mantiene un tono mucho más escépticoa ún. En tweets del 7 de enero, señaló que las acciones de Chevron cotizan por debajo de los niveles previos a la captura de Maduro, reflejando dudas del mercado sobre inversiones masivas de las majors. Arnold duda que las grandes petroleras estén dispuestas a arriesgar decenas de miles de millones sin garantías sólidas de estabilidad y retorno. Como efecto colateral positivo, menciona que la resolución política reduce el descuento de riesgo para las reservas de Guyana (fronteriza y en disputa con Venezuela), beneficiando a ExxonMobil y otros operadores en el bloque Stabroek.
En conclusión, los expertos coinciden en que Venezuela no provocará un shock de oferta inmediato ni una caída dramática de precios. El impacto más probable en 2026 será un aumento modesto (200-500 mil bpd), beneficios estratégicos para refinadores estadounidenses y un desvío de flujos desde China y Rusia. El verdadero potencial –volver a ser un productor top 5 mundial– depende de reformas institucionales más profundas, inversiones masivas y una transición política estable. Por ahora, el mercado petrolero global sigue mirando más a Riad, Texas y Pekín que a Caracas.