En un movimiento que redefine la postura de Estados Unidos en el escenario internacional, la administración del presidente Donald Trump anunció el retiro del país de 66 organizaciones, convenciones y tratados internacionales considerados “contrarios a los intereses estadounidenses”.
Esta decisión, formalizada a través de un memorando presidencial emitido el 7 de enero, impacta directamente sectores clave como la energía, la minería y la economía, potenciando un enfoque nacionalista que prioriza la soberanía sobre la cooperación global.
Las entidades afectadas: un listado exhaustivo en energía y minería
El retiro abarca 35 organizaciones no pertenecientes a la ONU y 31 vinculadas al sistema de Naciones Unidas. Entre ellas, destacan aquellas con correlato directo en energía (focalizadas en renovables, carbono y políticas energéticas globales), minería (regulación de recursos minerales y sostenibilidad) y aspectos económicos (comercio y desarrollo relacionados con estos sectores):
- 24/7 Carbon-Free Energy Compact: alianza para promover energía libre de carbono las 24 horas del día, clave en transiciones hacia renovables.
- International Energy Forum (IEF): plataforma de diálogo entre productores y consumidores de energía, incluyendo petróleo y gas.
- International Renewable Energy Agency (IRENA): agencia dedicada a la promoción de energías renovables a nivel global.
- International Solar Alliance (ISA): coalición para expandir el uso de energía solar, especialmente en países en desarrollo.
- Renewable Energy Policy Network for the 21st Century (REN21): red que analiza y promueve políticas de energías renovables.
- UN Energy: unidad de la ONU para coordinar esfuerzos energéticos sostenibles.
Estas salidas implican también el retiro efectivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC), que incluye el Acuerdo de París, un pilar para la regulación global de emisiones con fuerte impacto en políticas energéticas.
Entre las entidades relacionadas específicamente con la minería, se encuentran:
- Intergovernmental Forum on Mining, Minerals, Metals, and Sustainable Development (IGF): foro intergubernamental para prácticas sostenibles en minería, crucial para recursos como litio, cobalto y tierras raras usados en baterías y energías limpias.
- International Lead and Zinc Study Group (ILZSG): grupo de estudio sobre plomo y zinc, minerales con aplicaciones industriales y energéticas.
Estados Unidos también se retira de otras asociaciones con dimensiones económicas vinculadas a Energía y Minería:
- International Trade Centre (ITC): centro conjunto ONU-OMC para promover comercio, incluyendo exportaciones de commodities energéticos y minerales.
- UN Conference on Trade and Development (UNCTAD): conferencia de la ONU sobre comercio y desarrollo, que aborda cadenas de suministro globales de energía y minerales, influyendo en precios y accesos a mercados.
- International Tropical Timber Organization (ITTO): organización para el comercio sostenible de madera tropical, con enlaces económicos a bioenergía y deforestación.
- UN Collaborative Programme on Reducing Emissions from Deforestation and Forest Degradation in Developing Countries (REDD+): programa que monetiza la conservación forestal, con implicancias económicas en mercados de carbono relacionados con energía.
Además, entidades ambientales con nexos indirectos, como la Commission for Environmental Cooperation, la Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services (IPBES), la International Union for Conservation of Nature (IUCN), la Secretariat of the Pacific Regional Environment Programme (SPREP) y UN Oceans, afectan regulaciones que impactan económicamente en industrias extractivas y energéticas.
Consecuencias en el sector energético: hacia un aislamiento que favorece a los combustibles fósiles
La retirada de estas entidades representa un golpe significativo a los esfuerzos globales por una transición energética limpia. Sin participación en IRENA, ISA o REN21, Estados Unidos ahora pierde influencia en la definición de estándares renovables, lo que podría acelerar aún más su dependencia interna de petróleo y gas natural.
Analistas estiman que esto podría aumentar las emisiones estadounidenses en un 10-15% para 2030, socavando metas globales del Acuerdo de París, del cual Estados Unidos ya se había distanciado previamente.
Económicamente, empresas estadounidenses como Tesla o NextEra Energy podrían enfrentar barreras en mercados internacionales, donde competidores chinos y europeos dominan las cadenas de suministro de paneles solares y turbinas eólicas.
Por el contrario, la industria fósil –representada por ExxonMobil y Chevron– podría beneficiarse de menores regulaciones globales, potenciando exportaciones de GNL a Europa y Asia, con un potencial incremento en ingresos de hasta 50 mil millones de dólares anuales, según proyecciones conservadoras.
En términos geopolíticos, esta movida fortalece la narrativa de “America First”, pero deja un vacío que China podría llenar, consolidando su liderazgo en renovables y foros como el IEF.
Impacto en la minería: riesgos para la soberanía de recursos críticos
El retiro del IGF y el ILZSG debilita la cooperación internacional en minería sostenible, un sector vital para la transición energética. Minerales como el litio (para baterías) y el cobalto dependen de estándares globales para evitar conflictos éticos y ambientales.
Sin estos foros, Estados Unidos podría enfrentar múltiples disrupciones en su cadena de suministro, exacerbadas por su dependencia de importaciones de países como China. Económicamente, esto podría elevar costos para industrias como la automotriz eléctrica, con un impacto estimado en 20-30% de aumento en precios de componentes.
Sin embargo, defensores de la medida argumentan que liberaría a Estados Unidos de “regulaciones ideológicas”, permitiendo una explotación más agresiva de recursos domésticos, como en Alaska o Nevada, potenciando empleos en minería tradicional.
Repercusiones económicas más amplias: ahorros a corto plazo, pérdidas a largo
Desde el ángulo económico, la salida de ITC y UNCTAD podría tensionar relaciones comerciales, afectando acuerdos bilaterales en energía y minerales. La ONU estima que estos foros facilitan 1 billón de dólares anuales en comercio anual relacionado con commodities.
Estados Unidos ahorrará aproximadamente 500 millones de dólares en contribuciones anuales, pero perderá voz en negociaciones que moldean precios globales de petróleo, gas y metales. En un contexto de inflación persistente, esto podría estabilizar costos internos, pero arriesga posibles retaliaciones, como aranceles europeos a exportaciones estadounidenses de energía.
La Unión Europea y China condenaron la medida como un “retroceso al multilateralismo”, mientras que aliados como Arabia Saudita podrían ver oportunidades en foros energéticos sin Estados Unidos.
Conclusión: un giro hacia el nacionalismo con costos inciertos
Esta retirada marca un hito en la política exterior de Trump, priorizando intereses nacionales sobre compromisos globales. Si bien ofrece al país mayor autonomía en energía y minería, las consecuencias económicas –desde disrupciones en cadenas de suministro hasta pérdida de influencia– podrían superar los beneficios a mediano plazo.
En un mundo interconectado, y contrariamente a lo que podría pensarse, el aislamiento de Estados Unidos también podría acelerar aún la multipolaridad, con potencias emergentes redefiniendo las reglas del juego. El tiempo dirá si esta “gran cambio” fortalece o debilita la posición estadounidense en el tablero global.