Ernesto Díaz, vicepresidente para América Latina de Rystad Energy, conversó con Shale24 sobre el escenario energético para Argentina en el contexto del conflicto en Medio Oriente y la volatilidad de los precios del petróleo y el gas.
Para el referente de una de las consultoras independientes más influyentes del mundo, Argentina tiene asegurado el suministro de energía, en buena medida gracias a Vaca Muerta, pero los consumidores enfrentarán precios más altos a corto plazo debido a la logística y la importación de GNL. Las operadoras de Vaca Muerta que exportan se beneficiarán con mayores ingresos, lo que podría fomentar la reinversión y el desarrollo.
- ¿Cómo impacta la situación global en la seguridad energética de Argentina?
Por un lado, lo bueno para Argentina es que el suministro de energía en todas sus formas está asegurado, porque el país es productor neto de hidrocarburos (petróleo, gas, líquidos y, en buena medida, combustibles) además de electricidad. La seguridad energética en Argentina está asegurada, pero en el corto plazo va a ser más cara, todo será más caro. Los consumidores se verán afectados tanto en el precio de los combustibles como en el de los productos de consumo masivo, debido al incremento en los costos logísticos. También habrá un impacto en los precios del gas, por la importación de cargamentos de GNL que se pagarán probablemente dentro de tres meses, a valores cercanos a 20 dólares el millón de BTU.
- ¿Cuál es el impacto para los productores de Vaca Muerta?
En paralelo, hay un efecto positivo para los productores de Vaca Muerta: recibirán mayores ingresos. Y vale recordar que ningún productor que cotiza en bolsa paga dividendos, por lo que todo lo que ingresa se reinvierte en Vaca Muerta. Eso implica más producción, más empleo y más desarrollo. Es un beneficio que, en esta etapa, quedará concentrado en el sector energético.
- ¿Qué oportunidades y desafíos abre el mercado global de GNL para Argentina?
En el corto plazo, el GNL tiene un doble efecto para el país: negativo para los consumidores -porque este invierno habrá que importar volúmenes importantes a valores de entre 15 y 20 dólares el millón de BTU- pero positivo en términos estratégicos. La guerra abrió un enorme interés global en diversificar las fuentes de GNL, que son pocas, y ahí Argentina aparece como una opción mucho más atractiva que antes. Esto aumenta las probabilidades de avanzar este año en contratos offtaker y en el financiamiento de proyectos de exportación. A mediano plazo, cuando Argentina sea exportadora de GNL, el país también se beneficiará por esos ingresos. La seguridad energética pasó al primer plano global y Argentina, como productor de petróleo y con potencial para grandes proyectos de GNL, queda en una posición única.