La Ciudad Industrial de Ras Laffan es, en términos de capacidad de gas natural licuado, la instalación más grande del mundo. Un único complejo, ubicado sobre la costa noreste de Qatar, concentra la infraestructura que mueve alrededor del 20% del suministro global de GNL. Ese nivel de concentración es extraordinariamente eficiente en tiempos normales. En tiempos de guerra, es una vulnerabilidad sistémica de primer orden.
El 2 de marzo, ambas condiciones colisionaron.
Cómo fue el primer ataque: la historia reciente
El ministerio de Defensa de Qatar confirmó que un dron había atacado la Ciudad Industrial de Ras Laffan mientras otro impactó un tanque de agua en la planta de Mesaieed Industrial City. Los ataques se produjeron en el marco de la escalada iraní en respuesta a los bombardeos coordinados de Estados Unidos e Israel sobre Irán, iniciados el 28 de febrero. QatarEnergy detuvo la producción de la instalación ese mismo lunes. La empresa confirmó que todo el personal fue contabilizado y que no había bajas en ese momento.
El 4 de marzo, QatarEnergy declaró formalmente fuerza mayor ante sus compradores afectados —la figura contractual que permite incumplir entregas bajo condiciones de fuerza superior— y comenzó a gestionar las consecuencias operativas de un cierre sin precedentes en la historia reciente del sector.
La reacción del mercado fue inmediata. Los precios del gas en Europa subieron hasta un 54% el mismo lunes. En Asia, el índice de referencia de GNL (JKM, del inglés Japan Korea Marker) saltó un 68% en un solo día, la mayor variación diaria en años.
La escala del problema: un «single point of failure» global
Para entender por qué un solo complejo puede sacudir mercados en dos continentes simultáneamente, hay que entender qué es Ras Laffan. Qatar exportó alrededor de 81 millones de toneladas de GNL en 2025, lo que lo convierte en el segundo exportador mundial detrás de Estados Unidos, según Kpler. El país trabaja además en proyectos de expansión para llevar esa capacidad a 142 millones de toneladas anuales hacia finales de la década.

El complejo de Ras Laffan gestiona aproximadamente el 20% del suministro mundial de GNL, lo que implica, según estimaciones de mercado, una pérdida de alrededor de 10.200 millones de pies cúbicos de suministro diario. No hay sustituto inmediato para ese volumen. Estados Unidos, Australia y algunos volúmenes africanos son las alternativas habituales, pero el GNL no se reemplaza como si fuera un commodity sin fricción: requiere capacidad de licuefacción disponible, buques, rutas, regasificación y terminales con espacio y logística.
Alex Munton, director de investigación de gas y GNL en Rapidan Energy, señaló que la reactivación de la producción en Ras Laffan podría tardar considerablemente más que en el caso del petróleo. Las plantas de licuefacción deben reducir los flujos de gas de alimentación antes de una parada para proteger los equipos. Los reinicios, además, exigen procedimientos de enfriamiento escalonados para evitar daños térmicos que comprometan la infraestructura. Con nuevos ataques en curso, ese proceso ni siquiera ha comenzado.
Lo que dijo el CEO: sin reinicio hasta que termine el conflicto
El CEO de QatarEnergy, Saad Sherida Al-Kaabi, declaró al Financial Times que el país no podría reiniciar la producción de GNL en Ras Laffan hasta que el conflicto en Medio Oriente termine por completo. Incluso entonces, señaló, podría tomar semanas retomar la producción y comenzar las entregas normales.
Las cifras logísticas que Al-Kaabi compartió ilustran la magnitud del problema operativo. La empresa movilizó a unas 9.000 personas en 24 horas para evacuar las instalaciones ante la amenaza de nuevos ataques. De los 128 buques tanque de la flota de Qatar, solo seis o siete estaban disponibles en ese momento, ya que el resto se encontraba disperso en distintos puntos del mundo. «Cada barco tarda uno o dos días y se pueden cargar seis o siete a la vez», explicó, para ilustrar cuánto tiempo llevará restablecer la normalidad.
