Cómo evolucionó el yacimiento a lo largo de los años

Vaca Muerta: por qué es cada vez más importante en el mapa energético de Argentina

Con solo el 7% de sus reservas exploradas hasta la fecha, el yacimiento ha impulsado un boom productivo que en 2025 representa cerca del 60% de la extracción nacional de crudo

Por Redacción - Oil&Gas

Vaca Muerta impulsa la actividad del sector

Vaca Muerta no es un simple yacimiento petrolero, sino una vasta formación geológica de shale ubicada en la Cuenca Neuquina, al noroeste de Argentina, que abarca más de 30.000 kilómetros cuadrados, principalmente en la provincia de Neuquén, con extensiones en Río Negro y Mendoza. Descubierta en la década de 2010 por YPF, esta capa rocosa de lutitas ricas en hidrocarburos no convencionales representa una de las reservas más prometedoras del mundo, con estimaciones de la EIA que superan los 16.200 millones de barriles de petróleo recuperable y 308 billones de pies cúbicos de gas natural. 

Su nombre, que evoca a un antiguo cementerio de vacas en la Patagonia, contrasta con su potencial transformador, posicionándola como la segunda reserva mundial de gas shale y la cuarta de petróleo shale

La importancia de Vaca Muerta radica en su capacidad para revertir la decadencia energética argentina, que durante décadas dependió de importaciones crecientes de combustibles. Con solo el 7% de sus reservas exploradas hasta la fecha, el yacimiento ha impulsado un boom productivo que en 2025 representa cerca del 60% de la extracción nacional de crudo, alcanzando picos de 566.000 barriles diarios en septiembre. Este desarrollo no solo alivia la balanza comercial —reduciendo importaciones en más de 5.000 millones de dólares anuales—, sino que genera empleo directo para unas 30.000 personas y spillovers en industrias como la siderurgia y el transporte, fomentando un ecosistema industrial en la Patagonia.

Sin embargo, el verdadero valor de Vaca Muerta trasciende los números: es un catalizador para la soberanía energética para la Argentina en un contexto global de transición hacia renovables, donde los hidrocarburos no convencionales ofrecen una ventana de oportunidad para países emergentes. A diferencia de formaciones convencionales, su explotación mediante fractura hidráulica requiere inversiones masivas en tecnología y infraestructura, atrayendo a gigantes como Chevron, ExxonMobil y TotalEnergies, que han comprometido más de 20.000 millones de dólares en los últimos años. 

Este influxo de capital extranjero no solo acelera la perforación —con más de 1.000 pozos horizontales anuales—, sino que transfiere know-how técnico, elevando la productividad por pozo en un 65% respecto a etapas iniciales.En términos macroeconómicos, Vaca Muerta se erige como un motor de exportación estratégica, con proyecciones que apuntan a un oleoducto como Vaca Muerta Sur para evacuar hasta 1 millón de barriles diarios hacia puertos atlánticos, potencialmente generando 15.000 millones de dólares en ingresos anuales para 2030. Su rol en la diversificación de la matriz energética argentina es clave, ya que el gas shale de la formación cubre el 74% de la demanda interna de gas, mitigando crisis invernales y habilitando exportaciones de GNL. 

Argentina como jugador internacional de energía

La maduración de Vaca Muerta también redefine las relaciones geopolíticas de Argentina, posicionándola como proveedor clave en un mercado global volátil, con precios del crudo estabilizados entre 60 y 80 dólares por barril. En un país históricamente dependiente de commodities agrícolas, el yacimiento introduce una variable de alto impacto en el PIB —contribuyendo con un 2-3% adicional anual—, al tiempo que estimula la innovación en servicios petroleros locales. 

Empresas como YPF lideran con un 48% de las operaciones, mientras que Vista Energy, Pan American Energy (PAE), Pampa Energía o Pluspetrol, entre muchas otras, conforman el primer grupo de jugadores locales. 

En el caso de YPF, esta empresa se integra verticalmente desde la exploración hasta el refinado, lo que maximiza la rentabilidad en entornos de volatilidad cambiaria. 

Finalmente, Vaca Muerta simboliza la resiliencia argentina frente a ciclos económicos adversos, con un portafolio de bloques que asegura décadas de reservas viables por debajo de 50 dólares por barril. Su expansión acelerada, con 28.000 etapas de fractura proyectadas para 2026, no solo promete autosuficiencia energética, sino un reequilibrio en la balanza de pagos que podría estabilizar la macroeconomía.