En el complejo panorama de la industria petrolera global, el Merey 16 se erige como uno de los emblemas de la producción venezolana, un crudo pesado que ha navegado por tormentas geopolíticas gracias, en gran medida, al apoyo de un aliado inesperado: el diluyente iraní.
Este blend de petróleo extra pesado, originario de la Faja Petrolífera del Orinoco, no solo representa cerca del 60% de las exportaciones de crudo de Venezuela, sino que ilustra cómo las sanciones internacionales han forjado alianzas estratégicas entre naciones marginadas del mercado tradicional.
El Merey 16, con una gravedad API de aproximadamente 15-16 grados y un contenido de azufre del 2.5-2.7% (clasificándolo como crudo pesado y agrio o "sour"), es un crudo viscoso y denso que requiere dilución obligatoria para su bombeo por oleoductos, almacenamiento y transporte marítimo.
Se obtiene mezclando crudo extra pesado del Orinoco (con API de 8-10° y azufre >4%) con diluyentes livianos en una proporción típica de 60% crudo pesado / 40% diluyente, logrando la especificación comercial de 16° API en terminales como José. Este proceso es crítico: sin diluyente adecuado, el crudo se solidifica o genera cuellos de botella operativos graves.
El diluyente iraní, principalmente condensado de South Pars (el mayor campo de gas-condensado del mundo, compartido con Qatar), se convirtió en el componente técnico y logístico clave entre 2020 y 2023-2024. Este condensado presenta características ideales para la dilución:
- Gravedad API: típicamente 60-62° (muy liviano, cercano a 61.6° en ensayos estándar de Platts y exportaciones desde Assaluyeh).
- Contenido de azufre total: extremadamente bajo, alrededor de 0.25-0.28% (lo que lo clasifica como "sweet" o dulce).
- Bajo nivel de impurezas: H₂S <1-3 ppm, mercaptanos mínimos, nitrógeno y agua muy bajos, lo que minimiza problemas de corrosión y emisiones en el blend final.
- Composición: alto porcentaje de saturados (>89%), con excelente poder diluyente gracias a su bajo peso molecular y alta volatilidad, permitiendo reducir drásticamente la viscosidad del crudo extra pesado venezolano sin alterar excesivamente el contenido de azufre del Merey 16 final (que se mantiene en ~2.5%).
Estas propiedades técnicas lo hacen superior a muchos diluyentes alternativos: reduce la viscosidad de forma eficiente, mejora la fluidez a temperaturas ambiente y mantiene el Merey dentro de especificaciones comerciales atractivas para refinerías asiáticas (especialmente chinas, que valoran su alto contenido de betún para asfalto).
Merey 16, el diluyente y las rutas comerciales
Antes de las sanciones de 2019, PDVSA usaba nafta liviana estadounidense (API ~50-60°, azufre bajo), pero el bloqueo forzó el giro hacia Irán, que suministraba volúmenes de condensado a cambio de crudo venezolano, oro o trueques directos. Flotas en la sombra y transferencias ship-to-ship facilitaron el flujo, estabilizando la producción que de otro modo habría colapsado por falta de diluyentes.
La relevancia del diluyente iraní no es solo geopolítica, sino técnica: permitió mantener exportaciones de Merey 16 en niveles de 500.000-600.000 bpd hacia China (80-85% del total), evitando paros masivos en pozos y terminales. Expertos estiman que sin este condensado, la producción venezolana habría caído aún más por debajo de los actuales ~800.000 bpd totales.Con posibles cambios políticos en 2026 y relajación de sanciones, el panorama evoluciona: refinerías chinas evalúan sustituir Merey con crudo pesado iraní directo (descuentos de hasta $10/bbl vs. Brent).
Sin embargo, el legado técnico del condensado de South Pars perdura como ejemplo de cómo un producto liviano y dulce puede sostener la viabilidad de crudos extra pesados en entornos sancionados, desafiando el orden energético global.
Esta dinámica resalta las vulnerabilidades de PDVSA —infraestructura deteriorada y dependencia externa de diluyentes— mientras el Merey 16 sigue simbolizando resiliencia técnica y geopolítica en un mercado donde el API y el azufre pesan tanto como la diplomacia.