Durante años, la conversación sobre tecnología en la industria petrolera giró alrededor de los equipos: más potencia de fractura, equipos de perforación más eficientes, ramas laterales cada vez más largas.
En el último tiempo apareció otra variable, menos visible y bastante más difícil de comprar: la gente capaz de leer lo que esos equipos registran.
Quien lo dijo en voz alta fue Horacio Marín, presidente y CEO de YPF.
En una entrevista con La Fábrica del Podcast, convocó a ingenieros con conocimientos en big data (grandes volúmenes de datos), data analytics (análisis de datos) y machine learning (aprendizaje automático) a enviar su currículum. "Hoy yo siento un cuello de botella de recursos humanos gigante", planteó. Y fue todavía más directo: "Si alguno me escucha y sabe datos, por favor mandá el currículum que entrás en tres días".
El diagnóstico tiene números detrás. Según explicó Marín, la petrolera recolecta alrededor de 3.000 millones de datos por día desde sus sistemas en tiempo real, y cerca de mil personas trabajan en sus centros de inteligencia en tiempo real (Real Time Intelligence Center). La información está. Lo que falta, en sus palabras, es "el hombre que sabe manejar los datos".
El pedido de YPF expone un problema que excede a una sola compañía. En el petróleo, la minería y la energía, las operaciones generan grandes volúmenes de información que, antes de traducirse en eficiencia operativa, necesitan ser integrados.

De los datos dispersos a la empresa data-driven
El salto tecnológico del sector no pasa solo por adquirir nuevas herramientas o contratar perfiles específicos. La clave está en evolucionar hacia un modelo data-driven (basado en datos), donde las decisiones de producción, mantenimiento o logística no se tomen con información dispersa sino sobre una base unificada y de calidad.
Eso supone un trabajo menos vistoso que el de un modelo predictivo. Los datos de perforación, transporte, producción y mantenimiento suelen vivir en sistemas separados, con formatos y criterios distintos. La prioridad técnica está en la fase previa a cualquier modelo analítico o de inteligencia artificial: depurar, estructurar e integrar las fuentes. Sin ese paso, el algoritmo más sofisticado trabaja sobre arena.
La búsqueda de Marín abre otra discusión: cómo se estructuran los equipos de tecnología en una industria que necesita perfiles escasos y muy disputados. La incorporación a planta es una opción, pero no siempre la más eficiente para todas las etapas de un proyecto.
En ese contexto gana terreno el staff augmentation, la incorporación de talento externo especializado. El esquema permite conformar células de trabajo con ingenieros y científicos de datos que se integran a la operación por proyecto u objetivo, aportan conocimiento técnico y no suman estructura permanente a la compañía. En sectores con alta demanda técnica y poca oferta de perfiles, esa flexibilidad deja de ser un detalle contractual.
Petróleo, minería y renovables: el mismo desafío
Si bien Marín habló desde la industria hidrocarburífera, la ciencia de datos aplicada encuentra un terreno igual de fértil en la minería y las energías renovables, donde la operación también descansa sobre sensores, telemetría y sistemas que rara vez conversan entre sí.
La integración de ingenieros en ciencia de datos y especialistas en machine learning a la operación cotidiana es lo que permite ordenar esa información y convertirla en un activo. Dicho de otro modo: el dato ya está en el yacimiento, en la mina o en el parque. Falta quien lo lea.
En ese terreno trabaja Rocbird, la compañía de ciencia de datos e inteligencia artificial con base en Córdoba.
Su CEO, Bruno Magnano Marinelli, estará a cargo de la presentación de la empresa el viernes 18 de septiembre en el Shale24-Santander Mendoza Energy Summit, en el Hotel Hilton de Mendoza. Allí mostrará casos de uso reales y el trabajo de las células especializadas de Rocbird en distintas industrias de la región. Parte de ese recorrido puede seguirse en la página de LinkedIn de la compañía.
La jornada tiene confirmada, además, la participación de Marín. La conversación que empezó con un pedido de currículums en un podcast va a seguir, esta vez, en la misma sala.