En los pasillos de la AOG Patagonia 2026, en Neuquén, Shale24 conversó con Germán Wilson, vicepresidente de Operaciones y country manager de Finning Argentina y presidente de la Cámara de Comercio Argentino Canadiense. Finning, de origen canadiense, es el mayor distribuidor de Caterpillar del mundo y representa a la marca en la Argentina desde hace 23 años.
Wilson, chileno radicado en el país, describe un momento distinto para la compañía. El negocio que históricamente sostuvo a Finning fue la construcción, atada a la obra pública. Ahora empujan con fuerza la minería y el petróleo y el gas, y la empresa se fijó una meta de crecimiento que, según dijo, supera tres veces su tamaño actual de acá a 2030.
En la charla, Wilson comparó el despegue minero con lo que fue Vaca Muerta hace diez años, explicó por qué la escasez de técnicos es el mayor cuello de botella y planteó que la Argentina tiene condiciones para pelear inversiones en data centers.
-Finning lleva 23 años en la Argentina y siempre se apoyó en la construcción y la obra pública, pero vos hablás de un punto de inflexión, con la minería en particular. ¿Qué cambió en el negocio y cómo se prepara la compañía para un salto de esa magnitud?
-Lo que cambió es la minería, y también el petróleo y el gas, que tienen una demanda importante. Tenemos tres verticales: minería; energía, que incluye oil & gas, generación y motores industriales; y construcción. Tradicionalmente nuestro negocio más fuerte fue la construcción, muy vinculada a la obra pública. Con el cambio de era que tuvo la Argentina, se están potenciando fuertemente las otras dos. En paralelo pasa algo muy disruptivo en las capacidades necesarias para sostener la proyección de crecimiento de los próximos cinco años, que no es una mirada tan larga. Eso exige un nivel de actividad superlativo.
Además de la cantidad de actividad, estamos enfocados en cambiar la forma en que hacemos las cosas, y la capacitación es un ejemplo. La malla curricular tradicional de Caterpillar demora unos cuatro años, cuatro años y medio en preparar a un técnico completo. La mirada moderna, que es una conversación global, trabaja con módulos de competencias específicas, como un lego que arma el perfil técnico que necesita cada aplicación. La gracia es que acelera la capacitación: en lugar de un técnico generalista que pueda hacer de todo, sacás más rápido un técnico específico de motores, y después viene el proceso de mentoría y seguimiento con nuestra base.
-Ustedes forman a su propio personal, pero ¿la capacitación también llega a los clientes? ¿Qué parte del negocio pasa por el servicio que viene después de vender el equipo?
-Sí. En oil & gas vendemos componentes que forman parte, por ejemplo, de una planta de compresión de gas; en el resto vendemos productos terminados. En ambos casos nos ocupamos del mantenimiento y de tener capacitación específica disponible, y trabajamos la operación, sobre todo en maquinaria. La nueva era de la minería trae tecnologías que hoy llegan al país. Traer el fierro es la primera etapa, la que abre la puerta. Después viene la adopción de tecnologías, de nuevas formas de operación y de estrategias de mantenimiento superadoras de lo que se hace hoy. Es otra escala.
-Hablemos de esa diferencia de escala. ¿Qué desafío le plantean los proyectos mineros a Caterpillar y al país? Decías que no hay maquinaria suficiente y que ni siquiera está en el país la que se va a necesitar.
-Tenemos que seguir educando a la sociedad sobre el impacto real de la gran minería en la economía. Cuando entren en producción estos proyectos, se van a requerir equipos que hoy no existen en el país. Y no solo los necesita la minera: los contratistas que trabajen para ellas, con metas de eficiencia, de movimiento de tierra o de plazos de construcción de infraestructura, tienen que tener una capacidad que todavía no existe. Esa escala atraviesa toda la cadena, porque demanda capacidades de reparación y tecnologías que hoy no están. Nosotros, como proveedor primario, necesitamos desarrollar proveedores secundarios, y tenemos un programa para transferirles estándares, tecnologías y modelos de operación y de evaluación, para que puedan sostener lo que se viene.
