Daniel Núñez, gerente de Operaciones del Mercado Electrónico de Gas S.A. (MEGSA), conversó con Shale24 sobre la desregulación del mercado local y la evolución de los industriales respecto a la compra de gas.
En un año de transición hacia precios de mercado, MEGSA se consolidó como la plataforma clave para la negociación de gas natural y la gestión de riesgo entre privados.
La entidad destaca que, ante la volatilidad invernal y el retiro paulatino de ENARSA, la transparencia es esencial para garantizar el suministro mientras se espera una mayor estabilidad hacia 2027, gracias al aumento de producción local.
Como se sabe, Argentina está transitando una reconfiguración donde la intermediación estatal está cediendo paso a un nuevo esquema de contrataciones entre privados, posicionando a MEGSA como el eje para la asignación transparente de volúmenes.
Con la mirada puesta en 2027, Núñez anticipa que la expansión de infraestructura y el gas asociado permitirán a la industria adaptarse mejor a los precios de mercado tras años de subsidios.
— ¿Cuál creés que es hoy el principal rol de MEGSA en esta nueva etapa en Argentina?
— MEGSA cumple hoy más que nunca un rol trascendente en la comercialización de gas natural, brindando diferentes alternativas de negociación, con una plataforma compuesta por varios productos parametrizables, a la necesidad tanto de compradores como vendedores. En el último mes, las distribuidoras organizaron concursos para la compra de gas natural para mayo y en algunos casos para el período invernal completo. El jueves pasado, sin ir más lejos, ENARSA canalizó la venta de GNL del primer embarque ofreciéndolo a demanda prioritaria, industrias, CAMMESA y comercializadoras. El spot diario sigue concentrando las compras de pico de las distribuidoras.
— En un mercado que históricamente tuvo mucha intervención estatal, ¿qué tan difícil es convencer hoy a los industriales de que la transparencia de precios es el mejor camino para evitar la crisis de desabastecimiento?
— Noto un paulatino cambio en la posición de las grandes industrias. La reticencia va dejando lugar a la comprensión de que cuando la situación está convulsionada, como lo está ahora. Un mercado transparente y con reglas claras es un vehículo para conseguir su propósito de contar con opciones adecuadas a sus necesidades. Estamos trabajando con ellos y pronto seguramente se los verá activos en nuestro sistema.
— Venimos de años de gas subsidiado o con precios muy regulados, ¿cómo ves la capacidad de adaptación de la industria argentina frente al nuevo contexto de precios de mercado? ¿Creés que las empresas argentinas hoy están mejor preparadas para enfrentar su propio riesgo energético?
— La adaptación no es fácil. Este año es claramente un año de transición. Mi expectativa es que 2027 será muy diferente. La expansión del sistema de transporte aportará una mayor seguridad de abastecimiento. La producción seguirá en aumento. Y si hablamos de petróleo, claramente las operadoras ven en ese incremento una gran oportunidad de incrementar las exportaciones. En ese marco aparece el gas asociado que debería impulsar una baja de los precios.

— Muchos industriales hoy temen que la liberalización los deje fuera de juego. ¿Qué mensaje le daría al dueño de una fábrica que hoy mira la pantalla de MEGSA con temor a aumentos estacionales?
— La estacionalidad es algo con lo que hay que convivir. El swing de demanda en Argentina es muy pronunciado y es lógico que los precios se ajusten a esa curva. Creo que más que a los precios, se le teme a los tan mentados cortes en el invierno con los dolores de cabeza que provocan. Ya se están produciendo en estos días y lamentablemente no se avizora que esto vaya a disminuir en los meses más crudos. Otro factor que todos miran es la influencia de los precios internacionales que provocaron que el GNL al que Argentina debe recurrir entre mayo y septiembre tenga precios difíciles de absorber por la demanda. No quiero caer en una vieja y remanida frase de un ex ministro de economía, la reformulo, reiterando que 2027 se presente mejor.
— Estamos viendo un retiro paulatino de empresas estatales como ENARSA en la compra de gas. En tu visión, ¿qué tan cerca estamos de que el mercado de gas funcione 100% entre privados?
— Tarde o temprano eso va a ocurrir. Este año no pudo ser. La licitación para traspasar la compra de GNL a manos privadas fracasó debido al impacto del conflicto bélico en los precios y a alguna demora en la implementación. Será ENARSA la que continuará activa en ese sentido por lo que resta del año. Por otro lado, deberá suceder que las Centrales térmicas se contractualicen en forma directa dejando de intermediar CAMMESA. No es simple. En muchos casos requiere armar una estructura técnico/comercial que dichas empresas no tienen porque durante años ese papel lo cumplió CAMMESA. Se requiere tiempo. La gradualidad es el camino.
— ¿Cómo te imaginás que será el principal rol de MEGSA cuando, en 3, 4 ó 5 años, en Argentina dejemos de hablar de cómo importar gas para el invierno y la conversación se traslade a cuánto GNL exportamos?
— La participación de MEGSA en la comercialización de GNL nunca fue el objetivo de nuestra función. Se dio por el desabastecimiento que provocó el tener que recurrir a la importación y la necesidad de que la asignación de los volúmenes de GNL se hiciera de forma transparente. MEGSA continuará siendo un vehículo para la comercialización del producido local y creo que cada vez con mayor participación por aspectos expuestos anteriormente. La exportación de GNL es un negocio cerrado donde los exportadores venderán el gas que ellos mismo producen, no veo allí una participación de nuestra empresa. Tenemos una gran expectativa en crecer aportando nuestro know how de 21 años en otros mercados que se están desregulando pero, me reservo cuáles hasta que se cristalice, no debiera faltar demasiado. Tampoco dejo de pensar que un crecimiento de Argentina hacia la región permitiría a MEGSA ser un instrumento a ese nivel.


