Ponte Hub con Shale 24

Entrevista a Andrés Rojas: "Flávio Bolsonaro suma el fracking como eje y lo vincula con seguridad energética, más oferta de gas y menos costos"

Brasil vuelve a poner al shale en el centro de su agenda energética mientras avanza una definición judicial sobre el fracking y una nueva ronda de concesiones. Si el país abre finalmente una nueva frontera para el gas no convencional, las empresas argentinas de servicios petroleros podrían encontrar un nuevo mercado a partir de la experiencia acumulada en Vaca Muerta.

Marina Cappiello
por Marina Cappiello 5 Octubre de 2026
5 Octubre de 2026
Andrés Rojas, director ejecutivo de Ponte Hub
Andrés Rojas, director ejecutivo de Ponte Hub

Brasil atraviesa un momento clave para el futuro de su industria energética. Mientras el escenario electoral abre una discusión sobre el rumbo que podría tomar la política hidrocarburífera, el desarrollo del gas no convencional vuelve a ocupar un lugar relevante en la agenda del país.

Flávio Bolsonaro propone habilitar la exploración de gas no convencional bajo criterios ambientales, mientras que el programa de Luiz Inácio Lula da Silva no incluye una propuesta específica sobre fracking y pone el foco en la expansión de la infraestructura gasífera y la integración energética de América del Sur.

Sin embargo, la definición sobre el futuro del shale brasileño no dependerá únicamente del resultado electoral. El 7 de octubre, la Agencia Nacional de Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles (ANP) realizará una nueva ronda de la Oferta Permanente de Concesión, con 313 bloques distribuidos en nueve cuencas.

A esto se suma una definición judicial. Una semana después, el Superior Tribunal de Justicia (STJ) retomará el IAC 21, un proceso que puede establecer criterios nacionales para la evaluación ambiental, la regulación y el licenciamiento de los recursos no convencionales.

En este contexto, Brasil podría avanzar hacia una nueva frontera de producción de gas, aunque todavía existen interrogantes regulatorios, ambientales y políticos que deberán resolverse antes de alcanzar una explotación a escala comercial.

Andrés Rojas, director ejecutivo de PONTE Hub, analizó con Shale24 las posibilidades que podría generar el nuevo escenario y destacó que Argentina cuenta con una experiencia acumulada de más de una década en el desarrollo de Vaca Muerta.

1. Flávio Bolsonaro propone permitir la exploración de gas no convencional bajo criterios ambientales, mientras que el programa de Lula no menciona específicamente el fracking. ¿Qué diferencias concretas podrían generar ambas posiciones para el futuro del shale brasileño?

La diferencia más visible puede estar en la velocidad política con la que avance el tema. Flávio incorpora el fracking a su programa y lo vincula con seguridad energética, mayor oferta de gas y reducción de costos. Lula no lo plantea como eje. Su programa propone ampliar la infraestructura de gas y fortalecer la integración gasífera sudamericana.

Pero el Ejecutivo no define todo. Hoy el STJ debe fijar criterios nacionales sobre evaluación ambiental, regulación y licenciamiento. Después habrá que ver cómo se articula eso con la ANP, el Ibama y los estados.

Por eso lo veo como un tema 360°. La política puede acelerar o frenar la agenda. Pero hace falta un marco jurídico claro y un respaldo ambiental y social para sostenerla en el tiempo.

2. ¿En qué áreas Argentina tiene una ventaja concreta frente a Brasil después de más de una década de desarrollo de Vaca Muerta: perforación, completación, arenas, tratamiento de agua, logística, automatización o servicios petroleros?

Más que una ventaja general, Argentina tiene experiencia acumulada en no convencional a escala. Brasil construyó una industria de petróleo y gas de clase mundial, sobre todo en offshore, y tiene una larga trayectoria onshore convencional. No hablaría de una ventaja tecnológica general.

Lo específico de Vaca Muerta es una curva de aprendizaje de más de una década en perforación horizontal y completación; manejo de arenas y logística de fractura; tratamiento y reutilización de agua; automatización, operación de pads y coordinación de proveedores.

Ese know-how puede ser transferible. Si el shale avanza en Brasil, muchas empresas argentinas no partirían de cero. Algo parecido pasaría si Argentina desarrollara offshore a gran escala: tendría mucho para aprender de Brasil. En no convencional, la relación puede darse en sentido inverso.

El desarrollo del shale brasileño no implicaría necesariamente una competencia directa con Vaca Muerta. Por el contrario, podría generar oportunidades para compañías argentinas especializadas en servicios y tecnología para la industria no convencional.

