Cinco empresas del sistema nuclear argentino comparten stand esta semana en Dallas.
INVAP, Dioxitek, CONUAR, Nucleoeléctrica Argentina e IMPSA integran la delegación que encabeza el secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, en el Nuclear Energy Conference & Expo, que sesiona en el Hilton Anatole entre el lunes 24 y el jueves 27 de agosto.
El encuentro lo organizan de manera conjunta la American Nuclear Society y el Nuclear Energy Institute, las dos entidades que impulsan la conversación técnica e institucional del sector en Estados Unidos. Va por su segunda edición, convoca a más de mil profesionales y reúne a más de un centenar de expositores entre operadores de centrales, desarrolladores de reactores avanzados, proveedores industriales, reguladores e inversores. La Secretaría lo describió como el mayor encuentro nuclear del país del norte.
La oferta que llevó la comitiva quedó acotada a tres eslabones concretos de la cadena global: la fabricación de componentes, los servicios de ingeniería y mantenimiento nuclear y la formación de cuadros técnicos especializados. Los tres son insumos de la cadena de suministro de terceros.

Por qué esos tres eslabones y no otros
La selección no es improvisada. Responde a la jerarquía que fijó el documento de política sectorial que la Secretaría publicó en mayo, y que este medio analizó en su momento en las diez claves de los Lineamientos de Política Nuclear Argentina 2026.
Ese texto establece la actividad en torno a cuatro objetivos y establece que, cuando dos entran en tensión, prevalece el de mayor rango. El primer objetivo jerarquizado es la exportación de productos y servicios de alto valor agregado en aquellos segmentos donde el país dispone simultáneamente de capacidad instalada, conocimiento acumulado y ventana de mercado favorable. La generación eléctrica doméstica figura segunda; la preservación de capacidad tecnológica, tercera; el posicionamiento regional, cuarta.
El documento también define por exclusión. Deja fuera del perímetro exportador prioritario al uranio en concentrado mineral sin procesamiento ulterior, por tratarse de un segmento de bajo margen donde el país no presenta ventajas frente a productores de escala extractiva mayor. Deja fuera la transferencia de tecnología como modalidad autónoma, salvo que se ejecute dentro de un proyecto de exportación de alcance industrial. Y deja fuera cualquier operación cuya viabilidad dependa de subsidios cruzados con recursos públicos argentinos.
Lo que queda afuera de esas tres exclusiones es, exactamente, lo que se exhibió sobre la mesa del stand.

Quién es cada uno en la cadena
La composición de la delegación cubre tramos distintos del ciclo. INVAP aporta cinco décadas de diseño, construcción y exportación de reactores de investigación, la línea con la que el país acumuló ventas efectivas en el exterior. Dioxitek convierte el concentrado en dióxido de uranio y produce fuentes de cobalto-60 para uso médico e industrial. CONUAR fabrica los elementos combustibles de las centrales locales.
Nucleoeléctrica opera Atucha I, Atucha II y Embalse, y traslada al terreno comercial la experiencia de operación y de extensión de vida útil de un parque de tecnología pesada. IMPSA suma capacidad de fabricación de equipamiento de gran porte, la misma línea con la que viene buscando contratos en Norteamérica en el segmento hidroeléctrico.
Del stand privado a la comitiva oficial
Hay un antecedente inmediato y es reciente. En mayo, CONUAR ocupó por su cuenta un stand en el Austin Convention Center, en un evento del segmento de reactores modulares, en lo que este medio cubrió como la jugada de los Pérez Companc para exportar capacidad nuclear. La compañía está controlada en dos tercios por capital privado, con la Comisión Nacional de Energía Atómica como socia minoritaria del tercio restante.
El documento de mayo establece la estructura y remite al modelo CONUAR. Recomienda que el conjunto de las empresas del sector converja hacia ella: socio mayoritario privado que aporta capital y asume riesgo, CNEA como socia minoritaria que aporta tecnología y personal. Tres meses después de Austin, la diferencia es que el Estado dejó de mirar y armó la comitiva.
El interés externo por la capacidad técnica local ya tuvo expresión en sentido inverso. En julio, una compañía de capital estadounidense llevó al Ministerio de Economía una propuesta de u$s 1.200 millones para instalar un reactor modular en Atucha, sobre un desarrollo que tiene base en ingeniería de INVAP.