La frase que va a definir este CERAWeek no vino de un funcionario estadounidense ni de un analista de Wall Street. Vino de Abu Dabi.
«Veintiún millas de ancho. Veinte millones de barriles por día. Casi una quinta parte del petróleo y el gas mundial», dijo Sultan Ahmed Al Jaber, CEO de ADNOC y ministro de Industria y Tecnología Avanzada de los Emiratos Árabes Unidos, en su intervención virtual ante la conferencia. «La seguridad energética no es solo un eslogan. Es la diferencia entre tener luz o no tenerla.»
Y luego profundizó su argumento: «Militarizar el Estrecho de Hormuz no es un acto de agresión contra una nación. Es terrorismo económico contra todas las naciones. Y ningún país debería poder tener a Hormuz como rehén.»
Al Jaber participó en forma virtual — su presencia física, imposible dado lo que ADNOC enfrentó sobre el terreno. «En ADNOC sufrimos golpes que ninguna empresa civil, y menos una dedicada a abastecer de energía al mundo, debería tener que soportar jamás», dijo. «Seguiremos defendiendo nuestra nación y nuestra forma de vida. Esta experiencia no ha hecho más que reforzar nuestro modelo de progreso pragmático, anclado en el realismo y no en la ideología.»
Cerró con una convocatoria que no dejó lugar a la neutralidad: «Pueden elegir ser arquitectos de la estabilidad o espectadores de la volatilidad.»
Las sillas vacías: el dato que explica todo
La participación virtual de Al Jaber fue, en sí misma, un dato. Pero la señal más elocuente sobre la gravedad de la crisis no estuvo en lo que se dijo en Houston, sino en quiénes no aparecieron.
El CEO de Saudi Aramco, Amin Nasser, canceló su participación presencial y no enviará ningún mensaje grabado. Nasser es habitualmente uno de los oradores estelares de CERAWeek. Su decisión de permanecer en Riad habla por sí sola sobre la magnitud del desafío operativo que enfrenta: ante el cierre del Estrecho, Aramco recortó voluntariamente su producción en unos 2 millones de barriles diarios en dos campos — el crudo, sin acceso al mercado, no tenía adónde ir — y está bombeando el resto desde su costa este hasta la costa oeste para cargar buques en el puerto de Yanbu, sobre el Mar Rojo.
El propio Yanbu fue blanco de un ataque coordinado el 19 de marzo: un dron impactó la refinería SAMREF — empresa conjunta de Aramco y ExxonMobil —, mientras la defensa aérea saudí interceptaba simultáneamente un misil balístico dirigido al puerto. El daño fue limitado, pero el mensaje fue claro: el único corredor alternativo de exportación saudí también es vulnerable.
El CEO de Kuwait Petroleum Corporation tampoco asistió en persona y participará de forma virtual en una sesión del martes.
Las ausencias no pasaron desapercibidas en el piso de la conferencia. Cuando los CEOs de los mayores productores del mundo no pueden dejar sus instalaciones para asistir al evento anual más importante de la industria, el encuentro se convierte en algo distinto de lo que fue concebido.
Wright: «temporal» — y cuestionado
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, abrió la Conferencia Ejecutiva con un mensaje calibrado para proyectar control. «Obviamente hemos impactado los flujos energéticos y otros flujos de materiales críticos que salen del Estrecho de Hormuz. Pero este es un conflicto que simplemente no podíamos seguir postergando», dijo. Los precios, agregó, «aún no han subido lo suficiente como para generar una destrucción significativa de la demanda».
El Departamento de Energía anunció la liberación de 172 millones de barriles de la Reserva Estratégica de Petróleo como parte de una respuesta coordinada de la Agencia Internacional de Energía (AIE) de 400 millones de barriles en total, con un primer tramo estadounidense de 45,2 millones de barriles ya fluyendo desde el viernes.
