Hace unos días, cuando le preguntaron a Harold Hamm —a quien se considera “pionero” en el mundo del shale— por los planes de Continental Resources en Argentina, afirmó sin rodeos: “Vaca Muerta va a ser nuestro quinto core asset”.
Y los hechos parecen confirmarlo: la semana pasada cerraron el segundo deal en meses, comprando intereses no operados en 4 bloques premium con Pan American Energy (PAE), y ya anunciaron que van a invertir entre u$s100 y u$s200 millones por año para escalarlo al mismo nivel que sus otras áreas clave.
Continental produce cerca de 500 mil barriles equivalentes por día, tiene más de 5 mil pozos operados y casi 3 mil millones de barriles en recursos capturados. Todo repartido en 4 áreas principales en las que concentra casi toda su producción, inversión y estrategia: son sus “core assets”, los plays que consideran de clase mundial.
Primero, el original: Bakken. Donde todo empezó. Continental es el mayor leaseholder ahí, con pozos que siguen rindiendo gracias a técnicas modernas como refracturing y EOR piloto. En los últimos años pasó de ser el 80% de la producción a alrededor del 45%, pero sigue siendo el motor: yields iniciales que superan los mil barriles por día en los mejores pads, decline curves más planas que nunca y costos bajando a menos de u$s30 el barril breakeven. Es un caso de evolución pura: de los 200 mil boe/d que aportaba solo en 2019 a seguir creciendo en oil cut pese a la madurez.
Segundo, la cuenca Anadarko (SCOOP/STACK en Oklahoma). El play gaseoso que se volvió oily. Continental es el productor más grande en esa cuenca, con acreage masivo en ventana de overpressured. Los últimos años fue un sube y baja: pico en 2022, caída por precios de gas, pero en 2025 volvió a crecer con pozos largos y high-intensity fracs. Hoy aporta cerca del 20% de la producción total, con breakevens por debajo de los u$s40 incluso en gas. Recientemente vendieron una parte a TotalEnergies, pero se quedaron con lo mejor para continuar operando.
Tercero, el Permian. El que más creció en la última década. Entraron fuerte post-2020, con acreage en Midland, y hoy representa más del 20% de reservas probadas y alrededor del 15% de producción diaria. Todo con evolución explosiva: de casi 0 en 2018 a 60 mil boe/d en 2023 y subiendo. Pozos de 3 millas, spaced tight, yields que compiten con los mejores del basin. Continental lo usa como laboratorio de eficiencia: costos cayendo año a año y oil cut altísimo.
Cuarto, el Powder River Basin. El más joven, Wyoming. Entraron hace una década, acreage grande en Niobrara y Turner. Tuvo sus idas y venidas: pico en 2022 con 31 mil boe/d, caída por precios, pero en 2025 volvió a 26 mil y sigue subiendo. Breakevens más altos que los otros cores, pero con potencial enorme en stacked pays. Es el que menos aporta hoy (5%), pero el que más upside tiene si el oil se mantiene.
Y ahora viene el quinto: Vaca Muerta. El plan: misma receta que aplicó en Bakken hace 15 años —tecnología yankee, pozos largos, fracs masivos— en un shale que tiene espesores brutales, oil window dulce y costos que ya bajaron a niveles Permian. Con los deals de noviembre y enero, Continental ya tiene pie en bloques desarrollados como Bandurria Centro y Coirón Amargo Sureste, y planea escalarlos a core real: inversión sostenida, know-how en de-risking y la obsesión de siempre por retornos de inversión.
En resumen: Continental no se expande por expandirse. Elige plays de clase mundial, los madura con disciplina de hierro y los convierte en máquinas de cash. Los 5 cores en Estados Unidos ya lo prueban. El quinto, en la Patagonia argentina, acaba de arrancar. Y cuando Hamm dice “quinto core”, no es alucinación: es plata que entra y barriles que salen. Atenti, que esto recién empieza.




