Marcos Bulgheroni, Group CEO de Pan American Energy (PAE), compartió el panel de cierre de la séptima edición del foro Democracia y Desarrollo con Horacio Marín, presidente y CEO de YPF.
Mientras Marín concentró su intervención en el financiamiento del proyecto de gas natural licuado (GNL), Bulgheroni desplegó una lectura de mercado más amplia, que fue de la crisis en Medio Oriente a cómo monetizar el gas argentino sin tratarlo como un commodity a granel. Estas son diez de sus definiciones.
1. El premio de Ormuz llegó para quedarse
Bulgheroni abrió con la magnitud de la disrupción. "El haber cerrado el estrecho de Ormuz en forma total es algo que no había pasado nunca, ni siquiera en el 72 con el embargo árabe", planteó, sobre un corredor que concentra cerca del 20% de los hidrocarburos del mundo. El salto de precios fue inmediato: "Eso hizo que el precio subiera de 60 dólares y se duplicara a 120 dólares por barril". La Agencia Internacional de Energía (AIE) describió el episodio como la mayor disrupción de oferta en la historia del mercado petrolero mundial. Para el ejecutivo, lo central no es el pico sino lo que persiste: un premio de riesgo permanente sobre todo flujo que cruce Ormuz, "que se va a traducir en mayores costos de aseguramiento y de transporte".
2. La energía volvió al centro de la escena
Bulgheroni dedicó un tramo a desactivar una idea instalada. "La teoría de que la digitalización, la tecnología y la inteligencia artificial iban a reemplazar a la energía hoy hay que verla con escepticismo", sostuvo. Su argumento es que, cuando se tensiona el sistema, la prioridad vuelve a lo físico. "Cuando las papas queman, cuando hay una crisis, el eje de las cosas que importan vuelve a ser la energía, vuelve a ser la infraestructura", afirmó, y enlazó esa idea con la diversificación del suministro como nueva obsesión de los compradores. La propia AIE advirtió que el daño a la infraestructura de licuefacción de Qatar demorará la próxima ola de oferta de GNL.
3. Los cuatro grandes productores de GNL, en problemas
El ejecutivo ubicó la oportunidad argentina en las grietas de los líderes. El mercado global de GNL se mueve hoy en torno a las 400 a 430 millones de toneladas anuales y, según su lectura, escalaría hacia las 650 millones de toneladas. Los tres mayores oferentes (Estados Unidos, Qatar y Australia) rondan cada uno el 20%, y Rusia aporta cerca del 8%. "Estos primeros cuatro productores van a tener problemas", anticipó. Detalló cada caso: el gas de Estados Unidos depende del Canal de Panamá ("un riesgo en términos de costo y geopolítico") y deberá competir por molécula con la demanda de gas de la inteligencia artificial; Qatar carga con su exposición geográfica; y a Rusia "las sanciones le limitan el financiamiento, le limitan la tecnología occidental, y los compradores europeos, que son los que pagan más, no van a estar ahí".
4. Las cuatro ventajas de la Argentina
Frente a ese cuadro, Bulgheroni enumeró las cartas locales. La primera es el recurso de Vaca Muerta, que considera competitivo en precio incluso contra el rival de referencia, Estados Unidos. La segunda es la geografía: "Estamos lejos del desorden geopolítico; no tenemos que pasar por Ormuz, ni por el Mar Rojo, ni por el Canal de Panamá", con acceso a los dos océanos. La tercera es el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI): "Cambió drásticamente la visión de los inversores; el acceso a las divisas es un elemento clave", junto con la estabilidad fiscal. La cuarta, más política, es presentarse como proveedor confiable de largo plazo en un mercado dislocado por las sanciones.
5. El "premio por estabilidad" y las tres millones de toneladas que SESA saca a licitación
Acá apareció una de las ideas fuertes del panel. Bulgheroni contó que, cuando el consorcio Southern Energy (SESA) que lidera PAE salió a vender dos millones de toneladas a Alemania, el comprador estatal aceptó pagar algo por encima del mercado para no quedar, en sus palabras, "como el jamón del sándwich entre Putin y Estados Unidos". El resultado, ironizó, convirtió a esos ejecutivos en "héroes nacionales". Sobre esa base, adelantó que el consorcio está licitando tres millones de toneladas adicionales apostando a capturar "una suerte de premio por ser estables". Su síntesis: la Argentina pasó a ser "la variable estable del mercado".