El encuadre de Wright — la crisis como algo «temporal» — no fue recibido de la misma forma por todos los presentes. La nafta en Estados Unidos promediaba u$s 3,84 por galón al cierre de la semana pasada, según la Asociación Americana del Automóvil (AAA), el nivel más alto en más de dos años. Wright debía convencer simultáneamente a los CEOs de las grandes petroleras de acelerar la perforación en contra de la presión de sus accionistas, mientras explicaba por qué una exención temporal de sanciones al propio petróleo iraní ya en alta mar no contradice los objetivos militares de Washington. Es un argumento difícil de sostener desde los dos extremos.
Los mercados otorgaron un respiro parcial a la jornada: el Brent cayó más de un 8% — según datos de mercado del lunes — tras el anuncio de Trump de posponer cinco días los ataques amenazados contra la infraestructura eléctrica iraní. La cancillería de Irán desmintió, según informó Reuters, que hubiera negociaciones en curso.
Goldman: esto dura más de lo que nadie quiere
El número más relevante del día no llegó desde un escenario. Goldman Sachs elevó su proyección de Brent para 2026 a un promedio de u$s 85 por barril — desde los u$s 77 anteriores — y la del petróleo tipo West Texas Intermediate a u$s 79 desde u$s 72, describiendo el colapso de Hormuz como el mayor shock de oferta de la historia del mercado petrolero global. La revisión, firmada por el analista Daan Struyven y publicada el domingo 22 de marzo, asume que los flujos por el Estrecho se mantendrán en apenas el 5% de los niveles normales durante seis semanas, seguidos de una recuperación gradual de un mes.
En un escenario adverso severo, donde las restricciones persistan con una pérdida sostenida de producción en Medio Oriente, el Brent podría estabilizarse en torno a los u$s 115 hacia fines de 2026. Y si el bloqueo se prolonga de manera indefinida, los precios diarios superarían el récord histórico del crudo registrado en 2008.
Analistas presentes en la conferencia señalaron que el costo para Irán de mantener viva la presión es asimétricamente bajo: el Estrecho no necesita estar físicamente cerrado — basta con sostener el nivel de amenaza lo suficientemente alto como para que las navieras no envíen buques por esa vía. Ese cálculo no cambia con una pausa de cinco días.
Qatar: una crisis de gas encima del shock petrolero
Una dimensión de la crisis que recibió menos atención en las sesiones del lunes pero que puede resultar igualmente determinante: los ataques iraníes del 18 y 19 de marzo dañaron el complejo de Gas Natural Licuado (GNL) de Ras Laffan en Qatar. Saad al-Kaabi, ministro de Estado de Energía y presidente y CEO de QatarEnergy, confirmó a Reuters que el 17% de la capacidad de exportación de GNL del país quedará fuera de servicio — con reparaciones estimadas en tres a cinco años. Los trenes dañados, S4 y S6, son operados en conjunto con ExxonMobil y representan 12,8 millones de toneladas por año de capacidad instalada.
Qatar, que abastece cerca del 20% de la oferta global de GNL, declaró fuerza mayor sobre sus contratos de largo plazo con compradores de Italia, Corea del Sur, China y Bélgica. La disrupción no es coyuntural: los mercados que dependían de ese volumen tienen un problema estructural hasta el final de la década.
Lo que esto plantea
CERAWeek 2026 arrancó con los mayores productores del mundo ausentes o conectados desde posiciones virtuales reforzadas, con el principal funcionario energético estadounidense intentando sostener una política contradictoria, y con la declaración más contundente del día en boca de un ejecutivo del Golfo que describió la crisis como un ataque a toda la economía global.
La pausa de cinco días anunciada por Trump puede desescalar la situación — o simplemente demorar el próximo movimiento. Las preguntas que Houston intenta responder esta semana — quién llena el vacío de oferta, cuánto tiempo se mantienen los precios elevados, si Hormuz se reabre por negociación o por la fuerza — no tendrán respuesta antes del viernes.