La madrugada del 3 de enero de 2026, Estados Unidos ejecutó una intervención militar en Venezuela, capturando al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, como anunció Donald Trump en Truth Social.
Con reservas probadas superiores a los 300 mil millones de barriles —las mayores del mundo—, Venezuela ha visto su producción colapsar en las últimas décadas. Analistas de Rystad Energy, Enverus y Wood Mackenzie evalúan escenarios que van desde disrupciones temporales hasta una posible recuperación masiva, en un contexto de mercados globales ya saturados.
A continuación, desglosamos las claves de la producción actual y los posibles impactos de esta "llegada" estadounidense:
Venezuela destaca por su vasto potencial petrolero, centrado en la Faja Petrolífera del Orinoco, donde se concentra el grueso de sus reservas extrapesadas. El crudo principal es el Merey 16, un blend pesado y ácido (alrededor de 16° API) que representa más del 67% de la producción, ideal para refinerías complejas en EE.UU., China e India.
Antes de la intervención, la producción rondaba entre 900.000 y 1,1 millones de barriles por día (b/d), según estimaciones de Rystad Energy y Wood Mackenzie, lejos del pico de 3 millones b/d en la era pre-sanciones.
En 2025, el output promedió unos 900.000 b/d, con exportaciones de alrededor de 500.000 b/d, principalmente a Asia.
Las causas del declive son multifactoriales:
- Sanciones estadounidenses: Impuestas desde 2017, han limitado el acceso a tecnología, diluyentes y mercados, reduciendo las exportaciones a la mitad en diciembre de 2025 debido a un bloqueo naval.
- Mala gestión interna: Bajo el régimen de Maduro, PDVSA —la estatal petrolera— sufrió corrupción, falta de mantenimiento y éxodo de talento, lo que "saqueó" la industria, según el secretario de Estado Marco Rubio.
- Dependencia de crudo pesado: El Merey requiere mezclas con crudos livianos para su transporte, complicando la logística en un contexto de escasez de diluyentes.
A pesar de un leve repunte en 2025 gracias a licencias como la de Chevron, la producción sigue marginal en el panorama global (menos del 1% de la oferta mundial), con impactos limitados en precios benchmarks como Brent o WTI.
¿Qué podría pasar ahora? Escenarios post-intervención
La captura de Maduro abre la puerta a un cambio de régimen pro-estadounidense, que podría revitalizar el sector. Analistas prevén una interrupción temporal —posiblemente una caída a 500.000 b/d a corto plazo— debido al bloqueo y la inestabilidad, exacerbando la inflación y la escasez de divisas en Venezuela, como advierte Reuters.
Sin embargo, el levantamiento de sanciones podría catalizar una recuperación rápida.
- Escenario optimista: Wood Mackenzie estima que, con inversiones modestas de US$15-20 mil millones en el Orinoco Belt y mejor gestión, la producción podría alcanzar 2 millones b/d en 1-2 años.
- Rystad Energy coincide, proyectando un rebote que inunde el mercado con crudo pesado, similar a Irak post-2003 o Libia post-2011, potencialmente bajando el WTI a $50/bbl en un glut global.
- Enverus destaca que esto beneficiaría refinerías estadounidenses dependientes de Merey, reduciendo la dependencia de importaciones canadienses o del Golfo.
- Riesgos: Una disrupción prolongada elevaría precios de crudo pesado temporalmente, afectando benchmarks como Dubai vs. Brent.
- No obstante, el impacto global sería modesto, dado la sobreoferta proyectado para 2026 (hasta 3,8 millones b/d extra, según la IEA).
- Venezuela, miembro de OPEP+ pero exenta de cuotas por sanciones, podría alterar la dinámica del cártel. La reunión del 4 de enero evaluará mantener cortes cerca de 3,24 millones b/d hasta finales de 2026.
- Una recuperación venezolana agregaría oferta no controlada, exacerbando la sobreoferta y forzando extensiones de recortes para defender precios, especialmente compitiendo con grados pesados de Arabia Saudita.