Naciones Unidas: Rafael Grossi quedó a dos votos del umbral en el primer sondeo del Consejo de Seguridad por la Secretaría General del organismo

Reunió siete votos favorables sobre quince y terminó tercero. Arrastra seis abstenciones, el bloque indefinido más grande entre los punteros, y dos votos en contra cuyo origen todavía no puede identificar

por Martin Oliver

Para ser recomendado a la Asamblea General necesita al menos nueve votos favorables y ningún veto de cinco miembros permanentes. Grossi tiene siete

El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, quedó a dos votos o apoyos del umbral que necesita para que el Consejo de Seguridad lo proponga como próximo secretario general de las Naciones Unidas

Según pudo saber Shale24, en el primer sondeo informal, celebrado a puertas cerradas la semana pasada, el candidato argentino reunió siete votos de "alentar" sobre quince posibles, dos de "desalentar" y seis "sin opinión". Terminó tercero, detrás de las dos candidatas del Caribe y Centroamérica.

Adelante quedaron dos mujeres. La costarricense Rebeca Grynspan, secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, obtuvo diez apoyos, un voto en contra y cuatro abstenciones. La guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, excanciller y representante permanente de su país ante la ONU, quedó segunda con nueve, dos y cuatro. Los números circularon por vía diplomática: el Consejo resolvió mantener los resultados en reserva y comunicarlos a cada candidato a través del representante permanente del Estado que lo nominó. En el caso de Grossi, la misión argentina ante las Naciones Unidas.

Para ser recomendado a la Asamblea General un aspirante necesita al menos nueve votos favorables y ningún veto de los cinco miembros permanentes. Grossi tiene siete. Le faltan dos, y los tiene que sacar del bloque que no se pronunció.

Los seis que no dijeron nada

El bloque de abstenciones funciona en las dos direcciones. Grossi acumula seis "sin opinión" contra cuatro de cada una de las dos punteras: es el reservorio más grande de votos todavía disponibles y también la señal de que dos quintos del Consejo prefirieron no comprometerse en la primera ronda. Los quince que votaron son los cinco permanentes, Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido, más los diez electos: Baréin, Colombia, Dinamarca, Grecia, Letonia, Liberia, Pakistán, Panamá, la República Democrática del Congo y Somalia.

El riesgo real está en los otros dos. En esta etapa del proceso, los quince miembros votan con boletas idénticas, de modo que un voto negativo no revela si salió de un miembro permanente o de uno electo. Recién en las rondas siguientes las boletas de los permanentes pasan a tener un color distinto. Un "desalentar" de cualquiera de los cinco con derecho a veto termina una candidatura, y Grossi todavía no sabe si alguno de los dos que recibió vino de ahí.

La costarricense Rebeca Grynspan, secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, obtuvo diez apoyos, un voto en contra y cuatro abstenciones

Siete candidatos y una región que reclama el turno

La competencia tiene siete nombres, cuatro mujeres y tres hombres. 

Además de Grossi, Grynspan y Rodrigues-Birkett compiten la chilena Michelle Bachelet, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, el senegalés Macky Sall y el ugandés Olara Otunnu. Cinco de los siete provienen de América Latina y el Caribe, una región que nunca ocupó el cargo y sostiene que le corresponde por rotación informal. La otra presión del proceso empuja en dirección de las dos primeras: en ocho décadas de historia, ninguna mujer condujo la organización.

Grossi es el aspirante de mayor perfil público del grupo, por su gestión al frente del organismo que verifica el programa nuclear iraní y monitorea la central de Zaporiyia en zona de guerra. Aun así, quienes siguen el proceso descartan que exista un favorito definido y anticipan una selección prolongada. Richard Gowan, director del programa de instituciones y asuntos globales del International Crisis Group, describió a la organización como una estructura a la deriva, atravesada por crisis financieras recurrentes y por su marginación política en un escenario de competencia geopolítica. El actual secretario general, António Guterres, termina su segundo mandato de cinco años el 31 de diciembre de 2026.

La segunda consulta informal todavía no tiene fecha. El embajador Zénon Mukongo Ngay, representante permanente de la República Democrática del Congo y presidente del Consejo durante julio, informó que la definición quedaba en manos de Dinamarca, a cargo de la presidencia rotatoria durante agosto.

La guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, excanciller y representante permanente de su país ante la ONU, quedó segunda con nueve, dos votos en contra y cuatro abstenciones

Por qué le importa al sector nuclear argentino

El resultado del jueves tiene una lectura local que excede la carrera diplomática. Grossi conduce el OIEA desde diciembre de 2019 y la Junta de Gobernadores lo reeligió por aclamación para un segundo mandato que empezó el 3 de diciembre de 2023 y se extiende hasta el 2 de diciembre de 2027. El próximo secretario general de la ONU asume el 1° de enero de 2027. Si Grossi gana, deja la dirección general del organismo once meses antes de que venza su mandato en Viena.

Esa vacante anticipada la resolvería la Junta de Gobernadores del OIEA, integrada por treinta y cinco países, que la Argentina integra. El segundo representante del país ante ese cuerpo es el presidente de la Autoridad Regulatoria Nuclear, cargo que cambió de titular el 1° de agosto por el Decreto 694/2026. El país que puso al primer latinoamericano en la conducción del organismo tendría que negociar la sucesión sin garantía de retener el cargo.

El calendario no ayuda. La definición en Nueva York corre en paralelo al año en que el Plan Nuclear Argentino entra en su fase de ejecución, con la reestructuración de la Comisión Nacional de Energía Atómica ya firmada, la apertura al capital privado en marcha y una iniciativa privada para construir el primer reactor modular en el predio de Atucha que no puede iniciar obra sin licenciamiento de la ARN.