Política nuclear con la OIEA

Sin producir uranio desde 1997, el Gobierno repasó las condiciones para reabrir la minería y acelera junto a Mendoza la remediación de Sierra Pintada

El secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, repasó con el jefe de Combustible Nuclear del organismo los resultados de la misión de noviembre de 2025. En San Rafael, con la Provincia como autoridad de control y la Universidad Nacional de Cuyo como auditora, la CNEA terminó de impermeabilizar las cisternas y construye la planta que completa el tratamiento del agua de cantera en el mayor yacimiento del país

María Constanza Del Monte
por María Constanza Del Monte 22 Septiembre de 2026
22 Septiembre de 2026
El frente principal para la minería de uranio es el saneamiento del Complejo Minero Fabril Sierra Pintada, en San Rafael
El frente principal para la minería de uranio es el saneamiento del Complejo Minero Fabril Sierra Pintada, en San Rafael

La Argentina busca recuperar el autoabastecimiento de uranio y fortalecer su ciclo de combustible nuclear. 

Con ese objetivo, el secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, se reunió con Clement Hill, jefe de la Sección de Combustible Nuclear y Materiales del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). El encuentro sirvió para consolidar la cooperación técnica y repasar los estándares internacionales de la actividad.

La reunión, difundida por los canales oficiales de la Secretaría, dio continuidad a las recomendaciones de la misión de examen que el OIEA hizo en el país en noviembre de 2025. El objetivo del Gobierno nacional es poner a punto las capacidades técnicas, ambientales y normativas necesarias para volver a extraer uranio en el territorio argentino. En esa agenda, Mendoza ocupa el primer lugar: allí está el yacimiento de uranio más grande conocido del país.

El frente principal de esa estrategia es el saneamiento del Complejo Minero Fabril Sierra Pintada, en San Rafael. Según la cartera nuclear, durante el primer semestre se terminaron las tareas de impermeabilización. Ahora avanza la construcción de la planta que completará el tratamiento del agua de cantera. Esas obras son condición previa para una gestión ambiental segura y habilitan el camino para que el país vuelva a producir el insumo que alimenta sus centrales nucleares.

Mendoza, la autoridad de control

La remediación avanza bajo el marco que fijó la Provincia. En 2019, Mendoza otorgó la Declaración de Impacto Ambiental que ordena el proyecto. Los valores que debe alcanzar el agua tratada los establece el Departamento General de Irrigación, y el seguimiento técnico incluye una comisión auditora de la Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria de la Universidad Nacional de Cuyo.

En junio, la ministra de Energía y Ambiente de Mendoza, Jimena Latorre, encabezó una recorrida por el complejo junto a Ramos Napoli, la CNEA y el presidente de Dioxitek, Bruno Oberlis. Recorrieron la cantera histórica, la Planta de Tratamiento de Uranio y las obras de infraestructura. Latorre planteó que el objetivo era revisar el estado de la remediación y sostener el proceso después de años de desfinanciamiento. También reclamó recuperar el ritmo de ejecución previsto en la DIA, que entre 2019 y 2023 se había ralentizado por restricciones presupuestarias y falta de coordinación. Ese reclamo tuvo respuesta en el Presupuesto 2027, que asigna $1.464 millones a la gestión de pasivos y a la adecuación de infraestructura del complejo, contra $403 millones en 2026. La remediación definitiva se espera para 2027.

Qué queda en Sierra Pintada y el costo de no producir

Entre 1975 y 1997, el complejo produjo unas 1.600 toneladas de uranio, alrededor del 20% del recurso estimado en el sitio, según datos oficiales. Desde el cierre, el país compra afuera todo el concentrado que consumen sus tres centrales nucleares. 

La CNEA estima esa importación en unos u$s 100 millones anuales. Atucha I, Atucha II y Embalse suman 1.763 megavatios y en 2025 generaron 10,76 millones de MWh netos, el 7,5% de la demanda eléctrica nacional.

El saneamiento trabaja sobre dos pasivos. El primero es el agua de cantera: lluvia y agua subterránea que se acumuló en los huecos de las canteras y que, en contacto con zonas mineralizadas, cambió su composición. 

Su tratamiento tiene dos etapas. En la primera, la Planta de Tratamiento de Uranio reduce la concentración de ese elemento hasta los valores que exige Irrigación. En la segunda, el agua pasa a la Planta de Tratamiento de Radio y Arsénico, todavía en construcción, que completa la depuración. Para conducir el agua se tendieron 2,6 km de cañerías de polietileno de alta densidad. Las primeras cuatro cisternas se impermeabilizaron con doble membrana y un sistema de captación de fugas.

El segundo pasivo son unos 5.000 tambores con materiales de la antigua actividad minera. Su contenido se lava con agua de cantera y el uranio residual se recupera con columnas de resinas de intercambio iónico. Después, los sólidos se neutralizan con cal.

La misión del OIEA y el mapa del uranio

La misión que repasaron Ramos Napoli y Hill fue una Misión de Examen Integrado del Ciclo de Producción de Uranio (IUPCR). Se hizo del 3 al 13 de noviembre de 2025 en Buenos Aires y Chubut, con visita al distrito uranífero Cerro Solo. Evaluó 16 aspectos del ciclo productivo, desde el marco regulatorio y las salvaguardias hasta la gestión de residuos, el transporte y la exportación. Fue la segunda misión de ese tipo en el mundo, después de la de Uganda en 2024, y la integraron expertos de Brasil, Canadá, Francia y Namibia.

El país tiene recursos identificados por más de 34.000 toneladas de uranio recuperable y una cartera de al menos 21 proyectos. Entre ellos están Ivana, en Río Negro, y los pedimentos de Integra Tierras Raras en la Línea Sur. Pero el camino para volver a producir pasa primero por San Rafael. Con la remediación en marcha bajo control provincial y la revisión internacional sobre la mesa, Mendoza se perfila como el punto de partida para que la Argentina recupere una capacidad postergada desde hace casi 30 años.

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