El panel de las empresas de servicios suele ser, en cada edición de la AOG Patagonia, una vidriera de fierros. El miércoles por la tarde en el Salón Tromen no fue la excepción. Con la moderación de Ernesto López Anadón, presidente del IAPG, se sentaron Adrián Martínez (Calfrac), Patricio Whitney (SLB), Héctor Gutiérrez (Halliburton) y Andrea Previtali (Tenaris), cuatro de las compañías que dominan la fractura en Vaca Muerta, en el bloque que abrió la segunda jornada del Encuentro con los CEOs. Con matices, los cuatro terminaron hablando de lo mismo: cómo dejar de quemar diésel en las locaciones de Vaca Muerta.
Previtali, presidente de Tenaris para el Cono Sur, presentó el dato como una primicia. Lo contó así: "Prácticamente hoy, estamos haciendo una operación, sacando directamente el gas de pozo y operando las bombas". Se refería a las bombas de mezcla dinámica de gas (DGB, por sus siglas en inglés), la tecnología de su tercer set de fractura. Enseguida aclaró que se trata de gas sin tratar, con un objetivo de sustitución de diésel del 80%, y lo definió, "en algún sentido", como un hito para la Argentina.
Para medir el paso hay que mirar el recorrido. A comienzos de 2026, Tenaris completó sus dos primeras operaciones con bombas DGB, en pads de Tecpetrol, la operadora del Grupo Techint. En esas pruebas la fuente de energía era gas natural comprimido y el reemplazo de diésel llegó al 80%. Francisco Liberatore, director senior de Tenaris Oil & Gas Services, señaló entonces que la tecnología DGB estaba en una etapa temprana de implementación, incluso en el Permian.
En agosto, Tenaris anunció la puesta en marcha de su tercer set de fractura, con 28 bombas DGB también alimentadas con GNC. Ese esquema supone una cadena completa antes de que el combustible llegue a la bomba. El gas se comprime en una planta, se carga, viaja en camión y se regula en locación. Lo que describió Previtali corta esa cadena en el origen.

Por qué el gas de boca de pozo es otro “animal”
Un motor DGB es un dual fuel: conserva el diésel como base y le mezcla gas natural en una proporción que se ajusta en tiempo real según la carga. Funciona bien cuando el gas que recibe es predecible, y el GNC lo es. El gas de boca de pozo cambia todo el tiempo.
Su composición varía de un pozo a otro y en el mismo pozo con los meses. Puede venir húmedo o seco, cargado de hidrocarburos pesados o pobre. También cambian su presión y su temperatura, y a veces trae contaminantes. Cada una de esas variaciones mueve el poder calorífico, que es justamente lo que el motor necesita estable. Con un gas demasiado rico, el equipo termina trabajando por debajo de su potencia, con más emisiones y más desgaste.
Por eso en Estados Unidos el gas de campo, por lo general, pasa antes por unidades de acondicionamiento en la propia locación, con refrigeración o membranas, y las empresas de bombeo lo muestrean a diario para detectar cambios en la mezcla. La fractura le agrega una complicación propia: cuando arranca una etapa, los motores suben de vueltas casi de golpe y la demanda de gas es inmediata. Un sistema de tratamiento convencional no siempre acompaña esa velocidad.
Visto así, el "sin tratar" es la parte más ambiciosa del anuncio. La meta del 80% es la misma que Tenaris ya había alcanzado con GNC, y la apuesta es sostenerla con un combustible mucho menos dócil.
Una cuenca que se aleja del diésel por tres caminos
El anuncio de Tenaris tuvo compañía en el mismo panel. Martínez contó que Calfrac pasó el último año migrando equipos para que bombeen a gas, que ya tiene varios probados en locación y que la idea es llegar en algún momento a equipos 100% a gas. Whitney explicó que SLB está convirtiendo sus sets de diésel a DGB, con tres y medio o cuatro sets en operación según se trabaje en zipper o en dual. Agregó que la compañía ya tiene visualizados dos equipos full gas, que traerá en la medida en que haya contratos.
Gutiérrez fue por otro lado. Contó que Halliburton está en el proceso de arrancar su primer set completamente eléctrico, que presentó como el primero de ese tipo que va a trabajar fuera de Estados Unidos. Es la primera de las cuatro flotas eléctricas que la compañía comprometió con YPF. El ejecutivo recordó que el combustible es un costo operativo importante.
Son tres caminos distintos: dual fuel, motores 100% a gas y electrificación, con el mismo objetivo de sacar el diésel de la locación. La jugada de Tenaris apunta a otro eslabón, el que lleva el gas desde el yacimiento hasta la bomba.
Previtali recordó que la compañía empezó hace cinco años en el negocio de fractura y que en los últimos años invirtió u$s 250 millones en estos servicios en la Argentina. Según dijo, la inversión no generó cuestionamientos internos y, al contrario, hubo empuje para hacer más. Hoy opera tres sets de coiled tubing. El último, recién comprado, trae un tubo de 2,5 pulgadas pensado para pozos cada vez más largos.
También habló de productividad. Según Previtali, Tenaris trasladó a la fractura la lógica de mejora continua de sus líneas de producción de tubos, donde los ciclos se miden en segundos. En los últimos meses, la compañía bombea más de 22 horas por día, y su razonamiento es que, a igual producción, la cuenca necesita menos sets de fractura.
Otro anuncio apunta a un cuello de botella distinto. A comienzos de 2027 empezará a operar un servicio llave en mano para construir la guía, el tramo inicial del pozo, con el objetivo de bajar la demanda de equipos de perforación, que Previtali describió como un cuello de botella para todo el desarrollo de Vaca Muerta.