En paralelo, Al-Kaabi advirtió que el proyecto de expansión de u$s 30.000 millones para aumentar la capacidad del yacimiento North Field de 77 a 126 millones de toneladas anuales para 2027 sufriría retrasos inevitables. «Sin duda, retrasará todos nuestros planes de expansión», declaró. «Si volvemos en una semana, quizás el efecto sea mínimo; si es en uno o dos meses, es diferente».
El tono de la advertencia fue más allá de los plazos operativos. Al-Kaabi afirmó que esperaba que todos los exportadores de la región del Golfo terminen declarando fuerza mayor en los próximos días: «Si esta guerra continúa durante unas semanas, afectará al crecimiento del PIB en todo el mundo. El precio de la energía subirá para todo el mundo. Habrá escasez de algunos productos y se producirá una reacción en cadena de fábricas que perderán su capacidad de abastecer de suministros». En el escenario más extremo, proyectó el precio del petróleo en u$s 150 por barril.
Hoy, 18 de marzo: nuevo ataque, daños extensos
Al momento de elaboración de esta nota, Bloomberg reportó que el complejo de Ras Laffan sufrió «daños extensos» tras un nuevo ataque iraní con misiles, horas después de que Irán amenazara con golpear instalaciones energéticas en todo el Golfo Pérsico. QatarEnergy confirmó los daños mediante un comunicado formal, sin aportar detalles adicionales sobre el alcance. La Cancillería qatarí condenó «el brutal» ataque iraní.
Las advertencias iraníes previas al ataque de hoy mencionaban por nombre el complejo de Ras Laffan, la refinería de Mesaieed, el complejo petroquímico Samref de Arabia Saudita y el campo gasífero Al Hosn de los Emiratos Árabes Unidos. El ataque confirma que las advertencias no eran solo retórica.
El efecto en cascada: más allá del GNL
La paralización de Ras Laffan tiene consecuencias que el precio del gas no captura del todo. Qatar produce entre un tercio y más de un tercio del helio mundial, según estimaciones de la industria. Cuando la producción de GNL se detiene, el helio también se detiene: se extrae como subproducto del procesamiento y licuefacción del gas natural. Desde principios de marzo, los precios spot del helio se han duplicado aproximadamente. El impacto alcanza a la industria de semiconductores y los equipos de resonancia magnética, dos cadenas de valor que dependen del helio como insumo irremplazable.
En paralelo, Ras Laffan no fue la única instalación golpeada en la región. Saudi Aramco detuvo operaciones en la refinería de Ras Tanura —una de las mayores refinerías del mundo— tras un ataque con drones el 2 de marzo. Irak suspendió las exportaciones de crudo desde la región semiautónoma del Kurdistán a través del oleoducto Kirkuk-Ceyhan, retirando alrededor de 200.000 barriles diarios de los mercados.
Por qué esto importa para Argentina
El cierre de Ras Laffan tiene dos lecturas para el sector energético argentino. La primera es de mercado: antes del conflicto, el sistema global de GNL anticipaba una transición hacia un mercado de compradores, con abundante oferta de nuevos proyectos estadounidenses. El ataque destruyó ese consenso. Morgan Stanley señaló que cualquier extensión del período de cierre más allá de un mes «conduciría rápidamente a un déficit». Un mercado que pasó de exceso a déficit en días es exactamente el contexto en que los proyectos de licuefacción argentinos encuentran su mayor argumento comercial.
La segunda lectura es geográfica. Vaca Muerta no transita el Estrecho de Ormuz para llegar a los mercados. Sus proyectos —Southern Energy y el consorcio YPF-ENI y Adnoc (XRG)— salen por el Atlántico Sur, con rutas hacia Europa y Asia que no pasan por ninguna zona de conflicto activo. En un mercado que acaba de descubrir que concentrar el 20% del suministro global en una sola ciudad industrial es una vulnerabilidad inaceptable, la geografía distribuida de Argentina es un argumento que no necesita mucha explicación adicional.
La Decisión Final de Inversión de Argentina LNG que encabeza YPF está prevista para la segunda mitad de este año. Se tomará con Ras Laffan todavía sin fecha de reinicio.