-Hace un rato te preguntaba si la minería es hoy lo que fue Vaca Muerta hace diez años. Dijiste que hay puntos en común, pero también diferencias, y diste un plazo de dos o tres años para que la minería irrumpa con fuerza. ¿Qué la distingue de aquel arranque del shale?
-Hay dos diferencias. La primera, y para mí el mayor cuello de botella, es el personal técnico. Vaca Muerta no tuvo que competir con otra industria que estuviera floreciendo. Ahora hay un entorno competitivo, con técnicos que se mueven de una industria a otra, y eso se va a agudizar porque la escasez es muy grande. A veces se discute si tiene que ser gente local o no, y eso es una raya en el agua frente a lo que va a pasar en dos o tres años. Por eso es tan importante la colaboración público-privada para fortalecer los programas de formación y que la gente empiece a capacitarse ahora, porque cuando venga la ola no vamos a dar abasto.
La segunda diferencia es que Vaca Muerta concentra gran parte de la actividad en la provincia de Neuquén. Los seis grandes proyectos greenfield de la Argentina están repartidos en tres o cuatro provincias. Cada una tiene su propio desafío logístico, con distancias largas y lugares remotos, y hay que buscar escala para generar inversión. Es un negocio que no se puede pensar sin un horizonte de 30 o 40 años, y por eso es tan relevante la ventana de oportunidad que se le abre a la Argentina.
-Cuando hablás de la irrupción de la minería y de los desafíos que va a traer, ¿en qué desarrollos estás pensando? ¿En el litio, en el cobre, en el oro?
-La minería en general es un desafío importante, pero la escala de la minería metalífera es de otro nivel. La minería de Chile, un país con el que tenemos muchos puntos en común en reservas, muestra la escala de la oportunidad. Donde mires hay un potencial de crecimiento gigante, y estamos en etapas muy embrionarias. Hablé con gobiernos provinciales sobre cómo apoyan a las empresas y sobre el rol de las PyMEs. Para mí los elementos son claros: transferencia de estándares, conocimiento de tecnología y financiamiento, donde muchas veces el gobierno provincial cumple un rol. Así se construye un ecosistema. La mirada es colaborativa.
-¿Qué desafíos enfrenta Finning en la Argentina y cómo se ve el negocio de Caterpillar a nivel internacional, donde la demanda de energía de los data centers empieza a pesar?
-Desafíos de crecimiento. Aspiramos a que la compañía sea más de tres veces más grande de acá a 2030 en la Argentina, por la disrupción minera. En construcción también hay una transformación de la obra pública al contratismo privado, y las flotas que se usaban para obra pública muchas veces son antiguas, no cumplen los estándares para pasar a la minería y no tienen la opción tecnológica. Estamos abocados a eso. Como estamos insertos en cadenas de valor productivas, el desafío es ahora, no dentro de tres años.
A nivel global, Caterpillar viene de una racha muy positiva. El precio de la acción, en línea con el de Finning, está en niveles prácticamente récord de los últimos doce meses, por el crecimiento muy potente de distintas industrias. Un ejemplo es lo que pasa con los data centers y la inteligencia artificial, que hoy requieren energía propia. Para Caterpillar es una oportunidad enorme en el negocio de generación.
Por eso se habla desde el Gobierno de un Súper RIGI para atraer inversiones en data centers. Hoy la Argentina no está en ese mapa y Chile sí. Pero el país tiene una serie de bendiciones: energía abundante y de bajo costo; climas fríos, que son muy relevantes porque no hay que gastar energía en enfriar; y talento humano para desarrollarlo. Todo apunta a que el país tiene para más. Hoy la Argentina está en el mapa de Caterpillar como un foco importante de crecimiento, y la cantidad de soporte y de visitas que recibimos cada semana es impresionante.
Las palabras de Wilson llegan en un año en que la cartera minera acelera: el RIGI ya aprobó a Vicuña como el primer proyecto de cobre con categoría de exportación estratégica de largo plazo y el sector se prepara para su mayor expansión laboral en décadas. Para Finning, ese crecimiento empieza en el taller y en el aula.