El Ministerio de Economía envió al Congreso el Informe de Avance sobre la Elaboración del Presupuesto 2027, el documento de 17 páginas que abre formalmente el proceso de la ley que deberá ingresar antes del 15 de septiembre.
Lo firman el ministro Luis Caputo y el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y ratifica el equilibrio fiscal como eje para el trienio 2027-2029. A diferencia de años anteriores, el texto no trae proyecciones de inflación, tipo de cambio ni comercio exterior. En las pocas definiciones económicas que sí ofrece, la energía funciona como el sostén implícito de todo el andamiaje.
El informe sostiene que el crecimiento del Producto Interno Bruto de 2027 se apoyará en una mejora de la inversión, la recuperación del consumo privado y "el sostenimiento de una contribución positiva del sector externo". Sobre los recursos, proyecta "un leve incremento real anual" para el trienio, "principalmente impulsado por la variación de la actividad y el incremento de las exportaciones". Son las dos vigas del escenario fiscal: un saldo externo que empuja la actividad y unas exportaciones que sostienen la recaudación. El documento no pone cifras sectoriales a ese empuje.

El saldo externo que hoy traccionan el crudo y el gas
La composición del comercio exterior de la Argentina completa lo que el avance deja abierto. En mayo de 2026, el petróleo crudo fue el principal producto de exportación del país, por encima del maíz y de la harina de soja, según el Intercambio Comercial Argentino del INDEC. El rubro Combustibles y Energía trepó al 18,3% de las ventas externas del mes, más del doble de su peso un año antes. En 2025, la balanza energética había cerrado con un superávit de u$s 7.815 millones, el mayor de la serie, y aportó siete de cada diez dólares del superávit comercial total. En el mercado de cambios, el Banco Central registró en abril de 2026 un máximo histórico de liquidación del sector.
Ese es el sector externo cuya contribución positiva el Presupuesto 2027 da por descontada. No es una abstracción macroeconómica: es crudo de Vaca Muerta embarcado en Punta Colorada y gas procesado en el sur. La cuenta de crecimiento que el Gobierno presenta como fruto de la estabilización descansa, en los hechos, sobre una curva de producción no convencional y sobre la infraestructura que permite sacarla.
Balanza energética, de resultado a objetivo
El único lugar donde el informe nombra al sector de manera directa es el capítulo de inversión pública. Entre los criterios para priorizar los proyectos nuevos, el Gobierno enumera los que generen empleo, impulsen las exportaciones, "mejoren la balanza energética", favorezcan el desarrollo tecnológico o cuenten con financiamiento externo. La balanza energética pasa así de resultado a objetivo: una vara para decidir qué obra entra y qué obra queda afuera de un universo que se achica. La demanda de inversión pública para el trienio cayó a 1.765 proyectos, frente a los 4.496 pedidos para 2025.
El criterio no es neutro para el sector. La saturación del sistema de alta tensión que traba el despacho renovable y la evacuación desde las cuencas, y las obras de transmisión que el Estado volvió a licitar bajo concesión, como AMBA I, compiten ahora por un cupo de obra pública explícitamente sesgado hacia lo que mejore el saldo externo. Una línea que habilite exportación pesa distinto que una que solo abastezca demanda interna.

La hidroeléctrica que ya aportó a la caja
El documento deja una pista concreta de cuánto pesa la energía en las cuentas, y está en la ejecución, no en la proyección. Entre enero y mayo de 2026, los recursos de capital incorporaron $1.039.903,3 millones provenientes de la licitación para la operación privada de las centrales hidroeléctricas. El propio informe aclara que, sin esos ingresos, el superávit primario del período habría bajado de $8.425.328,7 millones a $7.385.425,4 millones. La privatización de un activo energético explicó, entonces, una porción no menor del resultado fiscal que el Gobierno exhibe como ancla. Es el mismo mecanismo que ordenó la venta del paquete térmico del Estado, ahora del lado hidroeléctrico y computado como ingreso de capital.
La apuesta depende de los ductos
La apuesta tiene una condición de borde que el informe da por resuelta: la infraestructura de evacuación. El salto exportador de crudo que hoy encabeza el ranking del INDEC se apoya sobre ductos que recién se completan. El oleoducto VMOS, con primer despacho previsto para enero de 2027, ensancha la capacidad de sacar el crudo de la Cuenca Neuquina hacia el Atlántico. Sobre ese calendario descansa buena parte del incremento de las exportaciones que el Presupuesto 2027 da por hecho. Cada trimestre de demora en esa infraestructura es un trimestre menos en el supuesto fiscal.
El proyecto completo llegará al Congreso antes del 15 de septiembre, con las proyecciones de inflación, tipo de cambio y comercio exterior que el avance dejó pendientes. Recién entonces se sabrá si el Gobierno le pone números a la apuesta energética que, por ahora, sostiene su cuenta de crecimiento sin escribir la palabra Vaca Muerta.