En el panorama energético internacional de enero de 2026, se adivinan con claridad dos ejes principales que condicionan las perspectivas económicas de Argentina y que parecen haber llegado para quedarse.
Por un lado, la evolución de los precios del petróleo, marcada por una presión bajista y las maniobras de Estados Unidos para consolidar su influencia en el mercado a través de acuerdos con Venezuela. Por el otro, el reciente acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, que abre oportunidades significativas en energía y minería. Ambos vectores interactúan con activos clave como Vaca Muerta y el Gas Natural Licuado (GNL) argentino, configurando un escenario de resiliencia y diversificación para el país.
El mercado petrolero enfrenta un 2026 con perspectivas de precios moderados a la baja. Analistas como Goldman Sachs, JP Morgan y la EIA proyectan que el precio del barril de la variedad Brent promediará entre 55 y 60 dólares, mientras que el WTI (que se utiliza de referencia en nuestra región) se movería en torno a los 50-56 dólares, influido por un exceso de oferta global estimado en hasta 3 millones de barriles diarios en el primer semestre. Esta dinámica se ve agravada por el aumento de los stocks o inventarios y la persistencia de flujos de producción en varios productores.
En este contexto, la administración Trump avanza con determinación en su estrategia para “reordenar” el mercado hemisférico. El presidente Trump ha impulsado la posibilidad de acuerdos -hoy todavía son negociaciones- con grandes petroleras estadounidenses (ExxonMobil, Chevron y otras) en la reconstrucción del sector energético venezolano, bajo la premisa de "Make Venezuela an Oil Giant Again". El plan incluye:
- EE.UU. toma control de la venta de petróleo venezolano "indefinidamente" o por tiempo prolongado: acuerdo inicial para recibir y vender 30 a 50 millones de barriles de crudo sancionado a precios de mercado. Los ingresos se gestionan desde Washington (primero para pagar deudas o transición, y supuestamente beneficiar a Venezuela y EE.UU.).
- Se invita (y presiona) a gigantes como ExxonMobil, Chevron, ConocoPhillips, Continental Resources y otros a invertir decenas o cientos de miles de millones de dólares (Trump mencionó al menos $100 mil millones) para reparar infraestructura deteriorada, modernizar campos (especialmente la Faja del Orinoco), importar diluyente ligero y tecnología estadounidense.
- Se promete "seguridad total" por parte de EE.UU. (presencia naval/militar offshore, garantías contra riesgos).
- El objetivo es aumentar la producción rápidamente (de cerca de 800.000 bpd actuales a niveles mucho más altos) y cortar el acceso de Rusia, China e Irán al petróleo venezolano.
El ascenso de Vaca Muerta, un shale play de clase mundial
Como se dijo, aunque las petroleras muestran cierta reticencia por el deterioro de la infraestructura de PDVSA y los riesgos políticos, el enfoque busca mitigar la sobreoferta global mediante un flujo controlado desde Venezuela, cuyo crudo pesado difiere del liviano shale.
Desde una perspectiva técnica, esta coyuntura tiene un impacto limitado y diferenciado en Argentina. Vaca Muerta opera con shale oil y gas (no convencional), una producción que se caracteriza por ciclos de tiempo corto: los pozos alcanzan su pico en los primeros meses y declinan rápidamente (en menos de dos años), lo que requiere perforaciones continuas pero permite una alta elasticidad ante variaciones de precios. A diferencia del convencional —donde las inversiones iniciales son altas y la producción se sostiene con menor capital adicional durante años—, el shale argentino mantiene rentabilidad en rangos de 50-60 dólares por barril gracias a costos competitivos y menor exposición a inversiones hundidas prolongadas.
Esta flexibilidad mitiga el riesgo de una mayor oferta venezolana, ya que el crudo pesado de la Faja del Orinoco no compite directamente con el liviano de Vaca Muerta, demandado por refinerías globales. Los analistas de Rystad, Enverus y Wood MacKenzie coinciden en que con reservas que posicionan al país entre los líderes mundiales en shale, el desarrollo puede continuar escalando hacia exportaciones récord en los próximos años, siempre que se preserve un marco regulatorio estable.
El eje europeo: UE-Mercosur y las ventanas para energía y minería
En contrapartida, el acuerdo UE-Mercosur —aprobado recientemente tras décadas de negociaciones— representa un factor diversificador y de largo plazo. El pacto elimina o reduce aranceles en maquinaria pesada, productos químicos y otros insumos clave para el upstream, facilitando la adopción de tecnologías avanzadas en Vaca Muerta y atrayendo inversiones europeas con mayor seguridad jurídica. Además, promueve cooperación en sostenibilidad, como captura de carbono y certificaciones para "gas verde", alineadas con la transición energética del Viejo Continente.
Un pilar destacado es el impulso al GNL argentino. El consorcio Southern Energy (integrado por PAE, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG) viene de firmar un acuerdo histórico con SEFE Securing Energy for Europe (la energética estatal alemana) para suministrar 2 millones de toneladas anuales de GNL durante ocho años, a partir de fines de 2027.
Esta operación —la mayor exportación de GNL en la historia argentina— podría superar los 7.000 millones de dólares en valor total y posiciona al país como proveedor estable para la diversificación energética europea, sustituyendo fuentes inestables. El proyecto requiere inversiones superiores a 15.000 millones de dólares en la cadena completa, incluyendo la unidad flotante Hilli Episeyo trasladada a la Patagonia, y fortalece la integración de Vaca Muerta al mercado global. A este desarrollo hay que sumarle la segunda fase del proyecto Argentina LNG conformado por YPF, Eni y Adnoc, como también el recientemente anunciado LNG del Plata, de la firma Camuzzi.
En minería, el acuerdo facilita el procesamiento local de minerales críticos (cobre, litio, níquel) para baterías y transición verde, eliminando barreras y atrayendo capital a un mercado de 780 millones de consumidores.
Estos dos ejes reflejan un mundo energético multipolar: la influencia estadounidense en el petróleo convencional coexiste con la apertura europea hacia fuentes diversificadas y sostenibles. Para Argentina, Vaca Muerta demuestra resiliencia gracias a su modelo shale, capaz de navegar precios estables o moderados, mientras el acuerdo UE-Mercosur amplía horizontes en GNL y minería, reduciendo dependencias y atrayendo flujos de capital. Los desafíos persisten —cumplir estándares ambientales, mantener estabilidad regulatoria y gestionar volatilidades globales—, pero el panorama proyecta al país como un actor relevante en la transición energética, fortaleciendo su soberanía y potencial exportador en un contexto de oportunidades estratégicas.