El despliegue del denominado Plan Andes por parte de YPF constituye un hito sin precedentes en la historia hidrocarburífera argentina.
Durante 2025, la compañía se desprendió de aproximadamente 55 áreas maduras agrupadas en 11 clusters distribuidos entre las provincias de Chubut, La Pampa, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Salta, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Históricamente, YPF venía operando una vasta cartera de activos que incluía cientos de yacimientos maduros cuya productividad declinante exigía costos operativos crecientes, lo que técnicamente se conoce como un aumento sostenido en el lifting cost.
Es la primera vez que la petrolera de bandera ejecuta una reestructuración de esta magnitud. El Plan Andes también es un hito porque redefine la relación entre el Estado, las provincias y el sector privado, estableciendo un marco de colaboración donde la prioridad es la productividad del recurso natural por encima de la mera tenencia del activo.
Esta transición hacia un modelo de especialización productiva es lo que le permitió a otras potencias energéticas revitalizar sus cuencas convencionales mientras desarrollaban sus recursos no convencionales. La implementación de esta estrategia no solo garantizaría la sostenibilidad de la industria petrolera convencional en regiones con décadas de historia, como la cuenca del Golfo San Jorge, sino que permitiría a YPF consolidarse como una empresa de energía moderna, competitiva a nivel internacional y focalizada en los proyectos que moverán la aguja de la economía nacional en las próximas décadas.
Un proceso en etapas
El Plan Andes se desplegó en etapas claramente definidas, una metodología que le permitió al mercado absorber estos activos de manera ordenada y a YPF gestionar las complejidades regulatorias y comerciales con cada una de las provincias involucradas.
La primera etapa, lanzada oficialmente en el primer semestre de 2024 y consolidada hacia fines de ese año, abarcó un paquete masivo de aproximadamente 30 áreas convencionales agrupadas en 11 clusters estratégicos. Esta fase inicial se focalizó primordialmente en las provincias de Neuquén, Río Negro, Mendoza y Chubut.
Entre los activos más destacados de esta primera etapa se encuentran el Cluster Mendoza Norte, el Cluster Neuquén Norte (que incluye áreas como Señal Picada y Punta Barda), y bloques emblemáticos en la Cuenca del Golfo San Jorge como Escalante-El Trébol y Campamento Central-Cañadón Perdido.
El éxito de esta primera fase fue rotundo, atrayendo a varias compañías y validando la tesis de que todavía existe un robusto mercado de operadores independientes ansiosos por aplicar técnicas de recuperación secundaria y terciaria para capturar el valor remanente de estos campos históricos.
La segunda etapa, iniciada a mediados de 2025 y en plena ejecución operativa, introdujo un nivel adicional de sofisticación al incorporar activos de mayor complejidad y proyectos líderes en recuperación. Esta fase abarca 16 bloques adicionales distribuidos entre las provincias de Salta (el denominado Cluster NOA), Mendoza y Chubut.
En esta instancia se incluyeron algunas “joyas de la corona” del convencional como el bloque Manantiales Behr en Chubut, reconocido a nivel regional por sus exitosos proyectos de inyección de polímeros, y los clusters Chachahuen y Malargüe en Mendoza.
Al incluir el Cluster NOA en esta etapa, YPF busca que operadores especializados en la logística y geología del norte argentino tomen la posta en yacimientos que son críticos para la estabilidad del sistema regional, mientras la compañía concentra su músculo en el hub de exportación de Vaca Muerta.
En el sector se preguntan qué pasará con el resto de las áreas convencionales que YPF aún mantiene en su poder fuera del foco estratégico del no convencional. Pero la compañía aún no se expresó de manera “oficial” sobre el advenimiento de una posible tercera etapa.
Esta última instancia podría incluir bloques remanentes en diversas cuencas y permitiría profundizar los procesos de reversión de áreas en provincias como Santa Cruz y Tierra del Fuego, donde la petrolera todavía está trabajando en esquemas de colaboración con empresas provinciales para asegurar una salida ordenada que no afecte el empleo ni la producción local.
El nuevo mapa, cuenca por cuenca
Recorriendo el país de norte a sur, el primer foco de atención está puesto en el Cluster NOA, situado en la histórica cuenca noroeste, en torno a la ciudad de Tartagal, en la provincia de Salta. Allí, YPF puso sobre la mesa de negociaciones un conjunto de activos gasíferos de gran relevancia que fueron pilares del abastecimiento nacional durante décadas.
Desde una perspectiva técnica y financiera, la joya de este cluster es sin duda el bloque Aguaragüe, históricamente un área de gran producción de gas natural del país, explotando reservorios profundos.
El principal valor comercial de estos activos no reside únicamente en su geología, sino sobre todo en la infraestructura de transporte y procesamiento ya amortizada que conecta estos campos con los principales centros de consumo del norte argentino y las rutas pavimentadas para la exportación hacia países limítrofes.

