Los flujos de crudo a través del Estrecho de Ormuz se derrumbaron de 15,9 a 1,5 millones de barriles por día (mbpd) entre febrero y marzo, una caída de 90,5%. Los productos refinados cayeron también: de 3,6 a 0,3 mbpd. El resultado es un déficit global de 14,8 mbpd frente al base-line de febrero, sin antecedente en las series comparables de flujos marítimos de la región.
Arabia Saudita pasó de exportar 6,2 mbpd de crudo por Ormuz en febrero a 0,1 mbpd en marzo. Los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait: cero. Qatar: cero. Solo Irán mantuvo 1,2 mbpd -su nivel habitual bajo sanciones-, lo que indica que prácticamente todo el tráfico que aún transita el estrecho es de origen iraní.
Javier Blas, columnista de Bloomberg Opinion, trazó un panorama de la crisis en Medio Oriente y su impacto en la provisión global de petróleo y gas. Además, el periodista especializado advierte que la demanda de gasolina y diésel es demasiado inelástica para absorber una restricción de oferta de esta escala.

La logística saudita no alcanza
Arabia Saudita tiene una sola herramienta a corto plazo: redirigir exportaciones hacia el Mar Rojo.
Los flujos sauditas por esa ruta treparon de 1,9 mbpd en febrero a 4,3 mbpd en marzo (3,4 mbpd de crudo y 0,9 mbpd de productos), con una proyección de 5,9 mbpd para abril.
El Mar Rojo absorbe una parte del volumen que antes transitaba por el Golfo Pérsico, pero no compensa la escala del colapso. La brecha proyectada para abril sigue en 12,1 mbpd, incluso contando la apertura parcial de la ruta sur para VLCCs y lo que Blas describió en Bloomberg Opinion como “un tratamiento de corredor VIP” para una veintena de buques de bandera pakistaní. Que eso sea el escenario optimista de abril da la medida del problema.

Destrucción de demanda y crisis de oferta
Circula el argumento de que la destrucción de demanda inducida por precios podría reequilibrar el balance. En su columna del 30 de marzo, Blas lo desmonta: gasolina, diésel y bunkering son estructuralmente inelásticos. Los conductores no paran de moverse ni los barcos de navegar porque el barril suba. Jet y nafta petroquímica tienen algo más de margen, pero el problema está en el volumen físico disponible en la refinería, no en el precio.
El Covid es el único referente de escala comparable: la destrucción de demanda llegó a 16,5 mbpd en el pico, más que el déficit actual. Pero duró semanas, con economías cerradas por decreto, y la demanda volvió en meses. El de hoy es un shock de oferta con fecha de inicio conocida y fecha de resolución abierta.
El plazo de abril y la tesis del pánico
Los flujos proyectan que en abril los embarques totales desde Medio Oriente no superarán los 11,8 mbpd, contra los 23,9 mbpd de febrero. Blas ubica en ese mes el momento en que algunos gobiernos empezarán a entender que reabrir el Estrecho no es opcional y que hacerlo exige recursos militares y diplomáticos reales. Ahí empieza el pánico.
Hay precedentes parciales (1973, el Golfo en 1990), pero ninguno en este volumen ni con esta concentración geográfica de la oferta global. Como advirtió Blas días antes en CERAWeek, el mundo no tiene los instrumentos para compensar una interrupción prolongada del Estrecho. Los datos de marzo son la primera confirmación empírica de esa advertencia.