Fenómeno mundial: el profesor que predijo la guerra y trazó la secuencia detallada de su impacto energético

En mayo de 2024, el historiador Jiang Xueqin identificó en una clase en Pekín los blancos precisos del conflicto que hoy paraliza los mercados: el Estrecho de Hormuz, las terminales de GNL y las plantas desalinizadoras del Golfo. Su video, ignorado durante un año, se acerca al millón de vistas mientras la realidad reproduce su secuencia

por Lucía Martínez

En mayo de 2024, el historiador Jiang Xueqin identificó en una clase en Pekín los blancos precisos del conflicto que hoy paraliza los mercados

Antes de que hubiera guerra, Jiang Xueqin ya tenía el mapa. 

En una clase grabada en Pekín en mayo de 2024 —ante un grupo de adolescentes, subida a YouTube sin pretensiones de viralidad— el historiador chino-canadiense trazó el tablero del conflicto que hoy sacude los mercados energéticos globales. 

No como especulación, sino como resultado de aplicar teoría de juegos a los incentivos de cada actor: Trump, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, Israel, los países del Golfo.

En ese tablero aparecían tres vectores de presión que Irán activaría sobre la infraestructura regional: el cierre del Estrecho de Hormuz, los ataques a terminales de GNL y, el más perturbador de todos, los golpes sobre las plantas desalinizadoras. No como daño colateral, sino como movimiento deliberado en una guerra de amenazas varias sobre las economías del Golfo. 

Hoy, con Ras Laffan paralizada, Bahrein denunciando ataques a su infraestructura de agua y más de 150 tanqueros anclados a la espera de que Hormuz vuelva a abrirse, esa secuencia se está verificando punto por punto.

El método detrás de la predicción

Jiang no trabaja con intuición ni con fuentes clasificadas. 

Su método combina tres capas analíticas que aplica desde su canal Predictive History, donde acumula hoy 1,81 millones de suscriptores tras un año de casi total anonimato.

La primera es el análisis de ciclos civilizatorios. Como el politólogo Peter Turchin, Jiang observa que las sociedades siguen arcos de ascenso y declive impulsados por presiones estructurales identificables: sobreproducción de élites, tensión fiscal, fragmentación interna. Cuando esas presiones convergen, la guerra no es un accidente sino un resultado probable. El punto de partida intelectual explícito es Isaac Asimov: en la saga Fundación, el matemático Hari Seldon inventa la "psicohistoria", una disciplina capaz de predecir el comportamiento de sociedades enteras mediante el análisis estadístico de patrones históricos. Asimov la concibió como ficción. Jiang la toma como programa.

La segunda capa es la teoría de juegos. Los Estados son actores racionales en tableros de elecciones limitadas, y la guerra, la alianza o el colapso son movimientos predecibles si se mapean correctamente los incentivos de cada jugador. Aplicado al Medio Oriente de 2024, ese mapeo producía un resultado incómodo: Trump, el IRGC e Israel tenían incentivos divergentes pero convergentes hacia el mismo resultado. Para Irán, un conflicto con un enemigo exterior era la oportunidad de unificar una población fracturada por sanciones y malestar interno. Para Israel, el enfrentamiento directo entre Washington y Teherán resolvía una amenaza existencial sin costo propio. Para Trump, en cambio, un conflicto externo ofrecía arquitectura política para consolidar poder interno.

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y el presidente de EEUU, Donald Trump.

La tercera capa —la más inusual en un analista geopolítico— es la narrativa. Jiang sostiene que las civilizaciones necesitan mitos de cohesión para sostenerse: Homero, Virgilio, la Biblia no son reliquias culturales sino motores de orden político. Cuando esos mitos se agotan, el sistema que los sostenía empieza a crujir. Es el componente que le permite leer el conflicto no solo como disputa de recursos sino como síntoma de algo más profundo en el ciclo del poderío americano.

Aplicada al plano energético, esa combinación producía una conclusión precisa: Irán tiene incentivos para atacar la infraestructura que sostiene las economías del Golfo porque es la única forma de imponer costos reales a los países que orbitan alrededor de Washington sin entrar directamente en la guerra. No los pozos, que son difusos y parcialmente reemplazables. Los nudos: el Estrecho, las terminales de GNL, las plantas desalinizadoras. Infraestructura concentrada, expuesta y con efecto inmediato sobre poblaciones civiles y sobre los balances fiscales de los Estados que financian la presencia estadounidense en la región. Jiang lo había dicho en 2024. Los mercados lo están aprendiendo ahora.