Siguiendo con el recorrido, el segundo foco de atención es la cuenca cuyana. En el epicentro de esta región se encuentra el denominado Cluster Mendoza Norte, un conjunto de áreas que por su geología y cercanía logística al Complejo Industrial Luján de Cuyo poseen un valor comercial intrínseco que las operadoras independientes podrían monetizar rápidamente.
Este cluster está compuesto por los bloques Barrancas, Vizcacheras, La Ventana, Mesa Verde, Ceferino y Río Tunuyán. Este paquete de activos fue adjudicado a la empresa Petróleos Sudamericanos, tras un proceso de validación gubernamental que culminó a principios de 2025. La iversión comprometido fue de u$s600 millones.
Estas inversiones permitirán la perforación de nuevos pozos, la reactivación de pozos inactivos, la realización de trabajos de workover y mejoras en instalaciones de superficie, asegurando una mayor eficiencia en la explotación de los recursos.

Dentro de territorio mendocino, la compañía consolidó su salida del denominado Cluster Mendoza Sur. Este paquete de activos estratégicos fue transferido al consorcio integrado por Quintana Energy y la empresa de servicios TSB. Las áreas cedidas en este bloque incluyen Cañadón Amarillo, Altiplanicie del Payún, El Portón, Chihuido de la Salina, Chihuido de la Salina Sur y Confluencia Sur.
Las áreas Llancanelo y Llancanelo R fueron transferidas a Petroquímica Comodoro Rivadavia (PCR). Quedan en curso las licitaciones correspondientes al Cluster Malagüe, que comprende las áreas de Cerro Fortunoso y Valle del Río Grande, y el Cluster "Mendoza No operado", que incluye los bloques CNQ 7 (Gobernador Ayala) y CNQ 7A (en el rincón suroeste de la Provincia de La Pampa).
Ya en territorio estrictamente neuquino, YPF transfirió a Bentia Energy algunos de sus activos en el Cluster Neuquén Sur, puntualmente las áreas de Al Norte de la Dorsal, Octógono Fiscal y Dadin Norte, y cuatro bloques del Cluster Neuquén Norte: Señal Cerro Bayo, Volcán Auca Mahuida, Don Ruiz y Las Manadas. Estos últimos Bentia Energy los operará en conjunto con Ingeniería Sima.
Compartida con la Provincia de Río Negro, el área de Señal Picada - Punta Barda fue adjudicada a Petróleos Sudamericanos, mientras que Estación Fernández Oro ahora es operada por Quintana Energy. Próxima a la localidad de Catriel queda el Cluster Agua Salada, que YPF operaba junto a Tecpetrol.

El movimiento más simbólico y de mayor calado operativo dentro del Plan Andes se dio en la cuenca del Golfo San Jorge, el enclave histórico donde nació la industria petrolera argentina en 1907. Esta región, caracterizada por su rica geología y una infraestructura logística profundamente arraigada en ciudades como Comodoro Rivadavia y Caleta Olivia, ofrece hoy un atractivo comercial centrado en la recuperación terciaria con inyección de polímeros, una tecnología en la que estos campos fueron pioneros a nivel mundial.
En la Provincia del Chubut el proceso se consolidó con la transferencia de activos a la empresa PECOM, marcando su regreso triunfal como operadora tras más de dos décadas de ausencia en ese rol. Las áreas transferidas incluyen el histórico cluster El Trébol - Escalante y el 50% de la participación que YPF ostentaba en Campamento Central - Cañadón Perdido.
Complementando este movimiento en Chubut, otras áreas como El Tordillo, La Tapera y Puesto Quiroga fueron adjudicadas a la firma Crown Point, mientras que el bloque costero Restinga Alí fue revertido a la órbita provincial para un manejo más localizado.
Un punto de inflexión significativo en la segunda etapa del Plan Andes ha sido la inclusión de Manantiales Behr en la lista de activos a desinvertir o licitar; este yacimiento es considerado uno de los campos maduros más eficientes del mundo, donde la aplicación masiva de polímeros logró finalmente revertir su declinación natural, convirtiéndolo en un activo de altísima rentabilidad marginal para cualquier operador independiente de primer nivel que busque un flujo de caja estable y predecible.
En la Provincia de Santa Cruz, YPF revirtió 10 áreas a la estatal provincial Fomicruz, que luego las licitó. Los bloques de Los Perales y Los Monos fueron adjudicados a Patagonia Resources, mientras que Roch Proyectos se quedó con Cerro Guadal Norte y Cañadón Yatel.

Con respecto a la cuenca austral, YPF traspasó a Terra Ignis, la petrolera provincial, sus bloques ubicados en el norte de la isla: Lago Fuego, Los Chorrillos, TDF Fracción A, B, C, D y E, bajo un Memorando de Entendimiento firmado en agosto. Recientemente la Legislatura de la Provincia aprobó el traspaso, que entrará en vigencia el 1° de enero de 2026. Las concesiones fueron prorrogadas hasta al menos 2036 y 2037, dependiendo del área específica.
