Infraestructura y financiamiento

Transporte eléctrico: El BID aprueba u$s 200 millones para el SADI y AMBA I

El instrumento del multilateral a 25 años respalda las obras AMBA I y el corredor Patagónico. El aval busca apalancar inversión privada para revertir la falta de capacidad de transmisión, señalada por los principales actores del sector como el principal obstáculo para el crecimiento energético nacional

Por Redacción-Electricidad

AMBA I y el corredor patagónico son las obras prioritarias para destrabar el cuello de botella en el transporte eléctrico argentino

La falta de capacidad de transporte eléctrico y la pérdida de resiliencia del Sistema Argentino de Interconexión (SADI) se han consolidado como el principal cuello de botella para la expansión energética en la Argentina. 

En ese escenario, el Directorio Ejecutivo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aprobó formalmente una Garantía de Inversión de USD 200 millones, con un plazo de 25 años, orientada a otorgar previsibilidad crediticia y mitigar riesgos para atraer capital privado hacia el sector.

El respaldo multilateral se da en el marco de la primera operación individual de una Línea de Crédito Condicional para Proyectos de Inversión (CCLIP) y está enfocado en dos frentes clave del Plan Nacional de Ampliación del Transporte Eléctrico: la obra AMBA I (cuya licitación fue formalizada bajo la Resolución 202/2026 de la Secretaría de Energía de la Nación) y el corredor Puerto Madryn–Choele Choel / Choele Choel–Bahía Blanca.

El cuello de botella técnico y la mirada de la industria

La aprobación de esta garantía responde a un reclamo persistente de la industria eléctrica. Como se analizó recientemente en los paneles de debate organizados por Shale24, la infraestructura de transmisión llegó a un punto límite de saturación.

Durante el Mendoza Energy Summit, Pablo Tarca, CEO de Transener, remarcó que "el transporte es el cuello de botella por falta de planificación. Estamos pagando los costos más caros por no tener infraestructura". Tarca puntualizó que, si bien el contexto macroeconómico actual genera mayor previsibilidad, el reto pasa por mostrar certidumbre y reglas claras a largo plazo para movilizar las inversiones necesarias.

En la misma línea, Edgardo Fonoll, vicepresidente de Distrocuyo, advirtió que la resiliencia del sistema eléctrico ha sido consumida casi al límite por la alta demanda y la falta de obras de escala. Fonoll subrayó que "para que los privados inviertan hace falta certidumbre, mecanismos para dar incentivos adecuados y, de parte del Estado, garantías".

Es en este engranaje donde encaja la herramienta aprobada por el BID: no opera como financiamiento directo del costo total de las obras, sino como un aval soberano/multilateral diseñado para estructurar esquemas de participación público-privada (PPP) o concesiones de obra pública con menor riesgo de financiamiento.

Alcance de AMBA I y la meta de los 5.610 km de red

El proyecto AMBA I constituye el nodo central y la primera de las 16 iniciativas estratégicas contempladas dentro del Plan Nacional de Ampliación del Transporte Eléctrico. El plan global proyecta una inversión acumulada superior a los USD 6.600 millones e involucra la incorporación de 5.610 kilómetros de líneas de alta tensión en 500 kV a lo largo de todo el país.

A nivel sistémico y social, la puesta en marcha de estas obras estratégicas busca beneficiar de manera directa a más de 16 millones de usuarios (entre consumo residencial e industrial), reforzando la estabilidad y confiabilidad de la red eléctrica ante picos de demanda estacionales.

Con la ratificación de la garantía del BID presentada originalmente ante inversores nacionales e internacionales, el Gobierno busca afianzar un marco normativo estable que destrabe la llegada de fondos privados para sostener tanto la transición energética como el abastecimiento de los grandes centros de consumo e industriales del país.