La constructora Milicic atraviesa su momento de mayor demanda simultánea.
Su CEO y copropietaria, Marian Milicic, reveló cómo se conforma la estructura de la firma de Rosario: 2.500 colaboradores en la Argentina y Perú, cerca de 1.500 equipos de maquinaria de construcción y una cartera repartida en mitades entre el petróleo y la minería. "Somos constructores, eso nos define", sintetizó en el marco de una entrevista para el Podcast La Fábrica.
Es vox populi que la empresa, fundada hace 52 años por su padre Carlos, hace movimiento de suelo, obras civiles y tendido de ductos para el sector privado.
El reparto de la facturación es el dato que jerarquiza la cartera de actividades: 50% minería y 50% petróleo y gas. "En alguna época ha sido distinto, pero hoy está dividido así", precisó. La firma se mueve detrás de los sectores que empujan inversión, una constante de la firma: primero fueron los puertos agroexportadores de Rosario, después la energía y la petroquímica, hoy Vaca Muerta y el cobre.
"Somos los primeros que llegamos"
La ventaja competitiva, según la ejecutiva, es la flota propia: se define como la empresa de la Argentina con "mayor cantidad de equipo propio de movimiento de suelo". De ahí su lugar en la cadena: "En general, somos los primeros que llegamos". El criterio comercial lo planteó sin vueltas: "hay que vender lo que el cliente quiere comprar".
La escala se mide en fierros. De los cerca de 1.500 equipos, los más grandes de la firma transportan 100 toneladas y cuestan más de u$s 1.000.000 cada uno. Las máquinas de la gran minería, de 300 a 400 toneladas, trepan a entre u$s 3.000.000 y u$s 5.000.000, una categoría que Milicic todavía no integra. La dotación se reparte por el mapa productivo: sede central en Rosario, una base en San Juan desde hace 15 años, otra en Añelo, una oficina comercial en Buenos Aires y una sede en Lima. Trabajan unos 80 ingenieros y la conducción pasa por 10 gerentes que reportan a la CEO.
Mantener esos fierros operativos es parte del negocio. La ejecutiva describió faenas que exigen disponibilidad total: equipos que funcionan a 4.500 metros de altura, durante las 24 horas, sin pausas de calendario. "No hay Navidad, no hay Año Nuevo, y eso tiene que funcionar", graficó sobre la operación en yacimientos como Veladero. Esa gestión de flota, dijo, es uno de los frentes fuertes de la compañía.
Del cobre de Catamarca a los tanques de Punta Colorada
La relación con la minería viene de lejos. Milicic empezó en 1995 como subcontratista en Bajo de la Alumbrera, el primer gran proyecto de cobre del país, y se quedó 25 años, hasta el cierre del yacimiento. Hoy ese distrito de Catamarca revive a través de MARA, el plan de Glencore para explotar Agua Rica con las instalaciones de Alumbrera.
En el petróleo, la firma es una de las piezas del VMOS Vaca Muerta Oil Sur, el oleoducto que lleva el crudo de la cuenca hasta Punta Colorada, en Río Negro. "Hicimos el movimiento de suelo y las bases de los tanques", contó sobre la terminal. Se trata de la playa de 6 tanques de 120.000 metros cúbicos que la constructora levanta junto a la firma CB&I, dentro de un paquete que ejecuta AESA por u$s 260 millones.
La ejecutiva apeló a una imagen futbolera: "cada tanque para almacenar petróleo tiene la capacidad de un estadio de fútbol". Y le puso dimensión al conjunto: "Es la obra de infraestructura más grande que se está haciendo ahora en Argentina".
Sobre el mapa minero ubicó a Vicuña, en San Juan, como el proyecto de cobre que toma la delantera entre los nuevos; mencionó Los Azules y Taca Taca (este último en Salta); señaló a Santa Cruz como la principal provincia exportadora por sus yacimientos de oro y describió a Veladero como el proyecto individual más grande en producción. El litio del norte, agregó, está liderado por Rio Tinto.
El negocio, a riesgo y contrarreloj
La forma de ganar una obra la explicó como un trabajo previo y a riesgo. Antes de cualquier adjudicación, la firma acompaña la maduración del proyecto con estimaciones e ingeniería, sin garantía de quedarse con el contrato. "Tenemos que ser uno de los que esté en esa mesa", planteó sobre el relacionamiento con los clientes, y aceptó la regla del juego: una vez presentada la propuesta, "podemos ganar o perder". Cuando la inversión se cierra porque aparece el financiamiento (un esquema que en la minería argentina hoy se apalanca en el RIGI), el ritmo cambia de golpe: "Es de hoy para mañana y ahí no hay tiempo", describió. Por eso, dijo, los contratos son cortos: "tenemos contratos que duran 6, 7, 8 meses".
El reverso de operar en la Argentina son los márgenes ajustados. "Los márgenes son ajustados", admitió, y lo atribuyó a clientes exigentes y a un contexto que cambia rápido. Los contratos largos, agregó, traen fórmulas de actualización que "no siempre representa tu variación de costos", un desfasaje que se vuelve crítico cuando se mueven todas las variables macro a la vez. La firma reconoció haber tenido problemas en obras durante el último cambio de reglas, aunque suele haber margen de negociación con clientes que necesitan que su proveedor subsista.
"No alcanza la capacidad"
El planteo central de la entrevista fue de escala.
"Hoy la minería en Argentina ya empezó, la gran minería ya empezó", afirmó, y enseguida marcó el límite de la oferta local: "si todas las empresas constructoras de Argentina nos juntamos, no alcanza la capacidad". La razón, dijo, es que "es otra escala, no es un tema de juntar muchos chicos". Esa brecha explica la llegada de firmas de Chile, Perú, Australia y España que mueven suelo para la gran minería en todo el mundo y que ya operan en el país. La ejecutiva lo asumió como el frente donde tiene que defender su diferencial frente a competidores con experiencia cordillerana.
El propio desembarco de Milicic en Perú, hace 4 años y ya en su tercera obra, funcionó como un espejo de esa diferencia. "No es la minería que nosotros veníamos haciendo acá", reconoció: la gran minería del cobre, dijo, "es todo un ecosistema" que obliga a resolver alojamiento, transporte, alimentación y formación de la gente, además del movimiento de suelo. El país vecino, donde abundan ingenieros con experiencia en obra minera de gran porte, le mostró el tamaño real del negocio al que aspira la Argentina.
La demanda, en su lectura, no tiene vuelta atrás: "el mundo necesita el cobre", sostuvo, y recordó que "no hay sustituto" y que la inteligencia artificial empuja la proyección hacia arriba. También leyó un cambio social: "nunca como ahora hubo tanto consenso en que la minería puede ser factor de desarrollo para Argentina".
La otra restricción es la mano de obra. La CEO valoró al Instituto Vaca Muerta, el centro de formación que impulsa YPF, y propuso replicar el modelo en la minería: "hay que invertir en formación". Advirtió, además, un efecto colateral sobre el entramado de proveedores: sin formación local, las grandes mineras terminan llevándose a los técnicos de las PyME, que no pueden igualar esos salarios. Sobre su propio rol al frente de la empresa, fue tajante: "no quiero ser el cuello botella de la organización".