Hay empresas que se explican por un producto y otras que se explican por un lugar. IMPSA pertenece al segundo grupo.
Nació en 1907 como un taller metalúrgico mendocino que fundía repuestos y fabricaba compuertas para los canales de riego de la provincia, y más de un siglo después su presidente, Jorge Salcedo, llegó al Shale24-Santander Mendoza Energy Summit con un argumento que empieza en el mismo sitio: Mendoza tiene, dentro de sus límites, la cadena completa para fabricar una central hidroeléctrica.
Salcedo integró el 18 de septiembre, en el Hotel Hilton de la ciudad de Mendoza, la mesa sobre planificación energética, hidroelectricidad, energía nuclear y fabricación nacional de bienes de capital. La moderó Flavia Royón, senadora nacional y exsecretaria de Energía y de Minería de la Nación, y la compartió con Mauricio Pinti Clop, gerente general de EMESA, y Vanesa García, subgerenta del Complejo Minero Fabril Sierra Pintada de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Esta nota reconstruye su intervención a partir de la grabación del panel, y la completa con los datos técnicos que la compañía publica sobre sus capacidades.
La cadena completa
Salcedo empezó por lo que, a su juicio, distingue a la industria hidroeléctrica mendocina: la cadena de suministro completa dentro del país. A la capacidad de fabricación de IMPSA, explicó, se suma una red de talleres y proveedores vecinos en Godoy Cruz y en la región que permite afrontar cualquier proyecto hidroeléctrico. Según dijo, la empresa tendría hoy la capacidad de fabricar una central hidroeléctrica entera.
Esa capacidad tiene una dirección concreta. El Centro de Desarrollo Tecnológico de la compañía ocupa un predio de 28 hectáreas en Carril Rodríguez Peña, con 20.000 metros cuadrados cubiertos de producción repartidos entre calderería, mecanizado, una nave de generadores sincrónicos, una nave de estructuras, tratamiento térmico y la llamada Sala Nuclear, donde se ensamblan componentes para centrales atómicas.
En el parque de máquinas figura un centro de mecanizado Ingersoll que la empresa describe como único en su tipo. El diseño hidráulico de cada turbina se resuelve en un laboratorio propio, donde se verifica el rendimiento con ensayos sobre modelos a escala reducida antes de fabricar la máquina real.
Según sus datos institucionales, IMPSA instaló más de 50.000 MW en más de 40 países. En Mendoza, su nombre está asociado a Potrerillos, que la empresa desarrolló en la modalidad construir, operar y transferir. Fuera de la provincia, fue adjudicada para rehabilitar seis turbinas Kaplan de Yacyretá.
Aun así, Salcedo fue realista sobre el mercado. En el mundo, reconoció, hay pocas centrales nuevas por empezar. La oportunidad está en modernizar las existentes, y eso vale también para la Argentina.
Tocoma, más de una década después
La pieza más visible de esa estrategia está en Venezuela. Salcedo repasó el contrato que IMPSA firmó con la estatal venezolana Corpoelec para modernizar la central de Macagua y culminar la de Tocoma, con el apoyo del Gobierno de Estados Unidos, la autorización del Departamento del Tesoro y el respaldo de la Casa Blanca.
Según el comunicado de la empresa de agosto, la primera etapa recupera 432 MW en Tocoma, con las unidades 1 y 2, y 240 MW en Macagua, con las unidades 4, 5 y 6: 672 MW en 24 meses. El plan maestro acordado con Corpoelec prevé llegar a 2.640 MW entre ambas centrales, 2.160 MW en Tocoma y 480 MW en Macagua.
Las dos máquinas de Tocoma son turbinas Kaplan de 216 MW cada una, del mismo modelo que las diez unidades del proyecto original, que la historia institucional de la compañía presenta como "las turbinas Kaplan de mayor potencia jamás construidas". Buena parte de ese equipamiento pasó más de una década en los galpones de Godoy Cruz, a la espera de que el proyecto se destrabara.
Consultado, Salcedo agregó una cifra que no estaba en el comunicado. IMPSA calcula tener el año que viene alrededor de 1.500 empleados trabajando en Tocoma. El ejecutivo explicó que eso implicará exportar capital humano argentino y reactivar la red de proveedores mendocinos y argentinos que históricamente acompañó esos proyectos.
Royón admitió un poco de envidia por una obra de esa escala en la región y le preguntó qué le falta a la Argentina, que tiene casi 20.000 MW de proyectos hidroeléctricos en cartera, para volver a encarar una gran central.
