Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, les pidió a las empresas del sector energético que sean ellas las que identifiquen y propongan las próximas desregulaciones, y planteó que los beneficios del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) deberían extenderse, con el tiempo, al conjunto de la economía.
Lo hizo durante su exposición en el Fórum Nacional de Energía de LIDE Argentina, que se realizó en el Alvear Icon Hotel de la Ciudad de Buenos Aires. Durante su exposición, el funcionario sostuvo que el desarrollo energético requiere previsibilidad, libertad económica y respeto por los derechos de propiedad, y atribuyó buena parte del cambio que muestra el sector a la eliminación de restricciones que durante años condicionaron las decisiones de las compañías.
El ejemplo que eligió fue el de los hidrocarburos. Según explicó, la posibilidad de exportar dependía de autorizaciones del Gobierno, de modo que las ventas al exterior quedaban sujetas a decisiones políticas y las empresas no podían administrar plenamente sus riesgos comerciales. “Cuando sacás eso del medio y das esa libertad, es lo que estamos viendo en energía. Es producto de haberle dado esa libertad y haberle devuelto el derecho de propiedad a los productores”, afirmó.
Las próximas desregulaciones tendrán que salir de las propias empresas, según el ministro
Para Sturzenegger, las reformas que vienen tienen que surgir de las necesidades concretas de la industria. Reconoció que desde la administración pública no siempre se cuenta con el conocimiento técnico para detectar qué regulaciones conviene modificar en una actividad atravesada por cambios tecnológicos permanentes. “Las desregulaciones que necesitamos hacer no las vamos a descubrir desde un escritorio. Nos las van a tener que proponer ustedes, desde el sector”, sostuvo.
Como ejemplo citó una modificación vinculada con los tanques de almacenamiento de hidrocarburos. La norma anterior exigía vaciarlos periódicamente para comprobar su estado, aun cuando existen tecnologías que permiten inspeccionarlos sin retirar el producto. El ministro lo comparó con operar a un paciente para saber qué tiene, cuando se le pueden indicar estudios menos invasivos. También mencionó los cambios en la importación de maquinaria usada, impulsados a partir de propuestas acercadas por las propias compañías.
Indicó que el Gobierno dispone de una plataforma para recibir iniciativas y que ya registró alrededor de 25.000 presentaciones. “Tenemos un Gobierno que escucha, que quiere escuchar y que quiere dar libertad. La próxima regulación que haya que modificar nos la van a decir ustedes”, expresó.
Para Sturzenegger, el RIGI tendría que convertirse en la regla para toda la economía
El otro eje de la exposición fue la continuidad de las reformas. Para el ministro, eliminar restricciones es el primer paso; el segundo es que las empresas confíen en que las nuevas condiciones se mantendrán aunque cambie el contexto político o económico. Puso como ejemplo la eliminación del barril criollo, el precio interno de referencia que el Estado fijaba para el petróleo, y señaló que el Gobierno no volvió a establecerlo pese a las variaciones del precio internacional del crudo.
Esa credibilidad, sostuvo, pesa especialmente en energía, donde los proyectos se planifican a 20, 30 o más años. “Lo más importante no es solamente que la desregulación se haga, sino que las empresas crean que se va a mantener en el tiempo”, señaló.
En ese punto ubicó al RIGI. “El RIGI es una herramienta espectacular, pero sería aún más espectacular si el RIGI fuera la norma”, afirmó. En su visión, el régimen debería funcionar como una transición hacia una estructura tributaria más competitiva, con menor carga impositiva para la inversión privada, y esa baja de impuestos tiene que ir acompañada de una reducción del gasto público.
“La única manera de bajar impuestos de manera sostenible es bajar el gasto”, remarcó, y anticipó que el Gobierno continuará con ese programa hasta converger hacia una estructura similar a la que hoy ofrece el régimen.
Distinguió, de todos modos, los incentivos fiscales de la estabilidad jurídica, fiscal y de reglas de juego que también otorga el RIGI, un componente que consideró especialmente relevante para energía y minería por los antecedentes económicos del país.
Sturzenegger vinculó esa sostenibilidad con la apertura comercial. Según explicó, la continuidad de un modelo económico depende también de que se transformen los intereses que sostenían el esquema anterior. Lo ilustró con los neumáticos, cuyos precios en la Argentina llegaron a estar entre 2 y 3 veces por encima de los internacionales por las restricciones y los mecanismos de protección, al punto de que muchos argentinos viajaban a Uruguay y Chile para cambiarlos.
Con la apertura de las importaciones, dijo, los precios bajaron y los consumidores pudieron destinar una mayor parte de sus ingresos a otros bienes y servicios. “Cuando abrís la economía, hacés un mercado mucho más competitivo. Y ese actor que trabajaba para mantener el sistema desaparece”, explicó.
Con gas a u$s 3 por millón de BTU, Sturzenegger ve lugar para industrias intensivas en energía en Neuquén y Bahía Blanca
El ministro también se refirió al potencial de la Argentina para atraer industrias que consumen grandes volúmenes de energía. Explicó que el crudo se transporta con relativa facilidad y se comercializa en mercados internacionales, mientras que el gas presenta mayores dificultades logísticas y diferencias de precio entre regiones, algo que favorece que esas industrias se radiquen cerca de los centros de producción.
Mencionó como posibles destinos Bahía Blanca, Neuquén y San Antonio Oeste. “¿Por qué voy a producir una industria energético-intensiva en Italia, donde el gas puede costar entre ocho y once dólares, y no en Bahía Blanca o Neuquén, donde puede costar tres dólares por millón de BTU?”, planteó.
En el mercado eléctrico, sostuvo que la liberalización de los precios y la posibilidad de firmar contratos de abastecimiento les dan a las empresas mayor autonomía, frente a un esquema anterior en el que el Estado intervenía desde la provisión de combustibles hasta la determinación de los precios de la electricidad. Recordó que en junio y julio la actualización de precios para los usuarios que seguían expuestos al mercado spot llevó a algunas industrias a reducir temporalmente su actividad, y planteó que esas variaciones también las empujaron a revisar sus estrategias de abastecimiento y planificación.
En esa línea, dijo que las señales de precios pueden destrabar inversiones en infraestructura, y mencionó el interés de Transportadora de Gas del Norte (TGN) en avanzar con el cierre del anillo de gasoductos para mejorar el abastecimiento en Santa Fe y Córdoba. “Dejamos que los precios operaran y reflejaran las escaseces relativas. Y ustedes automáticamente van a generar un desarrollo de infraestructura”, señaló. A su entender, que el mercado identifique esas necesidades resulta más eficiente que trasladarlas al Estado, al que cuestionó por los costos y las dificultades que enfrenta para ejecutar obras.
Consultado sobre qué espera el Gobierno de las empresas, pidió que el sector privado deje de organizar sus decisiones en función de lo que haga el Estado. “Que se olviden de nosotros. Que no piensen en nosotros, que no piensen en qué va a hacer el Gobierno. Háganse cargo plenamente de sus negocios, de sus inversiones y de su desarrollo”, sostuvo.
Planteó como meta que los encuentros del sector energético puedan hacerse sin necesidad de convocar funcionarios y que el Estado se concentre en garantizar contratos, derechos de propiedad y reglas de juego. “Lo único que tienen que hacer es respetar las reglas de juego. Para el Presidente, eso significa respetar el derecho de propiedad, los contratos y las obligaciones, y darles la mayor libertad posible para trabajar”, concluyó.
Su última frase fue para el empresariado: “El día que el empresario argentino se olvide del Estado, ese día no tengo dudas de que vamos a hacer potencia”.