Entrevista para Shale24

Ernesto Díaz, Rystad Energy: "El conflicto deja de ser un problema geopolítico lejano para convertirse en algo que afecta la vida cotidiana"

Así lo advirtió Ernesto Díaz, analista de Rystad Energy, por el encarecimiento del GNL y los combustibles si continúa la guerra en Medio Oriente. Los daños a la infraestructura energética elevan la incertidumbre y presionan los precios globales.

por David Mottura

Ernesto Díaz, vicepresidente para Latinoamérica de Rystad Energy

El conflicto en Medio Oriente cruzó esta semana una línea que los mercados energéticos no habían visto antes. Israel atacó instalaciones iraníes en el yacimiento de gas de South Pars, el mayor del mundo, compartido con Qatar, y la respuesta de Teherán fue directa: misiles sobre el complejo gasífero de Ras Laffan en Qatar, el principal centro de GNL del planeta, que confirmó daños extensos e incendios en sus instalaciones.

Ernesto Díaz, vicepresidente para América Latina de Rystad Energy, una de las consultoras de energía independientes más influyentes del mundo, evalúa en esta entrevista con Shale24 qué implica la escalada en Medio Oriente para el abastecimiento de combustibles, los contratos de GNL del invierno y los precios que pagarán los argentinos en los próximos meses.

- ¿El conflicto en Medio Oriente puede afectar el abastecimiento de combustibles en Argentina?

- No creo que el abastecimiento de naftas, diésel premium o fuel oil vaya a verse demasiado afectado, porque son volúmenes acotados. Argentina produce la mayor parte de lo que consume en sus propias refinerías, así que la dependencia de la importación es limitada. A menos que el precio del Brent se duplique o triplique -algo que no está descartado, en los valores actuales, por encima de los 100 dólares, no veo un problema de desabastecimiento. Sí van a subir los precios en las estaciones de servicio, pero el suministro no corre riesgo.

- En relación al GNL, Argentina necesita varios barcos cada invierno para cubrir los picos de demanda de gas. ¿Qué pasa con esos contratos en este contexto?

- El GNL es un caso distinto y más preocupante. No son muchos barcos, pero son necesarios al 100% para cubrir los picos de consumo de calefacción residencial e industrial en invierno. Y el precio ya está en el doble de lo que costaba antes de la guerra. Hay que distinguir dos tipos de riesgo: uno es el logístico, por ejemplo un cierre del Estrecho de Ormuz, que puede mitigarse con la presencia naval de Estados Unidos y sus aliados. El otro es el daño a infraestructura de producción, como el ataque a la planta de Ras Laffan en Qatar. Eso es mucho más grave: son volúmenes de oferta que salen del mercado y no hay manera de reponerlos rápido. No se resuelve con logística. En este escenario, creo que Enarsa debería hacerse cargo de la importación directamente para reducir costos. No veo riesgo de desabastecimiento, pero sí precios significativamente más altos para el GNL del invierno.

- ¿Cómo se traduce ese sobrecosto en las tarifas que van a pagar los argentinos?

- Esa es la gran pregunta. El sobrecosto respecto del año pasado -y de lo que proyectábamos antes del conflicto- es muy grande. Habrá que ver si el gobierno lo absorbe con subsidios, si se traslada a los consumidores en las tarifas de invierno, o alguna combinación de ambas. La decisión tiene un impacto directo en el bolsillo de la gente y en las cuentas públicas, y todavía no está definida.

- Más allá del invierno, ¿hay riesgo de un deterioro estructural más profundo si el conflicto se prolonga?

- Ya no hablamos solo de logística: los ataques apuntan a infraestructura de transporte, procesamiento y producción de campos de petróleo y gas. Ese tipo de daño no se repara en el corto ni mediano plazo. Requiere inversiones enormes y tiempo, y en ese horizonte es prácticamente irreversible. Cada semana que pasa se agrega incertidumbre y volatilidad, y eso se traduce en primas más altas y precios más caros. Estamos hablando de combustibles, GLP, crudo, gas y GNL que podrían duplicar o triplicar sus valores previos a la guerra. Y las consecuencias llegan a la mesa de todos: el gas es insumo de la urea, la urea va al campo, y el campo produce los alimentos. Los combustibles mueven el transporte, y el transporte encarece todo lo que consumimos. Pasajes de avión, productos básicos, servicios: todo más caro. El conflicto está dejando de ser un problema geopolítico lejano para convertirse en algo que afecta la vida cotidiana de la gente en todo el mundo.