6. Vaca Muerta no salió "de un repollo"
Bulgheroni pidió mirar el camino recorrido antes de proyectar. "Esto no salió de un repollo, no es algo instantáneo", dijo, y recordó que Repsol perforó más de 60 pozos de derisking en la cuenca "para entender qué había en cada lugar", con YPF luego al frente del empuje. Su comparación más precisa fue temporal: "Hoy estamos en Vaca Muerta como estaba el shale en Estados Unidos en 2008", el punto previo a la curva exponencial de producción. El derisking, los sistemas de captación y los ductos troncales ya están, de modo que la consigna se volvió operativa: "Lo que tenemos que hacer como industria es pozo, pozo, pozo y pozo", más eficiencia.
7. El error de hablar solo de Vaca Muerta
El ejecutivo marcó una diferencia con la conversación dominante. "No le estamos haciendo un servicio a la industria si solo nos concentramos en Vaca Muerta", planteó, y trazó el paralelo: "Estados Unidos tiene una docena de cuencas no convencionales; en la Argentina tenemos tres más, como mínimo". Mencionó la Cuenca del Golfo San Jorge, la cuyana en Mendoza y la austral. PAE ya perforó allí, en soledad, sus primeros pozos de exploración no convencional, un proceso que Shale24 viene siguiendo en detalle. Bulgheroni no edulcoró el costo del aprendizaje: "Perforar un pozo de 30 millones de dólares que no sirve para nada, sirve de todas formas porque aprendiste".
8. "Yo no compito solo con YPF: compito con Shell y Exxon"
Lejos de reclamar protección, Bulgheroni reivindicó la competencia como motor. "Nosotros competimos todos los días. Yo no compito solo con YPF: compito con Shell, con Exxon, con GeoPark", enumeró, y lamentó la salida de Exxon de la cuenca como "una gran lástima". Su tesis es que más operadores benefician a todos, porque habilitan proyectos compartidos de captación, ductos e infraestructura y aceleran el aprendizaje. Trajo el modelo estadounidense de especialización por cuenca (Marcellus, Haynesville, Eagle Ford), donde conviven empresas dedicadas solo al gas con otras enfocadas en el crudo.
9. Por qué Brasil no salva al gas argentino
Fue el tramo más jerarquizado en números y el más a contracorriente. Bulgheroni desactivó la idea del mercado regional como salida de escala. "Brasil, si llueve, compra cero gas", graficó, por el peso de la hidroelectricidad en su matriz, lo que vuelve casi imposible firmar contratos a 20 años. Puso los volúmenes sobre la mesa: la Argentina produce unos 130 millones de metros cúbicos diarios de gas; Brasil ronda los 200; Chile consume cerca de 12 (más 3 a 4 del polo minero de Atacama); Bolivia podría tomar 10 cuando se le agote el gas propio; y Paraguay, otros 10 si se lo conecta. "Estamos hablando de rounding errors", resumió: el incremento regional total no supera unos 15 millones de metros cúbicos diarios, frente a los cerca de 100 millones de metros cúbicos diarios que demanda un proyecto de GNL de 18 a 20 millones de toneladas. La integración regional, en esa cuenta, no mueve la aguja.
10. El próximo capítulo es la industrialización, no el commodity
El cierre conceptual fue una tesis de valor. "El próximo capítulo no va a ser exportar commodities; va a ser la industrialización de todos esos recursos energéticos", afirmó. Dio dos ejemplos concretos de PAE. El primero, el coque de petróleo de la refinería de Campana: tras una inversión para llevarlo a especificación, dejó de venderse en el mercado interno (a Techint, para altos hornos) y hoy se exporta a China "para baterías". El segundo, el crudo Escalante, colocado durante seis o siete años entre compradores árabes como base de mezcla de fuel oil. Lo sintetizó así: "La Argentina no se puede dar el lujo, como en el agro, de vender a granel; hay que buscar los nichos, invertir y capturarlos".
Bulgheroni cerró con una defensa del horizonte largo que coincidió con Marín. En una industria donde un pozo se repaga "entre 7 y 15 años", advirtió, atarse al calendario electoral es la receta para no invertir. "Los privados son los que generan la riqueza, no el Estado", remató, en un panel que presentó a la energía argentina como una apuesta de largo plazo que ya empezó a ejecutarse.