Thiel Macro LLC presentó hace diez días la información correspondiente al trimestre cerrado el 30 de junio. Declaró ocho tenencias por un valor conjunto de u$s 418 millones.
Amazon.com encabeza el libro con 495.000 acciones por u$s 117.978.300, el 28,18% del total. Vistra Corp aparece con 372.755 títulos por u$s 59.130.126. Y en el último renglón, con u$s 3.672.000 sobre 200.000 acciones Clase A, figura X-Energy, el desarrollador de reactores modulares que salió a Nasdaq el 24 de abril a u$s 23 por acción.
Los tres son los eslabones de una misma operación. En los hechos, los une la propia Amazon.
El balance anual de Vistra al 31 de diciembre de 2025 declara 43.641 megavatios netos de capacidad instalada, de los cuales 6.448 son nucleares: las dos unidades de Comanche Peak en el mercado de Texas, más Beaver Valley, Perry y Davis-Besse en el corredor PJM. Ese mismo documento informa que en septiembre de 2025 la compañía firmó un contrato de abastecimiento a veinte años, prorrogable por otros veinte, para entregarle a Amazon Web Services 1.200 megavatios libres de carbono desde Comanche Peak. Un segundo acuerdo compromete 2.609 megavatios de las centrales de PJM con Meta.
X-Energy cierra el circuito por el otro extremo. Amazon ancló su ronda Serie C-1 de u$s 500 millones en octubre de 2024 y comprometió el despliegue de cinco gigavatios de reactores Xe-100 hacia 2039. La tecnología es un reactor de lecho de bolas refrigerado por gas, de 80 megavatios por unidad, alimentado con uranio de bajo enriquecimiento.
El fondo compró al offtaker de la energía, al operador de la flota nuclear que hoy se la vende y al desarrollador de los reactores que se la venderían después. Los cuatro renglones eléctricos restantes completan el cuadro: American Electric Power por u$s 42.221.892, DTE Energy por u$s 40.294.247, FirstEnergy por u$s 39.901.225 y CMS Energy por u$s 39.559.986, todas empresas eléctricas reguladas del centro y el este de los Estados Unidos.
La tesis estaba escrita hace una década
Nada de eso es improvisado. Thiel sostiene desde hace quince años una idea: hubo progreso acelerado en los bits, el software y las redes, y estancamiento en los átomos, la energía, el transporte y la medicina. Fija el quiebre alrededor de 1970 y usa la jubilación del Concorde como emblema.
En ese esquema, la energía nuclear es el caso testigo. A fines de noviembre de 2015 firmó en el New York Times un artículo titulado The New Atomic Age We Need, donde apuntó que la eólica y la solar sumadas aportaban menos del 2% de la energía del mundo y no crecían al ritmo necesario para desplazar a los combustibles fósiles.
En el mismo texto recordó que la Comisión de Energía Atómica había proyectado en los años sesenta mil centrales nucleares operando en su país hacia el año 2000, y que la cifra real ronda las cien. El abandono del programa civil aparece ahí como el error fundacional del estancamiento.
En una entrevista publicada por el mismo diario en junio de 2025, sostuvo que la inteligencia artificial es la única candidata seria a romper ese estancamiento de medio siglo. Ahí cierra el razonamiento: la inteligencia artificial es un fenómeno de bits cuyo límite físico está del lado de los átomos, y la respuesta que él nombró hace una década es la que hoy figura en su formulario.
El bloque argentino y geográfico de la mano de Vista Energy
La segunda línea del libro no pertenece a ese circuito eléctrico. Son 1.189.792 ADS de Vista Energy por u$s 75.908.730, el 18,13% de la cartera declarada y el único activo no estadounidense del conjunto.
El precio implícito por título es de u$s 63,80. Cada ADS representa una acción serie A y la compañía informó 104.299.703 en circulación al cierre de 2025, según su prospecto anual de abril. La tenencia equivale al 1,14% del capital, muy por debajo del 10% a partir del cual el estatuto de Vista exige aprobación previa del directorio para cualquier adquisición, y por debajo del 5% que obligaría a informar el paquete en un formulario separado. Es una participación financiera, sin implicancia societaria.
Vista es el único papel que, por ahora, no termina en un centro de cómputo.
Produce petróleo no convencional en la cuenca neuquina para exportar, y en julio presentó su solicitud de adhesión al RIGI por Bandurria Norte, por u$s 5.800 millones y 332 pozos. El desajuste es con el circuito eléctrico. Dentro de la propia distinción de su comprador, el shale y la fisión están del mismo lado del tablero: siete renglones apuestan al electrón y uno a la molécula, y los ocho son átomos.
Durante ese mismo trimestre la Argentina publicó, en mayo, sus lineamientos de política nuclear con apertura al capital privado. Dos días después del cierre contable, Meitner Energy llevó al Ministerio de Economía una propuesta de u$s 1.200 millones por el primer ACR-300 en Atucha. El Súper RIGI, con media sanción de Diputados desde junio y sin dictamen firmado en el Senado, incorpora los reactores modulares y los centros de datos entre las industrias alcanzadas.
Existe, entonces, un andarivel argentino equivalente al que el fondo compró en el hemisferio norte. Lo que falta es una forma de comprarlo: ninguno de esos activos cotiza. Nucleoeléctrica, INVAP y CONUAR no tienen acciones en el mercado, y el titular de la patente del ACR-300 es una compañía cerrada.