Horacio Marín eligió Houston para decir algo que ningún análisis de riesgo había anticipado: que la guerra en Irán es una noticia que, indirectamente, es buena para el proyecto de GNL de YPF. No como especulación, sino como argumento con lógica propia.
«Lo que va a hacer la guerra es acelerar fuertemente la expansión del proyecto», dijo en la suite del Marriott Marquis, a pocos metros del Hilton Americas donde diez mil ejecutivos debatían cómo reconfigurar el mapa energético global. El telón de fondo era inescapable: mientras hablaba, uno de sus socios —Sultan Al Jaber, CEO de ADNOC y presidente ejecutivo de XRG, subsidiaria de inversiones energéticas del grupo emiratí— describía desde Abu Dabi el cierre del Estrecho de Ormuz como «terrorismo económico contra todas las naciones».
La lógica que expuso tiene dos capas. La primera es la de los precios: el crudo Brent acumula una suba de alrededor del 80% desde principios de año, al momento de elaboración de esta nota, impulsada por el bloqueo iraní del Estrecho, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo y gas del planeta. La segunda es más estructural y, para YPF, más relevante: la guerra instala en la agenda global el problema de la seguridad del suministro.
«La Argentina está en un lugar cerca de dos océanos, siempre lejos de los conflictos complejos internacionales», argumentó Marín. «Eso la pone en una posición de proveedor seguro tan grande que empuja mucho el desarrollo del proyecto de 12 millones de toneladas, como la expansión». Y remató: «Ya pasó con Rusia y también pasó con Medio Oriente. Las dos guerras han llevado a que hay que hacer un portfolio de compra».
El socio que lo vivió en carne propia
Al Jaber no pudo estar en Houston de manera presencial. Su participación en la CERAWeek fue virtual —una señal en sí misma sobre lo que ADNOC enfrentó sobre el terreno en las semanas previas. Desde Abu Dabi, el CEO del grupo emiratí trazó una definición que quedó como la frase más citada de la conferencia: «Convertir el Estrecho de Ormuz en un arma no es un acto de agresión contra un solo país. Es terrorismo económico contra todas las naciones. Y ningún país debería poder tomar Ormuz como rehén».

El peso específico de esa declaración para Argentina LNG es uno que ningún medio argentino subrayó: el hombre que la pronunció es cofundador del proyecto patagónico. Su empresa sufrió los ataques. Y su argumento público es idéntico al de Marín: el conflicto no debilita el proyecto, lo hace más necesario.
En ese marco, el dato sobre ENI —el tercer socio fundador— cierra el cuadro. QatarEnergy, segundo exportador mundial de GNL con el 19% del mercado global, invocó esta semana fuerza mayor sobre sus contratos de largo plazo con Italia, entre otros países, según informó la propia compañía.
Los ataques iraníes sobre el complejo Ras Laffan inutilizaron el 17% de su capacidad exportadora, con reparaciones estimadas en entre tres y cinco años. ENI figura entre las empresas alcanzadas por la medida. El vacío que deja Qatar en el mercado italiano es, en términos de prospecto comercial, exactamente el tipo de oportunidad que Argentina LNG busca cubrir.

El cronograma concreto
Más allá de la geopolítica, Marín entregó una hoja de ruta con fechas. El proyecto totaliza una inversión de u$s 30.000 millones, estructurada en dos tramos: u$s 20.000 millones para la infraestructura de midstream y downstream, aptos para estructurarse como project finance; y u$s 10.000 millones de upstream, que los socios deberán aportar directamente. JP Morgan actúa como asesor financiero y, según le indicaron los bancos al CEO de YPF, se trataría del esquema de project finance más grande en la historia de América Latina hasta la fecha.
Los plazos son ambiciosos. El objetivo es tener el financiamiento cerrado para fines de 2026 —«puede ser fines de octubre, noviembre o diciembre», dijo Marín—. Para fines de abril, la idea es tener disponibles los documentos necesarios para avanzar. La FID (del inglés Final Investment Decision, Decisión Final de Inversión) está prevista para octubre, cuando también deberían estar adjudicados los principales contratos licitados.
El resto del cuadro: cuarto socio, precios y crudo
Sobre la posibilidad de un cuarto socio, Marín fue cuidadoso sin cerrar la puerta. «El cuarto socio es ese o ningún otro», dijo. Las conversaciones están en curso, pero los tiempos dependen de los procesos internos de aprobación de la empresa candidata, cuya identidad no reveló. El consorcio no está buscando un socio, aclaró; es una oportunidad que, de concretarse, sumará a alguien de peso. Los tres fundadores —YPF, ENI y XRG— pueden avanzar solos si la negociación no prospera.
En materia de precios de combustibles, la postura fue deliberadamente reservada. «Cuando hay un salto por una guerra tan alto, no podés aumentar 30% de un día para el otro porque los consumidores no se la bancan», razonó. «En lo transitorio no especulo. Lo permanente es otra cosa». No hubo anuncio ni señalización de plazos.
Por fuera del GNL, la compañía también trajo novedades de producción de crudo: YPF prevé operar con 13 equipos de perforación en la primera mitad del año y sumar entre cuatro y cinco unidades adicionales hacia fin de 2026. Con ese crecimiento, la producción neta de crudo alcanzaría los 250.000 barriles diarios en diciembre, frente a los 200.000 actuales, con destino principalmente a exportación a través del oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), cuya construcción registra alrededor del 50% de avance.
El broche lo puso el elogio público que el CEO de Chevron, Mike Wirth, hizo al gobierno de Milei en la apertura del evento. «Se va consolidando Argentina como un país proveedor de energía que nunca lo fue», celebró Marín. «Lo hace más masivo. Antes yo sabía lo que él pensaba. Ahora lo escuchan todos».