"Al final todos estos proyectos dependen mucho del financiamiento", respondió Salcedo. La energía, agregó, es un negocio como cualquier otro. Para el ejecutivo, la llegada de la minería y la expansión de Vaca Muerta van a demandar más megavatios, y en el país hay centrales que quedaron a mitad de camino, con obras adelantadas, que podrían terminarse si se hace un buen estudio de factibilidad económica. Mendoza, dijo, tiene una de esas oportunidades, y otras provincias también.
La diferencia con Venezuela, según Salcedo, está en el origen del dinero. Allí el financiamiento llega desde Estados Unidos para recuperar una infraestructura de servicios básicos. En la Argentina, anticipó, la expansión vendrá por la vía del capital privado.
Norteamérica, por la vía de la modernización
El otro frente hidroeléctrico está en Estados Unidos. Salcedo contó que ese mercado volvió a moverse por el lado de la renovación de equipos y que IMPSA ya provee ingeniería a grandes generadores como la Autoridad del Valle de Tennessee (TVA, por sus siglas en inglés).
La puerta comercial es la alianza que la empresa firmó en mayo con National Electric Coil (NEC), una compañía estadounidense con más de un siglo de historia que fabrica bobinados de estatores y rotores para generadores de alta tensión. El acuerdo la convierte en socia de IMPSA para ofrecer turbinas, generadores, componentes electromecánicos y sistemas de control en Estados Unidos, Canadá, México y Centroamérica. En el panel, Salcedo agregó que la sociedad también apunta al suministro de rodetes de turbina, la pieza que convierte la energía del agua en rotación.
De la hidro a la nuclear
La segunda mitad de su exposición cruzó de industria. Salcedo planteó que la hidroelectricidad argentina se parece en algo a la energía nuclear: en las dos, el país tiene toda la cadena de suministro. En la nuclear, explicó, va desde el uranio hasta la generación eléctrica.
IMPSA, dijo, trabajó para convertirse en un proveedor confiable de componentes electromecánicos para centrales nucleares, y hoy es proveedor crítico de las centrales argentinas. El historial respalda la afirmación. Según la ficha técnica de la compañía, IMPSA suministró buena parte del equipamiento pesado de Atucha II, entre ellos generadores de vapor, intercambiadores y presurizadores, fabricó cuatro generadores de vapor para el proyecto de extensión de vida de la Central Nuclear Embalse y tuvo a su cargo el diseño y la fabricación del recipiente de presión del CAREM 25, el prototipo de reactor modular de la CNEA. La empresa afirma ser la única de Latinoamérica con la certificación nuclear de la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Mecánicos (ASME, por sus siglas en inglés) para diseñar y fabricar componentes nucleares clase 1 con diseño propio.
El paso nuevo son los reactores modulares pequeños (SMR, por sus siglas en inglés). Salcedo afirmó que IMPSA ya se convirtió en proveedor crítico de ese segmento y que fabrica, para el mercado estadounidense, recipientes de presión, contenedores e intercambiadores de calor. En la Argentina, según dijo, es proveedora del ACR-300, el reactor modular que Meitner Energy propone construir en el complejo Atucha.
Su diagnóstico sobre ese mercado apuntó a la fabricación. En Estados Unidos, explicó, hay una inversión muy grande en el desarrollo de SMR y muchos diseños avanzados, pero pocos llegaron a la etapa de fabricación y "pocos tienen la capacidad de tener una cadena de suministro confiable". "En eso Argentina se distingue", sostuvo. Un desarrollador de reactores modulares que venga al país, agregó, encuentra desde la fabricación hasta la minería del uranio.
La empresa también llevó esa carta a Viena. En la Conferencia General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), su director comercial, Mario Croce, presentó las capacidades de IMPSA en equipos para el almacenamiento en seco de combustible nuclear gastado, en componentes para el transporte de materiales radiactivos y en ingeniería y fabricación para SMR.
Salcedo cerró su intervención con una idea optimista, en línea con la etapa que abrió la compra de la empresa por el Fondo de Adquisiciones Industriales (IAF, por sus siglas en inglés), de capital estadounidense, en febrero de 2025: las oportunidades que se abren para la Argentina y para Mendoza a través de IMPSA, dijo, son infinitas. El taller que empezó fabricando compuertas para las acequias ahora ofrece recipientes de presión para reactores del otro hemisferio. Las dos cosas salen del mismo predio de Godoy Cruz.