En el marco del Shale24+Santander Energy Summit, el ex ministro de Producción y Trabajo de la Nación y titular de la consultora ABECEB, Dante Sica, conversó con Julián Guarino, director de Shale24, sobre los desafíos y oportunidades que enfrenta la Argentina en un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas, avances tecnológicos y transición energética.
Economista, contador público y docente universitario, Sica se especializa en industria, comercio exterior, competitividad y desarrollo productivo. Durante la entrevista, analizó cómo los cambios globales están redefiniendo los flujos de comercio e inversión y por qué considera que Argentina tiene una oportunidad histórica para posicionarse como proveedor estratégico de recursos clave.
¿Qué factores están cambiando la arquitectura del comercio internacional?
"Hay cuatro grandes tendencias que están moldeando el mundo de los negocios y generando un cambio profundo, abriendo una ventana hacia un nuevo ciclo del comercio internacional que no vimos en los últimos 50 o 60 años. La geopolítica está cambiando la arquitectura del comercio internacional y, detrás de ella, también se están transformando los flujos de inversión. Ya no estamos frente al modelo de globalización de principios del siglo XXI, que buscaba eficiencia y reducción de costos", dijo.
¿Hubo una fragmentación de ese modelo?
"Vemos un mundo más fragmentado por regiones, donde la actividad política tiene un peso mucho mayor. La geopolítica ya no prioriza la eficiencia económica, sino la resiliencia, el abastecimiento y el control de las cadenas de valor estratégicas.
Hoy observamos un proceso de desacoplamiento. Europa se desacopla de Rusia en materia energética y eso abre oportunidades. Europa también busca mayor autonomía respecto de Estados Unidos en defensa. Occidente intenta reducir su dependencia de China en minerales críticos. Cada uno de esos movimientos genera nuevas oportunidades para países como la Argentina.
No estamos frente a un fenómeno coyuntural de precios, sino ante cambios estructurales en los flujos de comercio e inversión. Detrás de estos cambios aparece una segunda gran tendencia: la tecnología.
Muchos comparan la inteligencia artificial con la revolución de la máquina de vapor. Está modificando los procesos productivos y todavía estamos comenzando a dimensionar su impacto en los negocios".
¿Cómo ve la implementación de la inteligencia artificial en las empresas?
“Estamos entrando recién en la etapa en la que las empresas empiezan a adaptarse. También hay que mirar la cuestión demográfica. Asia y África siguen siendo las regiones que más traccionan el crecimiento global. América Latina, en cambio, comienza a enfrentar una caída en las tasas de natalidad”, dijo.
“Argentina todavía cuenta con una ventana de aproximadamente diez años de bono demográfico positivo. Tenemos que aprovechar ese tiempo para cambiar nuestro patrón de crecimiento. A partir de 2035, ese bono comenzará a ser negativo. Tenemos que hacernos ricos antes de hacernos viejos”, sostuvo.
“La cuarta gran tendencia tiene que ver con la transición energética y el cambio climático. Esto está generando problemas de seguridad alimentaria, dificultades de abastecimiento y una creciente obsolescencia de la infraestructura. Todo esto impulsa enormes inversiones en infraestructura a nivel global. Lo vimos en Bahía Blanca, lo vimos con la DANA en España. Hay una nueva demanda mundial que genera oportunidades”, agregó.
"América Latina pasó de cierta irrelevancia geopolítica a ocupar un lugar estratégico. Argentina, en particular, reúne cuatro ecosistemas fundamentales: alimentos, energía, minerales y tecnología. Además, cuenta con recursos humanos calificados y una base industrial que, aunque necesita modernizarse, sigue siendo una ventaja competitiva", concluyó.
¿Piensa que esta vez la economía argentina enfrenta un escenario distinto?
