Larry Fink advierte que el petróleo a u$s 150 hundiría la economía global: qué le recomendó a la Argentina para impulsar Vaca Muerta

El director ejecutivo de BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo al cierre de 2025, trazó dos escenarios extremos para el precio del crudo en función del desenlace del conflicto con Irán. Cada uno tiene implicaciones opuestas para el upstream argentino, los proyectos de GNL y las decisiones de inversión en Vaca Muerta

por Julián Guarino

Larry Fink advierte que el petróleo a u$s 150 hundiría la economía global

El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán lleva ya cuatro semanas y el Estrecho de Ormuz permanece prácticamente cerrado. El Brent cotizaba alrededor de u$s 105 por barril al cierre del 26 de marzo, con un pico de u$s 119,50 desde el inicio de las hostilidades, mientras el WTI oscilaba en torno a los u$s 93-94. En ese contexto, Larry Fink —director ejecutivo de BlackRock, la gestora que administra activos por u$s 14 billones a nivel global— tomó el micrófono del podcast Big Boss Interview de la BBC para decir algo que pocos en su posición dicen con tanta claridad: no habrá punto medio.

Para el sector energético argentino, que tiene en Vaca Muerta su principal apuesta exportadora de largo plazo, los dos escenarios que trazó Fink importan tanto como el propio conflicto. Dependiendo de cómo termine —o de cómo no termine— la guerra con Irán, el upstream no convencional argentino enfrentará condiciones radicalmente distintas de precio, financiamiento y demanda.

Los dos extremos que no tienen término medio

Fink fue explícito en la BBC: en sus conversaciones con el gobierno de Estados Unidos y con actores globales, nadie espera un resultado intermedio. El desenlace será uno de dos.

En el primero, Irán se reintegra a la comunidad internacional. Su petróleo vuelve al mercado, la producción venezolana continúa su recuperación y el crudo podría caer por debajo de los niveles previos al conflicto. Fink habla de u$s 40 por barril como referencia de ese mundo: abundancia energética, crecimiento económico, condiciones financieras más favorables para la inversión de largo plazo.

En el segundo, el régimen iraní mantiene su postura de amenaza al comercio regional y al Estrecho de Ormuz —incluso después de un eventual cese del fuego. En ese caso, los precios del crudo podrían sostenerse por encima de los u$s 100 durante años, acercándose a los u$s 150. Y ante la pregunta directa de si ese nivel generaría una recesión global, la respuesta del financiero fue sin matices: «Habrá una recesión global.»

El escenario pesimista dista de ser abstracto, incluso bajo las condiciones de Donald Trump. Al 26 de marzo de 2026, el parlamento iraní trabajaba en un proyecto de ley para formalizar el cobro de tasas a los buques que transiten por Ormuz

El escenario pesimista dista de ser abstracto. Al 26 de marzo de 2026, el parlamento iraní trabajaba en un proyecto de ley para formalizar el cobro de tasas a los buques que transiten por Ormuz, según medios iraníes próximos a la Guardia Revolucionaria. En paralelo, Estados Unidos envió a Teherán, vía Pakistán, una propuesta de 15 puntos para poner fin a la guerra, que Irán rechazó formalmente. La Agencia Internacional de la Energía calificó el cierre del estrecho —por donde circula habitualmente cerca del 20% del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado— como la mayor interrupción del suministro de crudo de la historia.

Escenario u$s 150: el cuadro que enfrenta el upstream argentino

Si el conflicto se prolonga y el crudo se instala en tres dígitos durante años, el upstream argentino opera en un entorno de precios nominalmente favorables pero estructuralmente complicado.

El mecanismo que describe Fink para entender el impacto va bastante más allá del precio en la gasolina. El financiero señaló el canal de los fertilizantes: el gas natural es la materia prima del nitrógeno y el amoníaco, insumos centrales de la agricultura global. Un shock energético sostenido se traslada así a los costos de producción de alimentos a escala planetaria. A ese canal se suman los insumos tecnológicos —el helio, crítico para la fabricación de semiconductores— y la generalización del costo del transporte en todas las cadenas de valor.

Una recesión de ese calibre comprimiría la demanda de energía en los mercados de destino del GNL argentino. Los proyectos de exportación de gas natural licuado que Argentina construye con vista al mercado asiático —en particular el que YPF desarrolla junto a ENI y XRG, actualmente en fase de project finance con la Decisión Final de Inversión (FID, del inglés Final Investment Decision) aún pendiente, según el último estado conocido del proyecto— dependen de compradores en Asia que, en un contexto recesivo global, enfrentan menor demanda industrial y mayor aversión al riesgo en contratos de largo plazo.

