El (nuevo) equilibrio argentino: para Alberto Ades "la reasignación de recursos no es instantánea"

El economista advirtió que el boom de la energía, la minería y el agro, sumado a la apertura comercial, está transformando la estructura productiva argentina y presionando sobre el tipo de cambio real. Respaldó el rumbo del Gobierno, pero planteó tres preguntas sobre la tasa, el ahorro en dólares y la apreciación cambiaria

por Lucía Martínez

El mecanismo que describe Ades es conocido: cuando un país empieza a exportar recursos a gran escala, la entrada de dólares aprecia la moneda

Durante años, la energía y la minería fueron en la Argentina sectores de promesa más que de resultado. Regulaciones cambiantes, precios intervenidos y un cepo que impedía girar divisas los mantuvieron por debajo de su potencial. Eso cambió. Vaca Muerta llevó la balanza energética a superávits sin precedentes para un primer semestre, las exportaciones mineras suman máximos y los dólares que generan ya entran como flujo. La pregunta que empieza a imponerse es otra: qué le hace ese flujo al resto de la economía.

El economista Alberto Ades le dedicó a ese tema un extenso hilo publicado en X el 8 de octubre. Doctor en Economía por Harvard y abogado por la UBA, Ades vive en Nueva York desde hace más de tres décadas y construyó su carrera en Wall Street: pasó once años en Goldman Sachs, condujo el análisis económico para América Latina en Citigroup y fue codirector de Economía Global en Bank of America Merrill Lynch. Hoy dirige Vector Alpha, su propia firma de investigación macroeconómica. Su punto de partida en el hilo es precisamente el auge de los sectores que durante décadas fueron castigados.

"Una economía que se abre al comercio internacional, y que al mismo tiempo experimenta un boom de sectores históricamente castigados por las políticas económicas, como la energía, la minería o el agro, atraviesa necesariamente una profunda transformación de su estructura productiva", escribió. "El riesgo de analizar estos procesos en equilibrio parcial, concentrándose en los sectores perjudicados, es perder de vista lo que ocurre en equilibrio general".

Cuando entran los dólares

El mecanismo que describe Ades es conocido por quienes siguen el sector: cuando un país empieza a exportar recursos naturales a gran escala, la entrada de divisas fortalece la moneda local y encarece, en términos relativos, todo lo demás.

"Ambos fenómenos modifican los precios relativos y, con ellos, la asignación de capital, trabajo y otros recursos entre sectores. La apertura expone a las actividades protegidas a una mayor competencia, mientras que la expansión de los sectores más competitivos puede generar una apreciación del tipo de cambio real, presionando sobre la rentabilidad de otras actividades", explicó.

Por eso la tercera de las preguntas que formula en su hilo es la que más le toca a la energía y la minería: "¿Ayudaría un tipo de cambio real más alto? Una depreciación real podría aliviar la presión sobre sectores que enfrentan una mayor competencia externa, favorecer al turismo receptivo y, por algunos canales, a actividades como la construcción. Pero también podría reducir los salarios reales, encarecer insumos importados y deprimir el consumo".

Y enseguida plantea el dilema de fondo, que conecta directamente con el boom exportador: "Y si parte de la apreciación real refleja una transformación genuina de las ventajas comparativas de la economía, ¿cuánto margen existe para revertirla de manera sostenible? Una vez más, importa el efecto neto en equilibrio general, no solamente lo que sucede con algunos sectores".

Es, en otras palabras, la pregunta sobre cuánto del peso fuerte es mérito de Vaca Muerta y la minería, y cuánto es un desajuste a corregir. Si la respuesta se inclina hacia lo primero, forzar una depreciación sería ir contra la corriente de lo que la economía argentina efectivamente sabe hacer mejor.

"Una economía que se abre al comercio internacional, y que al mismo tiempo experimenta un boom de sectores históricamente castigados por las políticas económicas, como la energía, la minería o el agro, atraviesa necesariamente una profunda transformación de su estructura productiva", escribió Alberto Ades

Ganadores, perdedores y riqueza

Que algunas empresas se achiquen o cierren, según la lectura de Ades, no equivale a destruir riqueza. "Es perfectamente posible, y hasta esperable, que algunas actividades se contraigan o desaparezcan. Pero eso no significa necesariamente que la economía esté destruyendo riqueza. Puede estar reasignando recursos hacia actividades en las que tiene ventajas comparativas y una mayor productividad social", planteó.

"De eso se trata, precisamente, la transformación estructural. Juzgar sus resultados exclusivamente por lo que sucede con los sectores que pierden protección o competitividad equivale a ignorar los beneficios para los consumidores, las oportunidades de expansión de otros sectores y las ganancias potenciales de productividad del conjunto de la economía", sostuvo.

La energía y la minería, en esa lógica, son la cara visible de esas "oportunidades de expansión". Y Ades no las presenta como una alternativa entre otras. Para el economista, esa transformación resulta "indispensable para que la Argentina pueda crecer sostenidamente".

