La refinadora Citgo Petroleum Corporation, una de las principales procesadoras de crudo pesado en Estados Unidos, enfrenta un momento crítico tras el ataque estadounidense contra Venezuela, que culminó con la captura del expresidente Nicolás Maduro.
Con una capacidad de refinación de aproximadamente 749 mil barriles por día distribuida en tres complejos (Lake Charles, Louisiana; Corpus Christi, Texas; y Lemont, Illinois), Citgo fue históricamente el principal canal para procesar el crudo extra pesado de la faja petrolífera del Orinoco.
Como se dijo, la refinadora pertenece actualmente a Citgo Petroleum Corporation. Sin embargo, el dato es que históricamente, es decir desde 1990, Citgo ha sido propiedad al 100% de PDV Holding (PDVH), una subsidiaria de la estatal venezolana PDVSA (Petróleos de Venezuela).
Sin embargo, debido a sanciones estadounidenses desde 2019 y un largo proceso judicial por deudas y expropiaciones de Venezuela, PDVSA no controla ni beneficia económicamente de Citgo desde entonces.
En diciembre de 2025, un juez federal en Delaware aprobó la venta de las acciones de PDV Holding (la matriz de Citgo) a Amber Energy, una filial del fondo de inversión Elliott Investment Management, por aproximadamente u$s5.900 millones.
Esta venta busca satisfacer reclamaciones de acreedores por más de u$s20.000 millones.
En los hechos, la venta está aprobada pero aún no se ha cerrado completamente (se espera que se complete durante 2026, pendiente de aprobaciones regulatorias como la del OFAC del Tesoro de EE.UU. y posibles apelaciones).
Contexto técnico de Citgo
Citgo opera refinerías diseñadas específicamente para manejar crudos pesados y ácidos (sour crude), como el Merey, Hamaca y Boscán venezolanos, que poseen gravedades API de 8-16° y altos contenidos de azufre (2-3%). Estas instalaciones cuentan con unidades de coquización (coking) y desulfurización avanzadas, con capacidades que permiten convertir el bitumen en productos como gasolina, diésel y fuel oil.
La capacidad de coquización de Citgo, estimada en más de 200 mil barriles por día, es clave para procesar estos crudos, que requieren diluyentes (nafta o condensados) para reducir su viscosidad antes del transporte y refinación. Hasta 2019, Citgo procesaba cerca del 70% del crudo venezolano exportado a EE.UU., pero las sanciones impusieron restricciones, forzando a la empresa a buscar otros proveedores, como crudos pesados de México y Canadá.
Desde 2019, un consejo ad hoc designado por la oposición venezolana (reconocida por Estados Unidos) gestionó Citgo, desvinculándola operativamente de PDVSA bajo el régimen de Maduro. Sin embargo, la empresa matriz, PDV Holding (una entidad de Delaware), estuvo en el centro de una disputa legal por deudas de Venezuela superiores a 20 mil millones de dólares.
En diciembre de 2025, un tribunal aprobó la venta de PDV Holding a Amber Energy (afiliada a Elliott Investment Management) por 5.900 millones de dólares, aunque la transacción aún espera aprobaciones regulatorias y podría enfrentarse a apelaciones.
Impacto del ataque a Venezuela
La operación militar del 3 de enero despertó cierta preocupación en el sector energético. Con Maduro capturado y la promesa de Trump de “dirigir” Venezuela durante una transición, comenzaron a surgir preguntas sobre qué pasará con la infraestructura petrolera venezolana.
La producción, que ya había caído a menos de 700 mil barriles por día debido a años de subinversión y sanciones, podría colapsar aún más si los campos quedan sin mantenimiento o si los joint ventures (como los que PDVSA tiene con Chevron) se paralizan por falta de diluyentes y continuidad de los bloqueos.
Para Citgo, esto implica un corte abrupto en el suministro de crudo venezolano, a menos que el gobierno interino en Caracas, bajo supervisión estadounidense, restablezca operaciones rápidamente. Las refinerías de Citgo, optimizadas para el crudo venezolano, enfrentan un desafío técnico: sin diluyentes, podrían operar a menor capacidad o requerir ajustes costosos para procesar otros crudos (como el WTI o el Brent, más ligeros).
La falta de diluyentes en Venezuela, exacerbada por la parálisis exportadora, agrava el problema, ya que Citgo dependía de mezclas pre-diluidas enviadas desde puertos como José.

Escenarios futuros
- Escenario optimista: si el gobierno interino, respaldado por Estados Unidos, estabiliza PDVSA y reanuda exportaciones, Citgo podría retomar su rol como procesador principal. Esto requeriría inversiones masivas (estimadas en 10-15 mil millones de dólares en los próximos cinco años) para reparar campos y ductos venezolanos, además de asegurar diluyentes (potencialmente de Irán o socios asiáticos). Sin embargo, la transición política y las sanciones pendientes podrían retrasar este proceso.
- Escenario probable: la producción venezolana se estanca o cae por debajo de 500 mil barriles por día, forzando a Citgo a diversificar proveedores. Esto implicaría costos operativos adicionales (hasta un 15-20% más por barril) para adaptar refinerías a crudos menos pesados, reduciendo márgenes de ganancia. La venta a Amber Energy podría completarse, pero los nuevos dueños enfrentarían un activo menos valioso sin acceso garantizado al crudo venezolano.
- Escenario pesimista: un segundo ataque anunciado por Trump o una resistencia interna prolongada colapsarían la industria petrolera venezolana. Citgo, desconectada de su fuente histórica, podría aún perder más competitividad, enfrentando la quiebra o una reestructuración forzada. Esto elevaría los precios del combustible en Estados Unidos y obligaría a refinerías rivales a absorber la demanda.
Citgo, un pilar técnico en la refinación de crudo pesado, está en una encrucijada. Su futuro dependerá de la estabilidad política en Venezuela y de la habilidad de Estados Unidos para integrar la industria petrolera del país sudamericano en su estrategia energética. Mientras tanto, las refinerías enfrentan un desafío técnico y económico que podría redefinir su rol en el mercado global.


