Lula ganó el balotaje con el 51,8% de los votos válidos, frente al 48,2% de Flávio Bolsonaro, según el Tribunal Superior Electoral (TSE), y gobernará entre 2027 y 2030. Dreizzen admitió que el nuevo mandato puede traer matices: "Puede haber diferencias en los enfoques regulatorios, en el rol de las empresas estatales o en la velocidad de las decisiones, pero la complementariedad entre ambos países sigue existiendo".
El analista partió del tamaño del vecino. "Brasil es la principal economía de América Latina y tiene enorme peso político, económico y comercial. Sus decisiones influyen en toda la región", señaló.
Esa relevancia, en su lectura, no depende del signo de los gobiernos. "Argentina y Brasil son socios estratégicos. Los intereses económicos y energéticos trascienden las diferencias políticas de los gobiernos", afirmó.
Vaca Muerta tiene el gas que el mercado brasileño puede comprar
Dreizzen ve una "enorme complementariedad entre ambos países, especialmente en gas natural". De un lado, explicó, la Argentina "tiene recursos extraordinarios y necesita mercados de exportación para desarrollar su potencial" en Vaca Muerta. Del otro, Brasil es un "mercado enorme, con demanda energética e industrial" y, por lo tanto, un "potencial comprador de gas argentino".
La exportación de gas a Brasil ya tiene antecedentes concretos. La Agencia Nacional del Petróleo (ANP) de Brasil autorizó a Petrobras a importar hasta 180 millones de metros cúbicos anuales de gas argentino. Además, la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) presentó un escenario en el que un primer módulo de suministro firme de 10 millones de metros cúbicos diarios podría empezar a operar entre 2029 y 2030. Esos serían los últimos años del mandato que acaba de ganar Lula.
Para dar ese salto, Dreizzen puso condiciones. "Estos proyectos no dependen solamente de la voluntad política. Para que el gas argentino llegue a Brasil en volúmenes significativos y de manera sostenida hacen falta inversiones en gasoductos, acuerdos comerciales de largo plazo, precios competitivos y marcos regulatorios previsibles", enumeró.
En junio, durante el Shale24+Santander Energy Summit, el consultor ya había señalado cuál es el principal cuello de botella para duplicar la producción de Vaca Muerta. Según dijo entonces, es financiero y pasa por la infraestructura de ductos y transporte que une el yacimiento con los puertos de exportación.

Su planteo coincide con el diagnóstico de OLACDE. Hoy los intercambios son interrumpibles y viajan a través de Bolivia; pasar a un módulo firme requerirá contratos de industrias, comercializadoras y centrales térmicas, además de obras nuevas. En la Argentina, TGN ya lanzó el Gasoducto Manuel Belgrano, que unirá Tratayén con La Carlota y arrancará con una capacidad de 13 millones de metros cúbicos diarios.
El informe técnico del Grupo de Trabajo Bilateral Argentina-Brasil apunta en la misma dirección. Según el documento, que la Secretaría de Energía difundió en abril, financiar gasoductos y ampliaciones requiere contratos firmes de transporte y suministro por diez años o más.
Brasil, por su parte, ya tiene una referencia de precio para el gas industrial. En el primer remate de gas de la Unión, realizado el 22 de octubre, la estatal Pré-Sal Petróleo (PPSA) vendió todo el volumen ofrecido a la industria: 1,1 millones de metros cúbicos diarios repartidos entre 23 empresas, a un precio final estimado de u$s 5,83 por millón de BTU y con entregas de marzo a diciembre de 2027.
La integración energética sudamericana se piensa a varias décadas
Dreizzen pidió despegar la integración regional de los ciclos políticos. "La integración energética sudamericana tiene que ser pensada con una visión de largo plazo, independientemente de los cambios de gobierno. Estamos hablando de inversiones de miles de millones de dólares, infraestructura que se construye para varias décadas y contratos que necesitan previsibilidad", explicó.
Y cerró con un mensaje para los dos gobiernos: "La política debe facilitar las inversiones y los acuerdos comerciales, en lugar de condicionarlos. Porque, más allá de quién gobierne en cada país, la integración energética puede generar beneficios económicos, empleo, inversiones y mayor competitividad para ambos países".