El lunes 23 de marzo, ADNOC Gas informó a la Bolsa de Valores de Abu Dabi (ADX, del inglés Abu Dhabi Securities Exchange) que realizó «ajustes operativos temporales» en su producción de gas natural licuado (GNL) y líquidos de exportación como consecuencia de las disrupciones de navegación en el Estrecho de Ormuz.
La empresa —filial gasífera de la Compañía Nacional de Petróleo de Abu Dabi (ADNOC)— no cuantificó el volumen de los recortes. Sí confirmó que trabaja contrato por contrato con sus clientes para honrar los compromisos de entrega.
La instalación en cuestión es Das Island: una planta con capacidad de 6 millones de toneladas por año (MTPA, del inglés Million Tonnes Per Annum) de GNL ubicada dentro del Golfo Pérsico. Para que cualquier buque metanero salga de Das Island hacia un mercado comprador, debe cruzar el Estrecho de Ormuz. No hay alternativa. El Estrecho, que en condiciones normales concentra alrededor del 20% del comercio marítimo mundial de petróleo y gas, opera con restricciones severas desde que los Estados Unidos e Israel iniciaron operaciones militares sobre Irán a fines de febrero.
Las instalaciones físicas no sufrieron daños estructurales, aclaró la compañía. Cascotes de piedra cayeron cerca de algunas plantas tras la interceptación exitosa de un misil, pero las inspecciones no detectaron heridos ni afectación a la integridad de los procesos centrales. El complejo de procesamiento de gas de Habshan —uno de los más grandes del mundo, con capacidad de 6,1 mil millones de pies cúbicos estándar por día— fue detenido el 19 de marzo tras dos incidentes de ese tipo y ya retomó operaciones. La restricción en Das Island, entonces, no es técnica: es logística. Las moléculas están listas; los barcos, no.
El ajuste de la filial emiratí no ocurre en el vacío. Tres semanas antes, ataques con misiles iraníes sobre la Ciudad Industrial de Ras Laffan, en Qatar, dañaron los trenes de licuefacción 4 y 6 de QatarEnergy, con una capacidad combinada de 12,8 MTPA —el 17% de la capacidad exportadora qatarí. Qatar era, antes del conflicto, el segundo exportador global de GNL, con una participación cercana al 20% de la producción mundial según datos de la consultora Kpler.
QatarEnergy estimó que las reparaciones demandarán entre tres y cinco años, con una pérdida anual de ingresos de aproximadamente u$s 20.000 millones. Su presidente y CEO, Saad Sherida Al-Kaabi —también ministro de Energía de Qatar—, anticipó que la empresa se verá obligada a declarar fuerza mayor en contratos de largo plazo con compradores de China, Corea del Sur, Italia y Bélgica.
Lo que cambió con el comunicado del lunes es la escala del problema. Ya no se trata de un exportador bajo presión: son los dos pilares del GNL del Golfo Pérsico operando simultáneamente con restricciones. Qatar, golpeado en su infraestructura de licuefacción. ADNOC, forzada a recortar porque los barcos no pueden salir.
Tras el ataque a Ras Laffan, el Brent trepó más de un 7% hasta superar los u$s 111 por barril; los precios del gas en Europa y Asia respondieron con alzas pronunciadas a medida que el mercado descartaba el escenario de exceso de oferta que los analistas proyectaban para 2026 y 2027. Tom Marzec-Manser, director de gas y GNL para Europa de Wood Mackenzie, señaló en declaraciones a Middle East Eye que, a diferencia del petróleo, el GNL no tiene redundancia global: todas las plantas operativas ya producen a plena capacidad. Sin espacio para reasignar volúmenes, la pérdida de oferta se traduce directamente en destrucción de demanda.
En construcción está la respuesta estructural de la compañía: el proyecto Ruwais LNG, de 9,6 MTPA, que cargará desde Fujairah, sobre el Golfo de Omán. Desde allí, los metaneros no necesitan cruzar Ormuz. Antes del conflicto, Ruwais LNG era un proyecto de crecimiento. Hoy es también una cobertura geográfica —aunque todavía no está en operación.
Das Island, en cambio, está operativa y atrapada.