El calendario marca el martes de esta semana.
Ese día, YPF y Transportadora de Gas del Sur (TGS) firmarán el acuerdo que convierte a la petrolera en el primer abastecedor del mayor proyecto de procesamiento de líquidos del gas natural (LGN) que se construye en el país, que la transportadora bautizó NGL's, según pudo confirmar Shale24 a partir de una alta fuente vinculada a las negociaciones.
La compañía que conduce Horacio Marín no entra como accionista, sino como productora y cargadora del gas rico que extrae en Vaca Muerta.
El compromiso es vinculante y se extiende por 15 años.
YPF aportará alrededor del 50% del gas que podrá procesar la nueva infraestructura, pagará una tarifa de procesamiento en Neuquén y le venderá a TGS los líquidos resultantes. Ese contrato es la pieza que faltaba: destraba la ingeniería financiera del plan y acelera su presentación formal ante el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que la transportadora hará en los próximos días.
Detrás de YPF se ordena una fila. Chevron, Pluspetrol y Tecpetrol negocian con TGS sumarse en condiciones similares para completar la oferta de gas, confirmaron las mismas fuentes a Shale24. Ninguna de esas operadoras rubricó todavía, pero el esquema quedó definido: quien produzca crudo en la cuenca necesita un destino para el gas asociado, y este proyecto se lo ofrece.

El gas que destraba al petróleo
La lógica del negocio es geológica antes que comercial. El gas de Vaca Muerta contiene entre 25% y 30% de componentes licuables, frente al 10% de un gas natural estándar. Esa riqueza, que hoy se evacúa con dificultad, es la que el proyecto busca capturar y monetizar, en productos cuyos precios duplican o triplican el del metano que se quema en hogares, centrales e industrias.
El cuello de botella es conocido. El crudo no convencional llega acompañado de volúmenes crecientes de gas, y sin capacidad para separarlo y transportarlo, ese gas termina frenando la extracción de petróleo. La meta de la industria, alcanzar 1,5 millones de barriles diarios en la próxima década, depende de resolver ese nudo. La planta de TGS lo ataca de raíz: separa propano, butano y gasolina natural, productos cuya demanda interna ya está cubierta y que tienen colocación inmediata afuera.
Es, además, la primera planta de procesamiento de gran escala que se levanta en la Argentina en 25 años. Se suma a los complejos de Cerri, de la propia TGS, y de Compañía Mega, la sociedad que integran YPF, Petrobras y Dow, que esta semana inauguró una ampliación en Bahía Blanca.
Fue en esa circunstancia donde Marín adelantó el movimiento. Tras la inauguración de la obra de Mega, el presidente y CEO de YPF anticipó que el directorio había aprobado el ingreso al proyecto y que la compañía sería la primera en firmar con TGS, con otras productoras detrás. Equiparó la nueva infraestructura a una segunda planta del porte de Mega para la ciudad y la enmarcó en la generación de valor: poner el gas en especificación para el consumo interno y alimentar un polo petroquímico en expansión.

La carrera al financiamiento
Con la oferta de gas asegurada, el proyecto entra en su fase decisiva, el cierre financiero. TGS negocia con Citi, Santander y JP Morgan un paquete de alrededor de u$s 1.000 millones, todavía sin definir. Es la misma arquitectura de deuda que probó el oleoducto VMOS, el caso testigo del midstream argentino reciente.
La compañía conoce el terreno. En su último balance trimestral, el segmento de líquidos fue el de mejor desempeño, con una suba del 51,4% en su resultado operativo, y el FID, la decisión final de inversión, es la pregunta que los analistas le repiten a la conducción en cada presentación de resultados. La firma con YPF acerca esa definición.
El proyecto demandará u$s 3.000 millones, repartidos entre Neuquén y Bahía Blanca. Contempla 2 módulos adicionales en la planta de Tratayén, que elevarán su capacidad de los 28 a los 43 millones de metros cúbicos diarios, un salto superior al 50%; un poliducto de unos 573 kilómetros que llevará la mezcla de líquidos hasta Bahía Blanca, atravesando cuatro provincias; y una planta de fraccionamiento de 2,7 millones de toneladas anuales con terminal de exportación. La obra se extenderá por unos 45 meses y proyecta exportaciones por u$s 1.300 millones al año.
La presentación ante el RIGI se estructura en 2 Vehículos de Proyecto Único (VPU), hoy en manos exclusivas de TGS, que podrían abrirse a un socio más adelante. La adhesión al régimen, que ofrece estabilidad fiscal por 30 años, es la llave que vuelve financiable una inversión de esta escala.
El martes, con la firma de YPF, el proyecto deja de ser un anuncio.