En el marco de la 62ª Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC), el canciller Pablo Quirno reafirmó la orientación estratégica del gobierno de Javier Milei hacia Estados Unidos en el ámbito de los recursos críticos, al tiempo que equilibró esa alianza con un pragmatismo diplomático hacia otros actores clave como China y Europa.
Su intervención principal, en el panel “Raw Power: The Geopolitics of Resources” (Poder Crudo: la Geopolítica de los Recursos), coincidió con el discurso del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, quien buscó recomponer puentes transatlánticos sin renunciar a las demandas de Washington.
Quirno participó en el panel de alto nivel moderado por la periodista Hadley Gamble y compartido con figuras como el ministro noruego de Exteriores, Espen Barth Eide; la ministra congoleña Thérèse Kayikwamba Wagner; la ministra alemana de Economía, Katherina Reiche, y Jarrod Agen, director ejecutivo del National Energy Dominance Council de la Casa Blanca.
En su alocución, el canciller argentino subrayó que los minerales críticos —litio, cobre y otros elementos esenciales para la transición energética— ya no responden solo a lógica comercial, sino a un cálculo geopolítico de primer orden. “No es algo comercial, no se trata de proyectos aislados. Hoy en día todo tiene que tener un propósito estratégico, porque es crítico para el futuro crecimiento de Occidente”, afirmó Quirno, y agregó: “En los dos últimos años lo hemos hecho muy agresivamente. Hemos sido capaces de crear las condiciones para que el sector de los minerales críticos sea atractivo para los inversores”.
Recordó que Argentina posee el 20% de las reservas mundiales de litio y que las reformas impulsadas por Milei —en particular el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI)— ya destrabaron compromisos por más de 14.000 millones de dólares en proyectos cupríferos.
La participación de Quirno en Múnich se produjo apenas una semana después de la firma, en Washington, del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco con Estados Unidos y de un pacto específico sobre minerales críticos que prioriza a Washington como socio preferente, aunque sin excluir inversiones chinas. “Este acuerdo no implica que China no pueda participar o no participará en inversiones en Argentina. De hecho, ya las tiene”, había aclarado el propio Quirno días antes en Buenos Aires.
Equilibrio con China y apoyo a la paz en Ucrania
Paralelamente, Quirno mantuvo un encuentro bilateral con el canciller chino Wang Yi. En la reunión, celebrada el jueves 13, el argentino agradeció el respaldo de Pekín a la soberanía argentina sobre las Malvinas y la ayuda recibida en momentos de dificultad económica. “China es nuestro segundo socio comercial y el intercambio ha crecido significativamente bajo la presidencia de Javier Milei”, posteó en su cuenta de X. Reafirmó el principio de “una sola China” y expresó interés en profundizar la cooperación en comercio, energía, minería y finanzas, incluyendo proyectos como las represas del sur.
En otro frente, se reunió con el canciller ucraniano Andrii Sybiha. Allí ratificó el apoyo argentino a la soberanía e integridad territorial de Ucrania y respaldó explícitamente las conversaciones de paz impulsadas por el presidente Donald Trump: “Argentina apoya las conversaciones de paz facilitadas por el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, para poner fin al conflicto armado. Seguiremos trabajando activamente, junto a nuestros socios internacionales, para contribuir a una paz justa y duradera”.
El secretario Marco Rubio y los “puentes” con la UE
El discurso de Marco Rubio en la MSC, pronunciado este sábado, sirvió de telón de fondo para la intervención argentina. El jefe de la diplomacia estadounidense buscó tranquilizar a los europeos —“Estados Unidos y Europa pertenecemos juntos”— pero insistió en la necesidad de un reparto más equitativo de la carga de defensa, mayor compromiso migratorio y una alianza transatlántica adaptada al “nuevo mundo” que, según él, ya no es el de la posguerra fría.
Rubio habló de “valores compartidos” y de la amenaza de un orden internacional “bajo destrucción” —título del informe anual de la MSC 2026—, pero dejó claro que Washington espera de sus aliados una mayor autonomía estratégica y menos dependencia. En ese marco, la defensa argentina de una asociación prioritaria con EEUU en recursos críticos adquiere un peso simbólico: Milei no solo alinea a Buenos Aires con la agenda energética de Trump, sino que lo hace en el principal foro mundial de seguridad, donde Europa y China observan con atención.
Quirno completó su agenda con reuniones con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para avanzar en la ratificación del acuerdo Mercosur-UE; con el canciller alemán Johann Wadephul, y con el ministro de Industria de Emiratos Árabes Unidos, Sultan Ahmed Al Jaber, para impulsar proyectos de GNL vinculados a Vaca Muerta.
En apenas 48 horas, el canciller argentino logró condensar la hoja de ruta de Milei en política exterior: pragmatismo ideológico, defensa de los intereses nacionales en el tablero de los recursos estratégicos y una apuesta clara por Washington como socio principal, sin renunciar a los puentes comerciales con el resto del mundo.