SAESA, la comercializadora de gas natural y energía eléctrica que preside Juan Bosch, planteó una iniciativa privada para reactivar la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) de Arroyito, en Neuquén, con un objetivo concreto: tomar gas de Vaca Muerta como insumo y producir agua pesada (D2O) para el mercado global. La instalación lleva casi una década sin actividad comercial.
El anuncio llegó a través de un posteo en X. En el mensaje, Bosch resumió la idea como el gas de Vaca Muerta puesto al servicio del mercado mundial de agua pesada, un insumo que, enumeró, demandan los equipos médicos, medicamentos, semiconductores y la energía nuclear.
Sostuvo que la PIAP "puede liderar ese mercado" y presentó la propuesta como una vía para salir de la inactividad agregando valor y exportaciones con capital privado. El texto estuvo dirigido al Gobierno nacional: etiquetó al presidente Javier Milei y a los funcionarios Luis Caputo y Pablo Quirno.

El planteo agrega un eslabón nuevo a la discusión sobre el gas neuquino, hasta ahora concentrada en la exportación de GNL y en el abastecimiento interno.
Una planta inactiva desde 2017
La PIAP es propiedad de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la opera la Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería (ENSI), sociedad que integran la CNEA y la provincia de Neuquén.
Está emplazada en Arroyito, sobre la margen del río Limay, y fue inaugurada en 1993. Con una capacidad de diseño de 200 toneladas anuales, la CNEA la describe como la mayor planta de agua pesada del mundo.
Desde 2017 la planta no registra producción comercial continua. La interrupción, dispuesta durante la gestión de Mauricio Macri, obligó a la CNEA a importar agua pesada desde Rumania para abastecer a las centrales nucleares locales, que usan ese insumo en reactores de uranio natural como Embalse y Atucha I y II. Distintos planes de reactivación impulsados desde el Estado en los últimos años no llegaron a concretarse.
El atractivo de la propuesta pasa por la integración. La planta separa deuterio a partir de hidrógeno derivado del gas natural, de modo que una PIAP reactivada consumiría volúmenes relevantes de gas neuquino como materia prima. Para una comercializadora como SAESA, cuyo negocio central es la compraventa de gas y de electricidad, el esquema convierte un commodity abundante y barato en un producto de altísimo valor por kilo.
Es la misma lógica del multiplicador energético que ordena buena parte de la agenda local: agregar valor en origen para multiplicar los dólares por unidad de recurso. En 2025, la balanza energética aportó la mayor parte del superávit comercial argentino, y el salto exportador previsto para 2026 descansa sobre el gas y el petróleo de Vaca Muerta. El agua pesada sería un derivado de nicho dentro de ese mismo recurso.
Para qué sirve el agua pesada y dónde está la demanda
El agua pesada se emplea como moderador y refrigerante en los reactores que funcionan con uranio natural. Es un bien de capital que se carga al inicio de la operación y se repone en proporciones bajas, de entre uno y dos por ciento al año. Por eso la demanda interna es, sobre todo, de reposición para las tres centrales en operación, un volumen acotado.
El argumento exportador es más exigente. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) señaló que la generación nuclear marcó un récord en 2025 y que seguirá creciendo de forma sostenida hasta 2030, traccionada por nuevos reactores en China, India y Corea y por reinicios en Japón. Sin embargo, la mayor parte de esa nueva capacidad usa agua liviana, no pesada, y el impulso adicional llega de los reactores modulares pequeños, que también operan con agua liviana.
El mercado natural del D2O queda acotado al segmento de uranio natural y a usos industriales y médicos: la viabilidad del proyecto depende de capturar esa demanda de nicho a un precio que justifique la reactivación.