Hay ejecutivos que administran una compañía y hay otros que administran la política energética de un país.
Sultan Ahmed Al Jaber hace las dos cosas a la vez, y desde hace casi dos años suma una tercera: decidir en qué lugares del mundo se invierte el excedente gasífero de Abu Dabi. Uno de esos lugares es Vaca Muerta.
En los últimos diez días, Al Jaber y Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, se cruzaron primero en Nueva York y después en París, donde compartieron con Claudio Descalzi, de ENI, el panel en el que se anunció que la Decisión Final de Inversión de Argentina LNG se firmará el 26 de noviembre.
Según pudo saber Shale24, los encuentros entre ambos fuera del escenario fueron varios en las últimas horas. Vale la pena, entonces, mirar con detenimiento a quien está del otro lado de la mesa.
El becario que terminó al mando
Al Jaber nació el 31 de agosto de 1973 en Umm Al Quwain, uno de los emiratos más chicos de la federación, a más de 200 kilómetros del poder de Abu Dabi. No pertenece a la familia real ni a ninguna de las dinastías gobernantes. Su ascenso arranca con una beca: ADNOC le pagó la carrera de Ingeniería Química en la University of Southern California, en Los Ángeles. Después sumó un MBA en California State University y un doctorado en Negocios y Economía en Coventry, Inglaterra.
El dato que pocos registran es el tema de esa tesis doctoral, de 2007: un análisis de la inversión extranjera directa en Emiratos Árabes Unidos. Casi veinte años más tarde, el hombre que estudió cómo se atrae capital a su país es el que decide adónde va el capital emiratí.
Volvió a ADNOC como ingeniero de planta, pero su carrera no se hizo en los pozos. Está casado, tiene cuatro hijos, y su suegro es Mana Saeed Al Otaiba, ministro de Petróleo de Emiratos durante años y seis veces presidente de la Conferencia de la OPEP entre 1971 y 1983. Uno de sus hermanos fue embajador en Kazajistán. En 2018, el entonces príncipe heredero Mohamed bin Zayed, hoy presidente del país, visitó personalmente la casa de su padre: en la política del Golfo, ese tipo de gesto dice más que un organigrama.
Primero el sol, después el petróleo
Lo singular de su trayectoria es el orden. Al Jaber no llegó a las renovables desde el petróleo, sino al revés. En 2006, con 32 años, fue el CEO fundador de Masdar, la compañía de energías limpias de Abu Dabi, cuando en el Golfo la energía solar era una curiosidad. En 2009 fue pieza central para que la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) instalara su sede en Emiratos, y ese mismo año el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, lo sumó a su grupo asesor sobre energía y clima.
Masdar, que hoy preside, tiene 65 GW de capacidad y un objetivo de 100 GW para 2030, con inversiones en más de 40 países. En 2013 entró al gabinete federal como ministro de Estado y ese mismo año recibió la Orden del Imperio Británico en grado de comendador honorario.
Recién en febrero de 2016 quedó al frente de la compañía que lo había becado. Lo que hizo en ADNOC fue, en esencia, abrir una petrolera estatal cerrada al capital global. Sacó a bolsa la unidad de distribución en 2017 y la de perforación en 2021, la mayor salida a bolsa de Abu Dabi hasta ese momento. En 2019 firmó con BlackRock y KKR un acuerdo de u$s 4.000 millones sobre los oleoductos de la compañía, y en 2020 cerró con un consorcio de seis fondos una operación de u$s 20.700 millones sobre la red de gasoductos, la mayor inversión en infraestructura energética de la historia de Medio Oriente. Entre los que entraron a los activos de ADNOC en esos años figura ENI. La relación entre Al Jaber y Descalzi, hoy socios en Río Negro, es anterior a la Argentina.
Cuatro sillas y un ministerio
Hoy acumula cargos que en cualquier otro país ocuparían varias personas: ministro de Industria y Tecnología Avanzada desde 2020, CEO de ADNOC, presidente ejecutivo de XRG y presidente de Masdar. También preside el Banco de Desarrollo de Emiratos y el consejo de la universidad de inteligencia artificial que lleva el nombre de Mohamed bin Zayed, e integra el Consejo Supremo de Asuntos Financieros y Económicos de Abu Dabi, donde se decide el destino de la renta petrolera. Antes presidió Abu Dhabi Ports durante una década, Abu Dhabi Media y Sky News Arabia. Puertos, medios, bancos, universidades: su radio de acción excede por mucho a los hidrocarburos.
En ADNOC maneja un plan de inversiones de u$s 150.000 millones hasta 2030 y una meta de capacidad de 5 millones de barriles diarios.
En 2023 le tocó el papel más incómodo de su carrera: presidir la COP28 en Dubái siendo, al mismo tiempo, el jefe de una petrolera en expansión. Más de 130 legisladores de Estados Unidos y Europa pidieron su remoción. Durante la cumbre debió aclarar una frase suya, según la cual no había ciencia detrás de la exigencia de eliminar los combustibles fósiles, y documentos filtrados sugirieron que su equipo planeaba usar las reuniones bilaterales para hablar de negocios de petróleo y gas, algo que él negó. Antes se había conocido que personal pago por ADNOC editaba su página de Wikipedia.
La cumbre, sin embargo, cerró con el primer texto en casi treinta años de negociaciones que menciona una transición fuera de los combustibles fósiles. Él lo cuenta como su mayor logro diplomático y hoy se define como "realista climático".
¿El más poderoso?
Por barriles, no: ese lugar es de Amin Nasser, de Saudi Aramco. Pero ningún otro ejecutivo del sector combina petróleo, gas, química, renovables y un asiento en el gabinete. ICIS, la consultora de referencia en petroquímica, lo ubicó primero en su lista global de 2026. El Energy Institute británico le dio en enero su máxima distinción, y en marzo recibió en Washington el premio de liderazgo global del Middle East Institute, que dedicó a Bin Zayed.
Por qué mira a la Argentina
XRG nació en noviembre de 2024 con un valor de más de u$s 80.000 millones, que según el Energy Institute ya trepó a u$s 151.000 millones tras la compra de la química alemana Covestro. En su directorio se sientan Jon Gray, presidente de Blackstone, y Bernard Looney, ex CEO de BP. La orden es armar un negocio de gas y GNL de 20 a 25 millones de toneladas anuales hacia 2035, entre los cinco mayores del mundo. Ya tiene posiciones en Rio Grande LNG en Texas, en el Corredor Sur de Gas de Azerbaiyán y en Coral North, en Mozambique, este último también junto a ENI. Argentina LNG, con 12 millones de toneladas iniciales, es una porción grande de esa meta.
Y hay una razón que no figura en ningún plan de negocios. En marzo, con Ormuz cerrado y Emiratos bajo ataque, Al Jaber calificó de "terrorismo económico" el uso del estrecho como arma. Lo hizo por video en la CERAWeek, mientras Marín presentaba a la Argentina como proveedor seguro. El gas de Río Negro sale al Atlántico sin pasar por ningún estrecho, y para quien vio su propia infraestructura bajo fuego eso dejó de ser un argumento de folleto.
En París dijo que el país tiene los ingredientes para un negocio de GNL de clase mundial y habló de más de 40.000 empleos. El proyecto de u$s 51.000 millones llegó a esa mesa con los fierros definidos y con XRG adentro del upstream, con 32% de los bloques.
El becario de ADNOC escribió una tesis sobre cómo se seduce al capital extranjero. El 26 de noviembre, en Buenos Aires, le toca estar del otro lado del mostrador.