La producción argentina de hidrocarburos cerró mayo con una marca que hasta hace poco parecía lejana: 1,88 millones de barriles equivalentes por día (boe/d), un volumen que roza los 2 millones cuando se suman el petróleo y el gas sobre una misma unidad de medida.
El número describe a una industria que, por primera vez, vio crecer sus dos motores al mismo tiempo, con el impulso de Vaca Muerta y con la capacidad de transporte para ambos segmentos en sus máximos.
Los 903.700 barriles diarios de crudo que registró la Secretaría de Energía de la Nación marcaron un récord y cruzaron por primera vez el umbral de los 900.000, con una suba del 19,6% frente al mismo mes de 2025.
El dato está ligado al avance de la explotación no convencional: el 69% del crudo nacional del mes provino de Vaca Muerta, la formación que concentra el grueso del crecimiento del país.
El registro pozo a pozo del Capítulo IV, que releva Shale24 de manera directa, arroja una cifra algo más conservadora sobre la misma base interanual: 892.235 barriles diarios, con Neuquén aportando 636.276 barriles diarios y un salto provincial del 35,8%, casi el doble de la tasa nacional.
La producción gasífera vuelve a escena
Durante el arranque de 2026, el gas había quedado a un costado de la historia: el crecimiento del primer bimestre estuvo mandado por el crudo, con un gas que apenas se movía. Mayo cambió ese pulso. La producción nacional llegó a 155,96 millones de metros cúbicos diarios, un alza del 5,6% respecto de los 147,68 millones de un año atrás.
En Neuquén el movimiento fue todavía más marcado, con un avance interanual del 12,5%, más del doble de la velocidad nacional, lo que elevó el peso de la cuenca en el gas argentino del 69,3% al 73,8%. Parte de ese salto responde a la estacionalidad -mayo abre la temporada de mayor demanda interna-, pero la comparación interanual, que descuenta ese efecto, muestra que la aceleración no es solo de temporada: es el mismo fenómeno de pozos altamente productivos que empuja al crudo, ahora visible también en la ventana gasífera de la formación.
Por qué importa la vara equivalente
Medir en barriles equivalentes no es un recurso contable: es lo que permite ver que el crecimiento argentino dejó de apoyarse en una sola pata. Cuando el crudo crecía y el gas no acompañaba, el total en boe subía por arrastre de un solo fluido. En mayo, con petróleo al 19,6% y gas al 5,6% de mejora interanual, la cifra consolidada avanza porque avanzan sus dos componentes. Es una diferencia estructural en la calidad del crecimiento, no solo en su magnitud.
Esa dualidad también anticipa dos frentes de exportación distintos: el crudo ya tiene su corredor en construcción, con salida prevista por el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) hacia el cambio de año, mientras que el gas mira al gas natural licuado (GNL) y a la infraestructura de licuefacción que todavía se está montando.
Con junio en plena temporada de alta demanda, la pregunta que queda abierta es si el sistema tiene margen para mover ese volumen creciente sin cuellos de botella. La producción, por ahora, va más rápido que los ductos. Y la vara equivalente, que hoy marca cerca de 2 millones, mide también esa carrera entre lo que la cuenca puede extraer y lo que el país puede sacar.