Entrevista de Jason Bordoff

Javier Blas en CERAWeek: "El mundo no tiene instrumentos para compensar la pérdida del Estrecho de Ormuz durante meses"

El columnista de Bloomberg recorrió en el podcast de Columbia University las cuatro fases del shock energético global: desde el cierre del Estrecho hasta la destrucción de demanda que se aproxima. Los precios del gas en Europa y Asia ya son 6 veces más altos que en Estados Unidos. Y la temporada agrícola está en riesgo

por Lucía Martínez 28 Marzo de 2026
28 Marzo de 2026
«No tenemos instrumentos que puedan aliviar durante meses una pérdida de 10 millones de barriles diarios», dijo Blas
«No tenemos instrumentos que puedan aliviar durante meses una pérdida de 10 millones de barriles diarios», dijo Blas

Javier Blas llegó al último día de CERAWeek con una conclusión que pocos en Houston querían pronunciar en voz alta: no hay solución de mercado para una crisis de esta escala. 

«No tenemos instrumentos que puedan aliviar durante meses una pérdida de 10 millones de barriles diarios», dijo el columnista de Bloomberg en una entrevista extensa con el podcast Columbia Energy Exchange, del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, grabada el 26 de marzo.

El especialista en commodities —coautor del libro The World for Sale y una de las voces más citadas en mercados de petróleo y gas— recorrió durante casi una hora la anatomía completa del shock: las fases ya transitadas, los mecanismos que contuvieron los precios hasta ahora, y la fase que se aproxima si el conflicto en Irán no se resuelve.

El CERAWeek más extraño en una década

La conferencia —descripta habitualmente como el Davos de la energía— transcurrió este año sin los ejecutivos de Medio Oriente, muchos de los cuales tuvieron que participar por videoconferencia. El clima fue de parálisis estratégica. «Es la primera vez en más de una década que vengo a esta conferencia y no puedo identificar un tema central porque nadie quería hablar demasiado», señaló Blas.

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En una larga entrevista, el especialista dio su opinión sobre la crisis energética

La razón es simple: los escenarios posibles son diametralmente opuestos. «Podés construir escenarios bastante realistas en los que el precio del petróleo esté en torno a los u$s 75 la semana que viene porque la guerra terminó», dijo. «Pero también podés construir un escenario en el que el petróleo ya está en u$s 200 y nos dirigimos hacia algo que parece 1973 de nuevo». En ese contexto, resulta lógico que los ejecutivos prefieran las cortesías diplomáticas.

Un directivo del sector resumió la paradoja con precisión quirúrgica. Blas lo citó directamente: «Me gusta el petróleo a u$s 100, pero no me gusta el petróleo a u$s 100 de esta manera, porque hay una crisis masiva en Medio Oriente y la economía podría entrar en recesión».

Lo que se pierde cada día

Más allá de los titulares sobre el precio del barril, Blas insistió en la magnitud física del problema. «Estamos perdiendo, en el mejor de los casos, alrededor de 10 millones de barriles diarios de petróleo y productos refinados —el 10% del consumo global— y aproximadamente el 20% del GNL mundial». Y aclaró que esa cifra es su estimación optimista.

El verdadero problema, subrayó, no es el crudo sino los productos refinados. Mientras la Casa Blanca teme políticamente el precio de la nafta, son el gasoil, el combustible para aviones y el fueloil marino los que suben más rápido. «Es casi irónico», observó. «El producto refinado que sube más lentamente es la nafta. Todo lo demás se está encareciendo más rápido».

Geográficamente, el impacto se expande desde el este hacia el oeste. Pakistán y Bangladesh ya enfrentan escasez física. Filipinas y Vietnam comienzan a registrar los mismos problemas. Japón no sufrirá desabastecimiento —tiene capacidad económica para desplazar a otros compradores—, pero pagará precios prohibitivos. «Esto va a llegar a Europa en las primeras dos semanas de abril, y al hemisferio americano probablemente en la segunda quincena de ese mes», proyectó.