El acceso al mercado de capitales también se deteriora en un entorno recesivo. Las operadoras que requieren financiamiento internacional —tanto a través de Obligaciones Negociables como de estructuras de project finance non-recourse— operan en mercados que se contraen cuando la economía global se frena. El roadshow que YPF realizó en los últimos meses para el proyecto de GNL buscaba precisamente atraer capital institucional internacional; una recesión global modifica de manera sustancial el apetito de riesgo de ese capital.

Todos los proyectos en marcha para impulsar el hub energético

A su vez, el precio nominal del barril de Vaca Muerta mejoraría en ese escenario. Las operadoras con producción en plataforma verían mejores ingresos unitarios. Pero la ecuación agregada —precio alto, demanda comprimida, acceso a crédito deteriorado, costos de insumos al alza— no es necesariamente favorable para los proyectos que todavía necesitan fondeo para escalar.

Escenario u$s 40: márgenes ajustados, pero capital más accesible

El escenario opuesto tiene su propia lógica para Argentina, y no es tan simple como «el petróleo baja y todo empeora».

Si Irán se reintegra al mercado y el crudo cae hacia los u$s 40 —nivel al que el breakeven de muchos pozos de Vaca Muerta opera en un rango ajustado, dependiendo de la tipología y la cuenca—, la rentabilidad unitaria del upstream se comprime. Las operadoras con contratos de exportación a precio de mercado reciben menos por barril. Los proyectos en etapas tempranas de desarrollo podrían ver afectada su viabilidad si los precios se sostienen en ese nivel por tiempo prolongado.

Sin embargo, en ese escenario las condiciones financieras globales se relajan. El acceso al mercado de capitales mejora, las tasas de interés internacionales tienden a bajar en respuesta a la caída inflacionaria, y el apetito por activos de riesgo —entre ellos los proyectos de energía en mercados emergentes— se reactiva. 

Para un proyecto como el de GNL argentino, que aún necesita cerrar su estructura de financiamiento y conseguir la firma de contratos de offtake de largo plazo, un contexto de u$s 40 con mercados abiertos puede ser más propicio que uno de u$s 150 con mercados cerrados.

Hay además un efecto sobre la estructura de costos. La caída del precio del crudo reduce los insumos del propio upstream: el gasoil para los equipos de perforación y los camiones de arena, los fletes, los materiales importados. El margen no mejora por el lado del precio, pero puede hacerlo por el lado de los costos.

«Usá lo que tenés»: el respaldo de Wall Street a la política energética argentina

Más allá de los dos escenarios de precio, las declaraciones de Fink tienen una dimensión política que no es menor para Argentina.

El director ejecutivo de BlackRock defendió con claridad lo que llamó «pragmatismo energético»: la necesidad de que los países usen todos sus recursos disponibles —petróleo, gas, renovables, nuclear— sin subordinarse a una única fuente. «Usá lo que tenés», resumió, antes de agregar que el aumento del costo energético actúa como «un impuesto muy regresivo» que golpea desproporcionadamente a los más pobres.

Ese argumento —enunciado por el hombre al frente de la mayor gestora de activos del mundo— funciona como legitimación directa de la política energética que el gobierno de Javier Milei viene implementando en Argentina, centrada en el desarrollo de Vaca Muerta como palanca exportadora y en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) como instrumento para atraer capital extranjero a proyectos de gran escala. En un momento en que las operadoras internacionales y los fondos de inversión evalúan su exposición al país, el posicionamiento de Fink a favor del upstream de hidrocarburos tiene el peso específico de quien mueve los mercados globales.

Las rutas teóricas que tendrá el Argentina LNG

Algunos analistas de Wall Street interpretaron las declaraciones del CEO de BlackRock como un mensaje implícito a la administración Trump para que acelere la resolución del conflicto iraní. Si esa presión se traduce en una salida diplomática —el escenario u$s 40 de Fink—, el rebote de Argentina sería hacia condiciones financieras más favorables. Si no, el escenario recesivo pone a prueba la resistencia de un modelo exportador que todavía está en construcción.

Sin comparación con 2007-2008

Fink también descartó la lectura de quienes trazan una analogía entre el momento actual y los preámbulos de la crisis financiera global. «No veo ninguna similitud. Ninguna», dijo en la BBC. La crisis de 2007-2008, explicó, se construyó sobre un apalancamiento masivo y opaco en los balances de las instituciones financieras. Lo que hoy existe en el segmento de crédito privado —donde algunas firmas han limitado los reembolsos— es un fenómeno acotado, transparente en sus términos contractuales y de escala comparativamente pequeña dentro del total de los mercados de capitales.

Para Vaca Muerta, esa lectura importa: si los mercados financieros globales no colapsan, el canal de fondeo para los proyectos de la formación no convencional permanece disponible en ambos escenarios de precio.

Lo que Fink dejó en claro es que la variable determinante no está en los mercados. Está en Ormuz. Y desde esa estrecha franja de agua en el Golfo Pérsico, la cadena de consecuencias llega hasta las cuencas petroleras de la Patagonia.