El historiador llegó a Yale en 1999 con una licenciatura en Literatura Inglesa. Ese recorrido no es anecdótico.

Hormuz: el cierre que Kpler mide en tiempo real

El Estrecho de Hormuz concentra aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo y alrededor de 15 millones de barriles diarios de crudo y condensado, según datos de Kpler. Desde los primeros días del conflicto, el tráfico está prácticamente paralizado. Homayoun Falakshahi, analista de la firma, lo confirmó a la BBC: el estrecho está efectivamente cerrado. Solo buques iraníes y chinos continúan operando con relativa normalidad.

La medición de Kpler, el 28 de febrero, del Estrecho

Las imágenes satelitales de la compañía muestran más de 150 tanqueros anclados en aguas abiertas del Golfo, a la espera. Las principales petroleras y casas de trading suspendieron embarques desde el inicio de los ataques. Si el cierre se extiende, los oleoductos alternativos disponibles podrían absorber entre 5 y 7 millones de barriles diarios — lo que dejaría unos 8 millones sin salida al mercado.

El Brent superó los u$s 100 este lunes y llegó a tocar u$s 110 el barril en las primeras horas de operación, su nivel más alto desde 2022, antes de moderar posiciones. El movimiento refleja una prima de riesgo que los mercados no habían incorporado desde el pico post-invasión de Ucrania.

Ras Laffan y el GNL: el segundo vector

El 2 de marzo, drones iraníes golpearon el complejo de Ras Laffan en Qatar — una de las instalaciones de GNL más grandes del planeta. QatarEnergy detuvo la producción y declaró fuerza mayor sobre sus embarques. En paralelo, el precio del GNL europeo subió 42% en las jornadas posteriores.

En su clase de 2024, Jiang había identificado este vector con precisión: las terminales de GNL del Golfo como punto de presión sobre las economías que dependen del gas qatarí, en particular Europa. Un corte prolongado en Ras Laffan no es solo un problema regional. Es una señal directa a los aliados europeos de Washington sobre el costo de sostener el conflicto.

El agua, la variable que nadie quería mirar

El tercer vector — y el más perturbador desde el punto de vista de la escalada — son las plantas desalinizadoras. Jiang lo había señalado en 2024: atacar la infraestructura hídrica del Golfo es atacar la condición de posibilidad de esas economías. No el lujo ni el confort. La supervivencia.

Alrededor de 5.000 plantas desalinizadoras operan en Medio Oriente, produciendo cerca del 42% de la capacidad global de desalinización. En el Golfo, esa dependencia es casi total: el 90% del agua potable de Kuwait proviene de desalinización, el 86% en Omán, el 70% en Arabia Saudita. Un cable diplomático estadounidense filtrado de 2008 advertía que la planta de Jubail suministraba más del 90% del agua potable de Riad, y que la capital debería ser evacuada en una semana si esa instalación fuera destruida.

Planta desalinizadora de Dubai - National Geographic

Los ataques ya comenzaron. Irán golpeó una planta desalinizadora en Bahrein; según declaró Teherán, EE.UU. habría impactado la planta de Qeshm, en el propio Estrecho de Hormuz, afectando el suministro de agua a 30 aldeas iraníes. A su vez, Arabia Saudita había definido exactamente este tipo de ataques como su línea roja: si instalaciones civiles, petroleras, de desalinización o generación eléctrica eran golpeadas, Riad respondería. Según el profesor Bernard Haykel, de la Universidad de Princeton, esa línea ya fue cruzada.

Los analistas advierten que los golpes sobre infraestructura hídrica están diseñados para presionar a los gobiernos del Golfo sin arrastrarlos directamente a la guerra. Aunque los límites de esa contención son cada vez más estrechos.

El tablero sigue abierto

Lo que Jiang construyó en 2024 no fue una profecía. Fue un modelo: si los incentivos de cada actor son estos, la secuencia de movimientos es esta. La guerra empezó. Hormuz está cerrado de facto. Ras Laffan declaró fuerza mayor. Las desalinizadoras ya recibieron impactos.

El tablero que trazó frente a sus alumnos en Pekín tiene casillas que todavía no se jugaron. En algún lugar de la ciudad, Jiang Xueqin probablemente esté explicando cuáles son.