“Lo que está ocurriendo ahora ya sucedió en otros momentos, pero tomamos decisiones equivocadas. Esta vez hay diferencias importantes respecto de los años noventa. La principal es el contexto internacional. Hoy existe una demanda global creciente que antes no estaba. En el auge de los commodities impulsado por China crecimos por precios, no por cantidades”, dijo.
“En los noventa estabilizamos la economía, pero con un tipo de cambio rígido. Las inversiones estaban orientadas al mercado interno. Hoy, en cambio, las inversiones se realizan para abastecer al mercado global. Por eso considero que los cambios que estamos viendo son irreversibles. El conflicto entre Estados Unidos y China por el dominio de la inteligencia artificial es el que va a marcar la agenda geopolítica y energética del futuro porque implica una demanda creciente de electricidad y minerales críticos”, aseveró.
¿Qué impacto puede tener el RIGI y la expansión del sector energético?
“El RIGI es positivo y debemos seguir pensando en incentivos inteligentes para integrarnos al mundo. Necesitamos una economía más flexible desde el punto de vista regulatorio, mayor estabilidad macroeconómica y más espacio para el sector privado. No hablo de ausencia del Estado, sino de regulaciones inteligentes que acompañen la integración internacional”, sostuvo.
"Hoy existe una coalición empresarial mucho más fuerte que demanda esas condiciones. El péndulo cambió. Tenemos cuatro ecosistemas dinámicos que necesitan estabilidad. Nadie realiza inversiones a 30 años si no existe previsibilidad. Por eso el RIGI es tan importante", agregó.
¿Podría decirse que el componente político tendrá menos peso que en el pasado?
“Cuanto más grande es el proceso de inversión y más internacional es el flujo de capitales, menor es la discrecionalidad política. La sociedad expresó en las elecciones que el modelo anterior generaba empobrecimiento y no perspectivas de futuro. Además, el mundo empezó a ver a la Argentina de otra manera”, señaló.
"Antes nos observaban como un mercado pequeño y problemático. Hoy nos ven como parte de la solución a desafíos globales vinculados a alimentos, energía y minerales estratégicos. Ese cambio de percepción es fundamental. Incluso la política empieza a adaptarse a esta nueva realidad", dijo.
¿Qué desafíos aparecen hacia adelante?
“Tenemos cuatro grandes ecosistemas productivos. El agro todavía opera por debajo de su potencial debido al peso de las regulaciones. En energía y minería el principal cuello de botella ya no es la demanda ni el recurso, sino la infraestructura necesaria para poner esos recursos en valor. Además, el desarrollo de estos sectores requerirá una red sólida de proveedores locales. No se puede importar absolutamente todo. Las empresas van a necesitar servicios, mantenimiento y capacidades instaladas en el país”, sostuvo.
"Otro desafío será la integración de sectores que crecieron en entornos muy protegidos y que ahora deberán competir e incorporarse a cadenas globales de valor. Y ahí aparece un actor clave: el sistema financiero. Argentina creció durante décadas sin financiamiento. Con estabilidad macroeconómica, el sector financiero debe dejar de financiar al Estado y comenzar a financiar proyectos productivos de largo plazo", dijo.
¿A qué llama capacidad de ejecución?
“Las provincias van a tener un rol protagónico en los próximos años. Durante mucho tiempo delegaron muchas responsabilidades en la Nación. Hoy pueden transformarse en actores clave para mejorar la competitividad. Ya cometimos errores en el pasado al consumir los ingresos provenientes de recursos naturales sin transformarlos en infraestructura. Lo vimos durante el boom de los commodities. Cuando la soja alcanzó precios récord expandimos el gasto público, pero cuando los precios cayeron ya no pudimos sostenerlo”, dijo.
"Argentina arrastra un déficit de infraestructura de más de dos décadas. Si queremos aprovechar esta oportunidad histórica, vamos a tener que resolver esos cuellos de botella. El desafío ya no es identificar los recursos. El desafío es tener la capacidad de ejecutarlos y convertirlos en desarrollo", concluyó.