El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas volvió a votar el martes de esta semana, a puertas cerradas, sobre los siete aspirantes a suceder a António Guterres.
Fue el cuarto sondeo informal desde julio. Ninguno de esos sondeos tiene valor formal y el Consejo no publica los resultados, pero los números llegan a las misiones de los países que postulan a cada candidato y desde ahí circulan por vía diplomática.
Según pudo saber Shale24, Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), reunió 8 votos de "alentar", 7 de "desalentar" y ninguno "sin opinión".
Tiene los mismos apoyos que Carolyn Rodrigues-Birkett, representante permanente de Guyana ante la ONU, que sumó 6 desalientos y una "sin opinión". Arriba de los dos quedó Rebeca Grynspan, secretaria general en licencia de ONU Comercio y Desarrollo, con 10 apoyos y 3 rechazos.
Más atrás siguen Olara Otunnu, de Uganda, y Macky Sall, de Senegal, con 5 apoyos cada uno; María Fernanda Espinosa, postulada por Antigua y Barbuda, con 2; e Ivonne A-Baki, postulada por Tonga, con 1. La expresidenta de Chile Michelle Bachelet se bajó de la carrera después del tercer sondeo.
Tres apoyos en once días
Para Grossi, el resultado corta una caída. En el primer sondeo, del 30 de julio, había reunido 7 apoyos, 2 rechazos y 6 "sin opinión". En el segundo, del 21 de agosto, conservó los 7 apoyos, pero los rechazos subieron a 6. En el tercero, del 18 de septiembre, bajó a 5 apoyos contra 8 rechazos y terminó cuarto, detrás de Otunnu. El martes recuperó tres votos favorables y perdió uno en contra.
Entre la tercera y la cuarta ronda pasó la semana de alto nivel de la Asamblea General, cuando los candidatos multiplican las reuniones con las delegaciones en Nueva York. Once días alcanzaron para devolverle el lugar que había ocupado en julio y en agosto.
La otra columna de la serie cuenta una historia distinta. En julio, los seis "sin opinión" eran la mayor reserva de votos disponibles entre los tres punteros. En agosto quedaban dos, y en septiembre otros dos. El martes, ninguno. Los quince miembros del Consejo ya se pronunciaron sobre la candidatura de Grossi: ocho a favor y siete en contra.
Para que el Consejo recomiende un nombre a la Asamblea General hacen falta nueve votos afirmativos y ningún veto de los cinco miembros permanentes: Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia. Grynspan ya superó ese piso. A Grossi le falta un voto, y tendrá que salir de alguien que hoy lo desalienta, porque indecisos ya no le quedan.
Las rondas iniciales usan una boleta única para los quince miembros, de modo que el rechazo de una potencia con veto se ve igual que el de un miembro electo. En una etapa posterior el Consejo pasa a boletas de colores que separan las dos columnas, y ahí un solo desaliento de un miembro permanente equivale a un veto.
Viena, del otro lado
Grossi conduce el OIEA desde diciembre de 2019, y la Junta de Gobernadores lo reeligió para un segundo mandato que vence el 2 de diciembre de 2027. Es el único de los candidatos que sigue ejerciendo su cargo internacional mientras hace campaña. Si llega a la Secretaría General, que Guterres deja el 31 de diciembre, la vacante en Viena se abre once meses antes de lo previsto, y la sucesión se negocia en la Junta de Gobernadores, que la Argentina integra y donde el presidente de la Autoridad Regulatoria Nuclear actúa como su segundo representante.
El quinto sondeo va a mostrar si los tres votos de septiembre fueron un repunte o el comienzo de una tendencia. Cuando lleguen las boletas de colores, los siete desalientos van a dejar de ser un número y van a tener bandera.