Las 3 fases que ya pasaron — y Trump

Blas identificó con claridad las fases que el mercado ya atravesó. La primera fue el shock inicial del cierre del Estrecho. La segunda fueron las respuestas de política: la mayor liberación coordinada de reservas estratégicas de la historia —incluyendo la Agencia Internacional de Energía— y el levantamiento de sanciones al petróleo ruso e iraní. La tercera, la más original de su análisis, fueron las «intervenciones verbales».

Ras Laffan
Ras Laffan

«La Casa Blanca fue muy exitosa en hablar el mercado hacia abajo», describió. El mecanismo fue preciso: mensajes en redes sociales anunciando que «la guerra terminará muy pronto», sincronizados con el cierre del mercado los viernes o con la apertura los lunes para evitar picos de precio. Citó un ejemplo concreto: el ultimátum a Irán fue enviado cuando el mercado ya había cerrado para la semana. El lunes siguiente, antes de que comenzara la actividad real de trading, Trump anunció que daba 5 días más. «Fue bastante interesante el timing», señaló con sequedad.

Pero Blas fue categórico sobre los límites de esa estrategia. «Los barriles de papel no funcionan bien en una refinería. Necesitás barriles de petróleo reales». Y el levantamiento de sanciones rusas e iraníes, que calificó como «un acto de desesperación», tuvo un beneficiario no buscado: Vladimir Putin. «Antes de la crisis, Putin luchaba por vender su petróleo a menos de u$s 60 el barril. Ahora lo está vendiendo a más de u$s 100».

La paradoja del gas: u$s 3 en Texas, u$s 19 en Europa

La brecha en el mercado de gas natural es, según Blas, «increíble». Mientras Europa y Asia pagan entre u$s 18 y u$s 19 por MMBtu —porque perdieron una fracción significativa del GNL de Qatar—, en Estados Unidos el precio ronda los u$s 3. «Eso le va a dar una ventaja competitiva masiva a cualquier industria pesada o química en Estados Unidos».

El caso extremo se da en el hub Waha, en el extremo oeste de Texas y sudeste de Nuevo México. «El precio del gas natural en Waha ha sido negativo durante 35 días consecutivos». La sobreproducción y la falta de capacidad de gasoductos hacen que los productores le paguen a los consumidores para que retiren el gas. En Asia, la reacción es la inversa: Corea, Filipinas y Japón están reactivando plantas de carbón que estaban fuera de servicio.

Los daños colaterales que nadie menciona

Más allá del petróleo y el gas, el cierre del Estrecho de Ormuz afecta cadenas productivas que rara vez aparecen en los titulares. Medio Oriente es un productor central de aluminio —insumo clave para aligerar los vehículos eléctricos— y de azufre, necesario para producir el cobre que requiere la electrificación global.

Pero el caso más crítico es el helio. «Un tercio del suministro mundial de helio pasa por el Estrecho de Ormuz. Qatar es el mayor productor. Rusia está en el top 3. Y no podés fabricar microchips sin helio». Si el cierre se extiende un trimestre o más, advirtió, el mundo enfrentará una crisis seria en la producción de semiconductores.

La fase que se aproxima: destrucción de demanda

Si no hay cese al fuego ni tregua, Blas anticipa una cuarta fase. «El próximo capítulo va a ser lo que yo llamaría destrucción de demanda». Para equilibrar el mercado sin el petróleo de Medio Oriente, el mundo necesita dejar de consumir entre 10 y 13 millones de barriles diarios. «Esa es exactamente la misma magnitud de demanda que desapareció en marzo y abril de 2020, durante los confinamientos globales por COVID-19».

Lograrlo requiere mandatos —circulación alternada por patente, reducción de límites de velocidad, trabajo remoto obligatorio— o precios tan altos que expulsen demanda por sí solos. Y las consecuencias van más allá del transporte. «La temporada de siembra está a punto de comenzar en Estados Unidos. Si los agricultores no pueden pagar el gasoil, en el otoño no vamos a tener la cosecha de maíz y soja que esperábamos». Una crisis alimentaria como derivación de la crisis energética.

La conclusión de Blas fue nítida: la Casa Blanca ya utilizó casi todas sus herramientas. «No hay solución de largo plazo para el Estrecho de Ormuz que no sea reabrirlo. Simplemente hay demasiado petróleo en juego».

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