El economista fue explícito en su respaldo a la gestión. "El Gobierno de Milei, con Caputo, Bausili y su equipo económico, ha encarado una tarea verdaderamente titánica, con logros que me parecen ya notables, particularmente en materia de ordenamiento fiscal, desinflación y reducción de la pobreza. No es poca cosa, y creo que merece ser reconocido", afirmó en referencia a Javier Milei, Luis Caputo y Santiago Bausili.

El costo de llegar

El hilo, de todos modos, también mira el otro lado. "Al mismo tiempo, ninguna transformación estructural está exenta de costos. La reasignación de recursos no es instantánea. Hay capital específico, trabajadores que necesitan reconvertirse, restricciones financieras y dificultades de adaptación", advirtió.

"Algunas empresas que podrían ser competitivas en el nuevo equilibrio quizás no sobrevivan hasta alcanzarlo. Y detrás de cada empresa que cierra hay trabajadores, familias e historias que merecen nuestra atención", agregó.

A partir de ahí formuló la pregunta sobre la que gira el resto de su planteo: "¿Cómo se pueden moderar esos costos de transición y darles a las empresas potencialmente viables una oportunidad de adaptarse, sin comprometer el equilibrio fiscal ni los objetivos de desinflación?".

"No es una pregunta sencilla. Tampoco creo que las respuestas pasen por aumentar el gasto público, otorgar subsidios, reducir impuestos sin compensación fiscal o postergar la apertura", respondió. "Pero quizás haya espacio para seguir avanzando en la eliminación de trabas regulatorias como lo hace el ministro Sturzenegger, la reducción de distorsiones tributarias sin pérdida de recaudación, la mejora de las condiciones de competencia, la movilidad laboral, la logística y el acceso al financiamiento privado", escribió en alusión a Federico Sturzenegger.

La logística y el financiamiento, dos de los cuellos de botella que el propio sector energético viene señalando, aparecen así en la lista de un economista que mira la economía en su conjunto.

Ades también reconoció que el margen del Gobierno es estrecho: "No tengo dudas de que el Gobierno está trabajando en varias de estas cuestiones y explorando otras alternativas. Y soy consciente de las enormes dificultades que enfrenta: una restricción fiscal muy severa, una economía que todavía arrastra desequilibrios importantes, una grieta política que dificulta los consensos y un año electoral que se aproxima".

La energía y la minería, en esa lógica, son la cara visible de esas "oportunidades de expansión", sostuvo

La tasa y los dólares del colchón

Las otras dos preguntas del hilo completan el cuadro. La primera, sobre la política monetaria: "¿Es demasiado restrictiva la política monetaria? Sin abandonar los objetivos de inflación, ¿hay margen para una calibración que alivie las condiciones financieras, facilite la inversión y permita que empresas potencialmente viables atraviesen la transición? ¿O los riesgos para la desinflación y la estabilidad cambiaria siguen siendo demasiado grandes?".

La segunda, sobre el ahorro en dólares: "¿Cómo movilizar el enorme ahorro privado en dólares?". Ades estimó en torno a u$s 300.000 millones la moneda y los depósitos que los argentinos mantienen fuera del sistema bancario local, y se preguntó qué condiciones, además de la Inocencia Fiscal, permitirían que una parte mayor de esos recursos llegara a los bancos o al mercado de capitales. "Cuesta imaginar una transformación productiva profunda sin una expansión significativa del crédito privado", concluyó.

Un llamado a la profesión

El cierre del hilo fue un pedido a los economistas de distintas tradiciones. "Creo que sería muy positivo que quienes integramos la profesión económica, desde distintas tradiciones y posiciones políticas, hiciéramos un esfuerzo por contribuir con propuestas concretas y viables", escribió. "La crítica es indispensable, por supuesto. Pero quizás podríamos dedicar un poco menos de energía a marcar diferencias y un poco más a explorar soluciones. En la Argentina no falta IQ".

"No tengo respuestas definitivas a estas preguntas, y sospecho que nadie las tiene. Pero me parece que merecen una discusión abierta, rigurosa y constructiva", admitió. "La Argentina está atravesando una transformación estructural que necesitaba desde hace mucho tiempo. Es una tarea extraordinariamente difícil, y los avances conseguidos merecen ser valorados".

La pregunta sobre el tipo de cambio gana peso viniendo de quien viene. Durante buena parte de su carrera en Wall Street, Ades se especializó en estimar tipos de cambio de equilibrio para los mercados emergentes, y fue reconocido varias veces entre los mejores analistas del segmento. Autor de Economía Conversada (2024), comenta a diario los mercados desde su cuenta de X y es uno de los economistas que Javier Milei suele visitar cuando viaja a Nueva York. Que alguien con esa trayectoria y esa cercanía al Gobierno abra la discusión en público dice algo sobre el momento.