En una decisión que marca un punto de inflexión en la geopolítica energética del continente, el Consejo de la Unión Europea aprobó esta semana de manera definitiva el reglamento que prohíbe de forma progresiva las importaciones de gas natural procedente de Rusia, tanto por gasoducto como en forma de gas natural licuado (GNL).
La medida, adoptada por mayoría cualificada tras meses de negociaciones, convierte en norma jurídicamente vinculante el compromiso asumido por el bloque desde la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022.
El texto aprobado establece un cronograma claro y escalonado para minimizar disrupciones en el suministro y en los precios minoristas:
- Las importaciones de GNL ruso quedarán prohibidas a partir del 1 de enero de 2027, con la posibilidad de adelantar la medida para contratos de corto plazo desde abril de 2026.
- El gas transportado por gasoducto ruso dejará de ingresar a la UE a partir del 30 de septiembre de 2027, con una prórroga excepcional hasta el 1 de noviembre de ese año en caso de que algún Estado miembro demuestre dificultades para reponer sus reservas de almacenamiento antes del invierno, recurriendo a fuentes alternativas.
Los 27 países miembros deberán presentar, antes del 1 de marzo de 2026, planes nacionales detallados de diversificación de proveedores, que incluyan un diagnóstico de vulnerabilidades y las medidas concretas para sustituir el gas ruso. El incumplimiento de estos planes podrá acarrear sanciones financieras.
La votación reflejó divisiones persistentes: 24 Estados respaldaron el reglamento, mientras que Hungría y Eslovaquia votaron en contra —y anunciaron acciones judiciales ante el Tribunal de Justicia de la UE— y Bulgaria se abstuvo. Estos países mantienen una dependencia estructural del gas ruso y han argumentado que la medida podría generar inestabilidad en los mercados energéticos.
Una puja por la soberanía y seguridad energética
Desde el lado ruso, la portavoz del Ministerio de Exteriores, María Zajárova, calificó la decisión de “extremadamente imprudente”, al tiempo que advirtió que la UE estaría renunciando a su “libertad energética” en favor de una mayor dependencia de suministros estadounidenses y de otros orígenes.
La prohibición se inscribe en la estrategia REPowerEU, lanzada en 2022 para acelerar la transición hacia fuentes renovables y diversificar proveedores (principalmente Estados Unidos, Qatar, Noruega y, en perspectiva, nuevos actores como Argelia y potenciales exportadores de GNL de América del Sur).
En 2021, Rusia cubría más del 40% del consumo de gas de la UE; en 2025, esa proporción había caído al 13% aproximadamente, gracias a la reducción drástica de flujos por gasoducto y al aumento de importaciones de GNL.
Analistas coinciden en que, aunque el impacto inmediato en los precios será limitado por la gradualidad del proceso, la medida consolida un cambio estructural: Europa abandona formalmente una relación energética asimétrica que Moscú había utilizado como instrumento de presión geopolítica. Para países con mayor exposición —como Alemania, Italia o los del Este—, el desafío inmediato será acelerar terminales de regasificación, interconexiones y contratos a largo plazo con proveedores alternativos.
La entrada en vigor del reglamento se producirá seis semanas después de su publicación en el Diario Oficial de la UE, lo que deja un margen estrecho para ajustes finales en los planes nacionales. La Comisión Europea ya adelantó que supervisará de cerca el cumplimiento y evaluará la necesidad de medidas de contingencia ante posibles shocks de oferta.