Cuando el precio internacional del petróleo sube con fuerza, Argentina suele quedar atrapada entre dos fuerzas que se neutralizan: la mejora en los términos de intercambio y el encarecimiento de los combustibles internos. El conflicto desatado el 28 de febrero entre Estados Unidos, Israel e Irán reproduce esa tensión, pero con una diferencia que el Comité de Inversiones de Criteria considera estructural. Esta vez, el país tiene muchos más barriles para vender.
El Brent tocó los u$s 119,50 el 9 de marzo y acumula una suba superior al 50% en lo que va de 2026. En ese contexto, Vaca Muerta —que registró en enero un récord histórico de 882.200 barriles diarios, con un crecimiento del 35,5% interanual— convierte ese precio en divisas a una escala sin precedente en episodios anteriores de tensión geopolítica. "El shock actual encuentra a la Argentina en una posición distinta a la de crisis anteriores", sostuvo Gustavo Araujo, Head of Research de la firma, en declaraciones públicas durante la primera semana del conflicto.
El argumento de Criteria: precio más cantidad
La tesis central del informe es que la elasticidad de oferta del sector energético argentino cambió cualitativamente respecto de 2022, cuando la invasión rusa a Ucrania disparó el crudo y el país no pudo capitalizar el momento por limitaciones de infraestructura y volumen exportable. Hoy, la producción no convencional en Vaca Muerta registra ese umbral en cinco de los últimos seis meses, a partir de agosto de 2025, con producción por encima de los 4 millones de metros cúbicos — un piso que entre 1999 y mediados del año pasado solo se había cruzado una vez en toda la serie histórica.
El efecto, en el análisis de la gestora, opera en dos niveles simultáneos. Por un lado, el país captura el shock a través de un precio más alto por barril. Por el otro, lo hace mediante un volumen exportable que sigue en expansión. A eso se suma un factor coyuntural: antes del conflicto, el crudo argentino se comercializaba en el exterior con un descuento del 3% al 4% respecto al Brent. En un escenario de oferta global en riesgo, ese descuento tiende a reducirse o desaparecer. El saldo comercial energético y la generación de divisas mejorarían en forma simultánea.
En ese marco, el Comité de Inversiones mantiene una visión constructiva sobre la deuda soberana en dólares, apoyada en la continuidad del proceso de acumulación de reservas del Banco Central. La recomendación es extender la exposición a lo largo de la curva de ley local, combinando posiciones en AL30 con AE38.
El cierre que el mercado ejecutó antes que los ejércitos
Hay un elemento del conflicto que la cobertura generalista no está leyendo con la profundidad que merece. El Estrecho de Ormuz —por donde circula el 20% del suministro global de petróleo y un porcentaje similar de GNL— no fue cerrado por ningún decreto ni por ninguna operación militar explícita. Lo que ocurrió fue más silencioso: las reaseguradoras con sede en Londres retiraron cobertura en la zona, y los clubes de Protección e Indemnización (P&I Clubs) suspendieron sus pólizas de responsabilidad civil para buques en tránsito. Sin seguro válido, un petrolero no puede operar en ningún puerto relevante del sistema internacional.
Criteria denomina el fenómeno "cierre actuarial". No es una sanción ni una orden administrativa; es la lógica contractual del comercio marítimo global. El razonamiento de Araujo es preciso: cuando el costo del seguro pasa de ser una fracción razonable del valor del casco a convertirse en un porcentaje significativo, el tránsito deja de ser una decisión operativa y pasa a ser una apuesta financiera de alta volatilidad. En paralelo, la planta de licuefacción de QatarEnergy fue atacada por drones y más de 150 buques quedaron estancados detrás del estrecho. El gas TTF europeo —referencia para buena parte de Europa— subió cerca del 65% en una semana, con cotizaciones que no se registraban desde hace años.
Para Argentina, que tiene proyectos de exportación de GNL orientados a comenzar operaciones desde 2027, el reordenamiento de la oferta global de gas licuado no es un dato menor. La disrupción en Qatar abre espacio para proveedores alternativos con contratos de largo plazo. La formación no convencional neuquina empieza a aparecer en esa conversación.
La contracara: combustibles, núcleo y el dilema del programa
En este punto, el informe introduce la tensión que el gobierno deberá administrar. Los combustibles acumulan una suba promedio cercana al 7% en los surtidores del AMBA, sobre una base que ya venía con presión: desde el 1° de marzo, una actualización parcial de los impuestos al combustible líquido y al dióxido de carbono sumó otro 1,1% al precio en surtidor. La regla de mercado indica que cada u$s 10 de suba del Brent se traslada en alrededor de 4 puntos porcentuales al precio de la nafta local.
Sin embargo, la presión no llega solo por el lado de los combustibles. El Índice de Precios al Consumidor de la Ciudad de Buenos Aires para febrero arrojó 2,6% mensual, con una inflación núcleo de 3,1% — una aceleración de 0,9 puntos porcentuales respecto a enero. En la misma dirección, el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central, publicado el 6 de marzo, revisó al alza las proyecciones de inflación general en 0,5 puntos porcentuales. El dato del INDEC correspondiente a febrero se publicará el jueves 12; el mercado anticipa un rango de entre 2,5% y 3,0%.
Criteria no pone en duda el compromiso del gobierno con la desinflación como objetivo primario. Pero el informe señala que el shock externo llega en un momento en que los registros inflacionarios, si bien contenidos, muestran cierta tendencia al alza. En ese escenario, el ritmo de traslado del Brent a los surtidores se convierte en una variable de política económica con consecuencias directas sobre la meta del programa. Para el segmento conservador de cartera, el Comité recomienda la parte corta de la curva ajustada por CER — instrumentos como el X15Y6, el X29Y6 o el TZX26.
La pregunta de fondo
El informe no da por ganada la oportunidad. La distinción clave que traza Araujo es entre un shock transitorio —que mejoraría coyunturalmente los resultados empresariales y las expectativas— y un shock persistente, capaz de transformarse en una mejora estructural del frente externo si el nuevo nivel de precios se consolida. Esa distinción depende de una variable que ningún analista controla: la duración del conflicto.
Por ahora, el mercado leyó sus propias preferencias con claridad. Vista Energy, la operadora con mayor exposición al shale oil de exportación, subió cerca del 8,6% en la primera semana del conflicto. YPF, en cambio, cedió alrededor del 3,6%: los inversores descuentan el riesgo de que el gobierno no traslade la totalidad del aumento internacional a los precios locales, y la estructura de negocios de la compañía —con fuerte presencia en refinación y comercialización interna— amplifica esa lectura. La asimetría entre ambas cotizaciones resume, con la precisión que solo tienen los mercados, el dilema que el shock le plantea a la Argentina.