El panorama energético de Argentina está experimentando una transformación estructural sin precedentes.
Los datos publicados por el Ministerio de Economía reflejan que el país está consolidándose como un exportador neto de energía con métricas que superan los registros históricos de los últimos 25 años.
El motor indiscutible de este fenómeno es la formación Vaca Muerta, cuya eficiencia operativa permitió que la producción de petróleo alcance niveles que rozan los 861 mil barriles por día en el cierre del penúltimo mes de 2025, marcando un crecimiento interanual del 12% y consolidando al segmento no convencional como el pilar que sostiene más del 65% de la oferta nacional.
Estas cifras permitieron que el país ya haya superado a Colombia en producción de crudo y ahora busque disputarle el podio sudamericano a Guyana.
En 2025 la balanza comercial energética arrojó un superávit récord de u$s7.815 millones, una cifra que triplica los valores proyectados inicialmente y que representa casi el 70% del saldo positivo total del comercio exterior argentino.
Expansión de las exportaciones
Este resultado financiero es la consecuencia técnica de una estrategia de doble impacto: la expansión agresiva de las exportaciones, que en diciembre promediaron los u$s1.067 millones, y la drástica reducción de las importaciones de gas natural licuado (GNL), facilitada por la optimización de la infraestructura de transporte y la reversión de flujos logísticos que antes dependían del suministro boliviano.
El 2025 fue el año en que el despliegue técnico en la cuenca neuquina alcanzó niveles de madurez industrial comparables con los mejores "plays" de Estados Unidos. El año finalizó con un acumulado de 23.896 etapas de fractura, lo que representa un incremento operativo del 34% respecto al ejercicio anterior.
Esta aceleración en la terminación de pozos no sólo garantiza el flujo inmediato de hidrocarburos, sino que también impulsa proyectos de infraestructura crítica de escala continental, como el Oleoducto Vaca Muerta Sur (VMOS), que ya supera el 50% de avance físico.
Este proyecto es fundamental desde una perspectiva estratégica, ya que eliminará los cuellos de botella logísticos y permitirá que Argentina persiga el ambicioso objetivo de producir un millón de barriles diarios para fines de 2026, posicionando al país como un jugador estratégico en el mercado global del crudo liviano.
Sustitución de importaciones de gas
La metamorfosis del balance comercial energético de Argentina también estuvo impulsada por la drástica reducción en las importaciones de gas. Este constituye uno de los hitos de eficiencia operativa y financiera más relevantes de la última década.
Este fenómeno no es producto del azar, sino de una arquitectura de ingeniería y negocios diseñada para capitalizar la abundancia geológica de Vaca Muerta a través de infraestructura crítica como el Gasoducto Perito Moreno y la reciente reversión del Gasoducto Norte.
Desde una perspectiva técnica, el país logró sustituir exitosamente el gas importado desde Bolivia y los cargamentos de Gas Natural Licuado (GNL) —que solían negociarse a precios spot internacionales volátiles de entre u$s12 y u$s18 dólares por millón de BTU (MMBTU), por la producción doméstica de alta eficiencia que promedia costos de u$s3,50 a u$s4,50 por MMBTU bajo el marco del Plan Gas.Ar.
Esta reducción estructural en la estructura de costos no sólo blinda las reservas internacionales del Banco Central al evitar el drenaje de divisas, sino que también inyecta competitividad directa a todo el ecosistema industrial argentino, permitiendo un suministro energético más previsible, económico y de origen nacional.
Proyección alcista para 2026 y más allá
Para el cierre del presente ciclo operativo, las proyecciones técnicas y de diversos analistas del sector privado sitúan el superávit de la balanza comercial energética en un rango consolidado de entre u$s9.000 y u$s11.000 millones.
Este resultado será la consecuencia directa de la entrada en operación de proyectos críticos de "midstream" bajo el amparo del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), destacándose el Oleoducto Vaca Muerta Sur (VMOS).
Con una inversión comprometida que supera los u$s2.500 millones, esta infraestructura permitirá evacuar un incremental de crudo que llevará la producción nacional hacia el umbral del millón de barriles diarios, optimizando los costos logísticos y maximizando el "export parity" para las operadoras locales.
De cara al horizonte de 2030, Argentina se prepara para una expansión exponencial de su capacidad exportadora, con un saldo energético neto que se estima alcanzará una cifra récord de entre u$s25.000 y u$s30.000 millones anuales.
Este salto cuántico está intrínsecamente ligado a la materialización de los mega-proyectos de Gas Natural Licuado (GNL) que ya comenzaron su proceso de adhesión al RIGI, como las iniciativas de Argentina LNG en conjunto con Golar LNG.
Según las proyecciones de consultoras globales como PwC y el análisis estratégico de la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH), para finales de esta década el país habrá consolidado una infraestructura de licuefacción capaz de procesar más de 250 millones de metros cúbicos de gas diarios, transformando el gas "atrapado" de Vaca Muerta en un "commodity" global de alta demanda.
Este escenario de negocios contempla una Argentina integrada al mercado asiático y europeo, aprovechando una ventana de oportunidad donde el gas natural actúa como el combustible de transición por excelencia.
Hacia el año 2035, el mapa energético nacional proyecta una consolidación absoluta con un flujo neto de divisas que, en conjunto con el sector minero, aspira a alcanzar los u$s75.000 millones en exportaciones totales, de los cuales el componente energético representaría una balanza positiva neta superior a los u$s35.000 millones.
En esta etapa, la madurez de los yacimientos no convencionales se complementará con el desarrollo minero, también fomentado por los beneficios de estabilidad a 30 años que otorga el marco del RIGI.
Para mediados de la próxima década, la Argentina no sólo habrá eliminado cualquier rastro de dependencia de las importaciones energéticas, sino que se habrá consolidado como un "Energy Hub" regional, abasteciendo de manera ininterrumpida a Brasil y Chile a través de una red de gasoductos e interconexiones eléctricas totalmente amortizadas.
Este horizonte de largo plazo, fundamentado en la previsibilidad normativa y la eficiencia geológica, sitúa al país en el "Top 5" de los exportadores netos de energía del hemisferio.