Bolsonaro Flavio
“La diferencia más visible puede estar en la velocidad política con la que avance el tema. Flávio Bolsonaro incorpora el fracking a su programa y lo vincula con seguridad energética, mayor oferta de gas y reducción de costos”, dijo Rojas

3. Si Brasil comienza a desarrollar shale a gran escala, ¿podría convertirse en un nuevo mercado para las empresas de servicios petroleros argentinas?

Sí, potencialmente. Y para mí es una de las lecturas más interesantes. Una nueva frontera no convencional necesitaría proveedores, tecnología y experiencia específica. Eso puede abrir oportunidades para empresas argentinas de perforación, completación, agua, automatización, logística e ingeniería.

No imagino una simple exportación de servicios desde Neuquén. Brasil tiene una cadena local muy desarrollada y operadores con experiencia propia. El camino más probable pasa por alianzas con socios brasileños, adaptación a la regulación local, presencia territorial y transferencia de capacidades.

La oportunidad no es solo vender un servicio. Es combinar la experiencia argentina en shale con el conocimiento del mercado, la regulación y los proveedores brasileños. Ese tipo de puente es el que buscamos facilitar desde PONTE Hub.

4. ¿El principal obstáculo para desarrollar el fracking en Brasil es hoy tecnológico, ambiental, regulatorio o político?

Hoy el principal cuello de botella parece regulatorio-ambiental, con una dimensión política importante. Brasil tiene capacidad tecnológica, una industria de servicios desarrollada y experiencia onshore convencional. Lo que falta ordenar son las reglas para el no convencional.

Que el tema esté en el STJ lo muestra. Antes de hablar de escala comercial hay una discusión jurídica e institucional pendiente.

La política importa porque puede dar prioridad y velocidad. Pero, aun con voluntad política, es difícil comprometer inversiones de largo plazo sin previsibilidad regulatoria y legitimidad ambiental.

5. Desde el Gobierno brasileño se habla de una regulación rigurosa pero no de una prohibición. ¿Qué condiciones ambientales y regulatorias considera indispensables para que el desarrollo del shale pueda obtener licencia social?

La licencia social no se construye diciendo que una tecnología es segura. Se construye demostrando cómo se controla.

Argentina puede aportar experiencia también en este punto. Neuquén desarrolló normativa específica para no convencionales, con evaluación ambiental, gestión de agua y residuos, emisiones y espacios de participación.

Eso no significa que el debate esté cerrado ni que no existan conflictos. Pero sí que hay experiencia acumulada sobre cómo compatibilizar desarrollo productivo, controles y licencia social.

Hay además una comparación interesante. En Argentina, Vaca Muerta consolidó una actividad no convencional a gran escala, mientras que el offshore frente a Mar del Plata enfrentó cuestionamientos ambientales, instancias judiciales y nuevas exigencias de evaluación y participación.

En Brasil hoy pasa casi lo inverso: el offshore es una fortaleza consolidada y el shale es el que necesita construir reglas, confianza y legitimidad.

Nota del Editor:

El fracking vuelve al centro de la discusión energética

El debate sobre el gas no convencional no es completamente nuevo en Brasil. Petrobras realizó más de 13.000 operaciones de fractura entre 1961 y 2024. Sin embargo, el desarrollo del shale requiere una utilización intensiva de la fractura hidráulica como método central de producción.

Actualmente, el presal offshore constituye el principal motor de la producción brasileña de petróleo y gas y representa el 82,6% de la producción. Al mismo tiempo, cerca del 57% del gas producido es reinyectado en los pozos, mientras que alrededor del 31% queda disponible para el mercado.

En ese escenario, los recursos no convencionales aparecen como una alternativa para ampliar la oferta doméstica de gas y reducir las restricciones asociadas a la disponibilidad del hidrocarburo para el mercado interno.

La discusión, sin embargo, está atravesada por cuestiones ambientales y regulatorias. El programa de Flávio Bolsonaro propone permitir la exploración de gas no convencional con "responsabilidad ambiental y cumpliendo la ley", aunque no especifica salvaguardas concretas sobre acuíferos, aguas residuales o aditivos químicos.

Del otro lado, el programa de Lula no incorpora una propuesta específica sobre fracking. Su estrategia pone el foco en ampliar la infraestructura gasífera y fortalecer la integración energética de América del Sur.

A nivel gubernamental, el ministro de Minas y Energía, Alexandre Silveira, se ha mostrado favorable al desarrollo del gas proveniente del fracking, mientras que el área ambiental mantiene resistencias.

En el marco del proceso ante el STJ, representantes del Gobierno brasileño plantearon la necesidad de establecer una regulación rigurosa, pero no una prohibición.

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