El Reino Unido convocó este jueves una reunión virtual de unos 35 países para explorar cómo reabrir el Estrecho de Ormuz, la vía marítima que concentra alrededor del 20% del petróleo y el gas natural licuado que circula en el mundo. El encuentro, presidido por la canciller Yvette Cooper, tuvo lugar en medio de señales claras de que los participantes ya no esperan una resolución rápida del conflicto.
Estados Unidos no participó. La ausencia no fue accidental: el presidente Donald Trump señaló el miércoles que son los países que dependen del Estrecho quienes deben garantizar su apertura, y que Washington no los ayudará. «Tómenlo, protéjanlo, úsenlo para ustedes mismos», dijo Trump en una alocución nacional.
El primer ministro británico Keir Starmer fue explícito sobre las expectativas: «Tengo que ser franco. Esto no será fácil». La reunión tuvo como objetivo evaluar medidas diplomáticas y políticas para restaurar la libertad de navegación, garantizar la seguridad de los buques y tripulaciones atrapados, y retomar el movimiento de commodities. Pero el foco operacional ya apunta a lo que viene después del combate, no a la crisis inmediata.
La hoja de ruta contempla dos fases. La primera, detección y remoción de minas. La segunda, protección de buques-tanque en tránsito. Los planificadores militares de los países participantes se reunirán próximamente para definir capacidades. Esa secuencia lo dice todo: nadie está planeando forzar el Estrecho mientras los combates continúan.
Entre los países presentes figuran Francia, Alemania, Italia, Canadá, los Emiratos Árabes Unidos, Japón, los Países Bajos, Australia y Corea del Sur. Todos firmaron una declaración en la que se comprometieron a «contribuir a esfuerzos apropiados para garantizar el paso seguro». La reunión del jueves es considerada un primer paso; seguirán encuentros de nivel técnico.
Irán cerró efectivamente el Estrecho como represalia por los ataques estadounidenses e israelíes que comenzaron el 28 de febrero. A pesar de las pérdidas sufridas, Teherán mantiene capacidad de ataque con misiles antibuque, drones y minas, lo que hace que ningún país esté dispuesto a actuar militarmente mientras los combates no cesen.
La crisis tiene impacto directo sobre los mercados globales de energía. Por el Estrecho transita no solo el crudo del Golfo Pérsico, sino también el GNL de Qatar, uno de los mayores exportadores mundiales del combustible. Con esa salida bloqueada, los compradores europeos y asiáticos buscan fuentes alternativas con urgencia creciente. Argentina, cuyo gas sale por el Atlántico Sur, aparece como uno de los destinos que esa búsqueda tiene en el radar.